Opinión

Huelga en la UNAN o la defensa de un derecho


— Ramón Eugenio Rodríguez González.* —

A cinco meses de iniciada la huelga estudiantil en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el rechazo al diálogo que busque una solución negociada entre el Consejo Universitario y los estudiantes representados por el Consejo General de Huelga, ha impedido que se ponga fin a la suspención de las clases que hasta el momento ha ocasionado un costo económico y social que asciende a 104 millones de dólares. ;


El 15 de marzo, el Consejo Universitario de la UNAM, actuando de manera insensible y de sumisión al Rector Francisco Barnés de Castro, aprobó unas reformas al Reglamento General de Pago (RGP), que representan la imposición de nuevas cuotas de pago para los estudiantes. Un mes después estalló el conflicto que todavía se mantiene en pie. El detonante de esta lucha prolongada, como tantas otras acaecidas en las demás universidades públicas de América Latina y Nicaragua, es el resultado de la aplicación de políticas neoliberales que violan el derecho a la educación superior; puesto que el financiamiento que los gobiernos brindan anualmente a las universidades estatales es cada vez más raquítico.;


En el caso particular de México, el Gobierno Federal del Presidente Ernesto Zedillo, asigna a la UNAM un presupuesto de 942 millones de dólares anualmente. Pese a los pocos recursos económicos con que cuenta la universidad, en ésta se realizan el 50% de las investigaciones del país y se obtiene el mismo porcentaje de doctorados. México actualmente posee menos de 40 universidades públicas, el mismo número de hace veinte ańos. El país tiene 1500 estudiantes de educación superior por cada 100 mil habitantes, en El Salvador hay 2 mil, en Costa Rica 3 mil y en Canadá 7 mil. Por lo que no es posible, como expresa Diego Valadés, Director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, que con el crecimiento de la población, de las necesidades y de las demandas no se haga crecer también el sistema universitario.;


Ante esta crisis los estudiantes no han tenido otro recurso más que luchar por la defensa de uno de sus derechos fundamentales. Ellos no están solos en su protesta, cuentan con el apoyo incondicional del sindicato de la UNAM, veinte sindicatos del resto del país, el Frente Popular Francisco Villa Independiente (FPFVI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El Consejo General de Huelga de la UNAM ha solicitado que se tome en cuenta su pliego petitorio, que consiste en seis puntos medulares: el rechazo a las cuotas, la derogación de las reformas de 1997 sobre el pase reglamentado y el tiempo de egreso de los estudiantes, cese de la represión a los participantes en el paro, reposición de las clases y trámites por motivo de la huelga y la creación de un espacio de diálogo para la reforma integral de la UNAM. ;


El día 2 de septiembre, la Rectoría y el Consejo Universitario, aprobaron con 99 votos a favor tomar como base la propuesta de ocho profesores eméritos para llegar a un acuerdo que permita solucionar el conflicto actual y levantar la huelga. El Rector Barnés de Castro afirmó que el Consejo Universitario, no admitirá ninguna propuesta de los huelguistas que no sea enviada de manera formal y oficial. Por su parte, los estudiantes reaccionaron contra la aceptación del documento de los maestros eméritos por medio de una declaración publicada en el diario ŤLa Jornadať con fecha del 10 de septiembre, ratificando sus planteamientos originales tales como, la abrogación del reglamento general de pagos y de los cobros extraordinarios, la realización de un congreso universitario democrático y resolutivo de su pliego petitorio. ;


El escritor mexicano Carlos Monsiváis considera que Ťel aporte más significativo de este paro es que fortalece la causa de la educación gratuita que un sector importante de la población siente en peligro. La huelga delata la desesperanza de una generación sin salidas precisas, y describe los abismos sociales que el neoliberalismo potencia.ť Monsiváis también advierte que a pesar de la justa lucha que emprende el Consejo de Huelga, los estudiantes en paro cometen ciertos errores básicos: la idea de que el diálogo significa la rendición incondicional de la otra parte, el menosprecio por la opinión pública, y el dejarse representar por un pequeńo grupo de estudiantes que llevan la conducción de la huelga (la “Ultra”), que aunque sea la parte más vociferante no es el todo del Consejo de Huelga ni muchísimo menos la voz de todos los estudiantes de la UNAM.;


De todo lo anterior es evidente que las autoridades universitarias maniobran para cerrar una salida dialogada a este alargado y paradigmático conflicto, al manipular la propuesta de los profesores eméritos y presentarla como un ultimátum dirigido a los estudiantes, en lugar de mostrar nuevas propuestas y soluciones al conflicto. Esto comprueba una vez más la posición intransigente e intolerante de la Rectoría y el Consejo Universitario; por lo que se prevé que el conflicto no tenga un final pronto.;


*Estudiante de II ańo de Derecho-UCA.