Opinión

La Iglesia, el poder y los medios


— Carlos F. Chamorro —

En las últimas semanas, he escuchado voces calificadas que con;
extrema cautela comparten una inquietud sobre la especial;
relación que ha entablado la Conferencia Episcopal con el;
gobierno liberal. Los comentarios no provienen de los;
"sospechosos habituales" ligados al sandinismo, sino, más ;
bien, de personas ajenas a ese sector político e incluso;
antisandinistas. Es decir, se trata de líderes de opinión que;
básicamente comparten los postulados de los Obispos, pero les;
preocupa el dańo que podría estarle acarreando a la;
institución religiosa su acercamiento acrítico con el poder. ;


El término más utilizado para describir este nuevo fenómeno es;
que los Obispos han sido "demasiado complacientes" ante el;
gobierno liberal, contrastando con un patrón --gradual al;
principio, pero eventualmente implacable--, de crítica;
acérrima al ejercicio del poder durante los últimos tres;
gobiernos. Algunos van más allá y advierten que existe una;
tendencia hacia cierta afinidad política entre sectores de la;
Iglesia y la cúpula gobernante. Y como sustento de esta;
afirmación aluden a una serie de ventajas que la Iglesia;
estaría obteniendo de sus relaciones con el estado, sin;
embargo, aún no ofrecen evidencias concluyentes que soporten;
esta teoría.;


Las relaciones entre la Iglesia Católica y el gobierno liberal;
abarcan un vasto campo de cooperación que va desde la;
Universidad Católica (UNICA), hasta COPROSA, pasando por la;
administración de la ayuda externa durante la emergencia del;
huracán Mitch, y sobre todo la creciente influencia de la ;
Iglesia en las políticas públicas de población, familia, salud;
y educación. En cualquier caso, se trata de un tema tan;
controversial como irrenunciable para la investigación;
periodística, pero que trasciende los alcances de esta;
columna. ;


Mi interés en estas líneas es analizar la posición que han;
expresado los Obispos en torno a un punto específico: el rol;
fiscalizador de los medios de comunicación, sobre el cual se;
han pronunciado con abundancia. Primero fue la Carta Pastoral,;
luego las declaraciones del cardenal Obando y Bravo apelando a;
los medios de comunicación a ejercer la crítica hacia los;
funcionarios públicos "con un deseo constructivo, sin sana,;
sin odio, sin pasión", y ahora el llamado del vicario Eddy;
Montenegro, en el pomposo acto oficial por el ingreso de;
Nicaragua a la HIPC, a deponer la "envidia" por los logros del;
país. Así se ha ido conformando una posición sistemática de la;
iglesia, que amerita una reflexión desde la acera de la;
prensa. ;


Resulta paradójico que mientras en otros países;
latinoamericanos se está luchando por desmontar las llamadas;
leyes sobre el vilipendio, que establecen una especie de fuero;
especial para proteger a los funcionarios públicos de las;
críticas de la prensa, la tendencia aquí, si nos regimos por;
la posición de la institución más influyente en nuestra;
sociedad civil, apunta a restringir el poder de la prensa ante;
el poder público. Mientras en otros países se contempla;
aplicar en jurisprudencia la llamada doctrina de la "malicia;
real", según la cual la prensa no calumnia ni injuria al;
criticar a los funcionarios públicos, incluso cuando comete;
inexactitudes factuales, puesto que se presume que su función;
es fiscalizar al poder público, y sólo se contempla la falta;
cuando se prueba que ha existido una intención deliberada de;
mentir, aquí, de la manera más campante, se nos quiere imponer;
la doctrina de la "envidia". ;


Según esta teoría, originalmente elaborada por el Presidente;
de la República, todas las críticas a su gestión de gobierno;
se originan en la malsana y enfermiza actitud de los;
periodistas que no pueden tolerar sus éxitos personales y los;
de su gobierno; o bien en los enquistamientos oligárquicos que;
se oponen al progreso de la clase media y la igualdad de;
oportunidades que supuestamente promueve el gobernante. La;
doctrina oficial ha sido repetida hasta la saciedad por el;
mandatario en un afán de descalificar y silenciar a medios de;
comunicación que, en ausencia de otras instituciones;
democráticas eficaces, se están convirtiendo en el único;
espacio coherente de crítica y fiscalización a su gestión. ;
Conociendo la trayectoria autoritaria de Alemán y su tendencia;
a personalizar la cosa pública en él y su familia, no;
sorprende que el mandatario haya recurrido a esta ocurrente;
doctrina para intentar desembarazarse de la fiscalización de;
la prensa. Lo verdaderamente insólito es cómo esta doctrina,;
que más bien constituye una burda coartada, ha sido bendecida;
y asumida como propia por los Obispos. Los párrafos que;
citaré a continuación han sido extraídos de la Carta Pastoral;
del quince de agosto: ;


."La amargura y el deseo que todo vaya mal o de que sucedan;
desgracias, parece estar en el fondo de algunos artículos,;
publicaciones e, incluso, editoriales de algún medio de;
comunicación escrito, televisado o radiado. Esto puede ser el;
fruto de la envidia por el éxito ajeno o del egoísmo que;
pretende destruir al adversario político, para beneficiarse;
construyendo sobre el fracaso ajeno el éxito propio". ;


."Y si a este sentimiento negativo en el plano económico se;
agrega el interés económico, entonces puede surgir el odio, el;
odio que ciega y que convierte a la persona ambiciosa en;
"tonto útil" al servicio de causas destructoras y de personas;
astutas en la maldad". ;


Es tal la coincidencia entre el discurso oficial y el discurso;
religioso, que los asesores en comunicación del Presidente;
deben estar más que complacidos con un texto de tanta;
elocuencia, esta vez no salido de boca del Presidente sino;
provisto de la autoridad moral y resonancia social de una;
Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal. Me pregunto, ¿qué;
ocurriría si el gobierno decide utilizar ese texto en sus;
campańas publicitarias oficiales, para "poner en su lugar" a;
los medios? ¿Estaría incurriendo en una manipulación del;
mensaje religioso, o toleraría la Iglesia ese proceder como en;
otras ocasiones ha permitido la reproducción de telegramas de;
Obispos que ponen en duda la existencia de actos de corrupción;
en el gobierno liberal? Sólo el tiempo dirá si la confusión;
entre el discurso oficial y el religioso es un asunto;
circunstancial, o un rasgo permanente que podría afectar la;
reserva de credibilidad de la institución religiosa. Mientras;
tanto, los sectores democráticos de la sociedad civil están;
obligados a ofrecerle a los medios de comunicación un firme;
respaldo ciudadano para impedir que se legitime la doctrina de;
la "envidia". ;


Ciertamente, los medios necesitan autorregulaciones éticas y;
mejorar sus niveles de profesionalismo. Pero sería un error;
gravísimo desalentar los esfuerzos que están haciendo los;
medios para desentrańar las nuevas y cada vez más sofisticadas;
formas de corrupción pública, aún con todos los errores y;
excesos que se cometen, so pretexto de proteger la honra de;
los funcionarios públicos. Si se quiere contribuir a mejorar;
la calidad de la prensa, entonces hay que apuntar la mira;
hacia otro blanco. Porque el principal problema para que;
florezca una prensa más responsable y comprometida con la;
verdad y la dignidad humana, no tiene nada que ver con la;
"envidia" a la que aluden el gobierno y la iglesia, sino con;
otra clase de impedimentos. ;


Hay impedimentos económicos como el abuso que hace el gobierno;
de la publicidad estatal, para ofrecer premios y castigos a;
medios de comunicación y periodistas. Un procedimiento que;
fomenta el servilismo y la corrupción, como lo ha denunciado;
la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Otro problema de;
índole similar es el secretismo con que se maneja la;
información pública, frente a lo cual ya existe un proyecto;
para legislar sobre el derecho petición. Un tercer tipo de;
obstáculos se ubican en el ámbito privado: anunciantes y;
publicistas que fomentan la confusión entre información y;
avisos comerciales, y empresarios de medios de comunicación;
que no están persuadidos de su obligación de invertir en la;
capacitación profesional de sus periodistas. También existen,;
por supuesto, vicios y limitaciones a nivel individual entre;
los periodistas, pero son mucho mayores las potencialidades;
que están demostrando las nuevas generaciones de reporteros.;
Afortunadamente, nuestro periodismo no está en una etapa de;
crisis como ocurre con otras instituciones democráticas. Más;
bien está en el umbral de su consolidación como una;
institución fiscalizadora autónoma, mientras otras instancias;
del estado están siendo barridas por el pacto bipartidista. ;
Después de la Iglesia, los medios ocupan el segundo lugar de;
credibilidad en nuestra sociedad. No por casualidad se ha;
erigido la doctrina de la "envidia", para frenar la influencia;
creciente de los medios. Por eso la prensa no le puede hacer;
ninguna concesión al poder del gobierno o de la iglesia en;
estos momentos. No importa si por discrepar abiertamente del;
criterio de los obispos, uno se expone al fuego trepidante de;
la inquisición oficial.;


Obispos, uno se expone al fuego trepidante de la inquisición;
oficial.