Opinión

Pedro Joaquín: periodista y narrador


— Guillermo Rothschuh Villanueva —

La censura de prensa (Diciembre, 1974) precipitó a que Pedro;
Joaquín Chamorro Cardenal, se convirtiera pronto, en un narrador;
de tiempo completo.;


Impuesto el bozal, su tiempo de escritor oficioso tenía que;
consumirlo en una tarea similar. Casi axiomático, todo buen;
periodista deviene en un gran escritor, o a la inversa,;
innumerables son los casos de escritores que han tenido que hacer;
periodismo. Esta ha sido la regla en Hispanoamérica y en otros;
continentes. García Márquez pasó de redactor a novelista;
consumado, como Vargas Llosa de editorialista a magistral;
novelista.;


Antes, mucho antes, Vallejo lo había hecho y Darío también.;
Hemingway lo hizo en los Estados Unidos y Maulraux en Francia.;
Así como Luis Alberto Cabrales y Pablo Antonio Cuadra en;
Nicaragua lo hacen también.;


Con tales antecedentes, no debe extrańarnos que Pedro Joaquín;
Chamorro haya escrito dos novelas Jesús Marchena (1975), Richter;
7 (1976) y un libro de cuentos, El enigma de las alemanas (1977),;
Premio Literario Día de la Hispanidad, Guatemala 12 de octubre;
de 1977.;


En Pedro Joaquín hubo una variante. En su caso primeramente se;
dio el novelista y hasta después el cuentistas invirtiendo;
substancialmente el proceso a través del cual han surgido en la;
narrativa nacional e internacional, la casi totalidad de los;
escritores.;


Charles Chaplin apunta en sus memorias, que se convirtió en;
comediante casi por accidente, así la accidentada política;
nacional convirtió a Pedro Joaquín en nuestro novelista;
contemporáneo.;


Escritor comprometido, ante la situación impuesta tenía que;
buscar otros cauces, nuevos instrumentos para proseguir la línea;
que firmemente se había trazado en el campo del periodismo. La;
temática siguió siendo la misma. El mismo contenido vertido en;
una nueva forma literaria, más rica e igualmente expresiva.;


En Jesús Marchena recoge el habla nicaragüense. Incorpora nuestro;
auténtico lenguaje --formas y expresiones-- para demostrarnos lo;
auténticamente nicaragüense que era, en contraposición a la;
figura del presidente Anastasio Somoza Debayle. ¿Isn't it?;


En Richter 7 el novelista comienza a mostrarse plenamente,;
haciendo acopio de mayores recursos estilísticos. Su lectura a;
veces me recuerda La muerte de Artemio Cruz (1962) del chingado;
Fuentes o la oculta transparencia de Rulfo, en Pedro Páramo;
(1955). El monólogo interior, el uso del tiempo, las;
interpolaciones, son manejados con seguridad y maestría. Fiel a;
su motivación de escritor, el trasfondo de la novela sigue siendo;
la tragedia de los nicaragüenses: más la social que la telúrica.;


Su nuevo trajinar lo llevó a alcanzar un sitial honroso dentro;
de la literatura nacional. Una de las primeras valoraciones de;
su obra así lo testimonia. A juicio de Jorge Eduardo Arellano,;
nuestro mejor investigador literario, Pedro Joaquín Chamorro;
logró con Jesús Marchena y Ricther 7, "convertirse en el más;
importante novelista nicaragüense de los últimos ańos" (Panorama;
de la literatura nicaragüense, tercera edición, resumida y;
aumentada, 1977. La novela y sus etapas, pág. 117).;


El libro de cuentos, El enigma de las alemanas, como las otras;
dos novelas, pudimos leerlo antes de que lo enviara al concurso;
en Guatemala y ya galardonado fuera remitido a la imprenta para;
su publicación. Juntamente con mi padre y mi hermano Jorge;
Eliécer, coincidimos desde entonces en predecir que El enigma de;
las alemanas, tenía garantizado un futuro en la literatura;
nacional. Posee todos los atributos que lo convierten en una;
pieza antologizable.;


Con El enigma... Pedro Joaquín ratifica su vocación y su carácter;
de escritor. Hiperbólico y mordaz, revela una pronta asimilación;
del estilo Garciamarquiano, es decir, del mejor narrador de habla;
hispana. Esto es así, porque en todo escritor se siente la;
presencia, muestra las huellas, el magisterio de un gran;
preceptor. Si no veámoslo. García Márquez, en El otońo del;
Patriarca, (1975), trasuda la influencia del paisano inevitable,;
el nicaragüense don Rubén Darío. ¿No es verdad Sergio?