Opinión

La nueva historia


— Héctor E. Mairena Z. —

Los momentos más dramáticos e importantes que Nicaragua ha vivido en su historia siempre han girado alrededor del conflicto por el poder. Revoluciones, contrarrevoluciones, golpes de Estado, pactos, magnicidios, hechos todos que han gravitado en torno a la posibilidad de lograr, preservar o negar el control del aparato político militar del Estado.;


En el desenvolvimiento de tales episodios predominaron los intereses de grupos por encima de los de las mayorías, y no siempre a pesar de ellas, a veces precisamente con ellas.;


Las consecuencias de esa recurrencia histórica plantean inmensos desafíos a la nación nicaragüense Superar el reiterado subdesarrollado y la precariedad de la institucionalidad, asi como la evidente pobreza, al mismo tiempo de construir y preservar la democracia son los más claros. Y tal vez los más difíciles.;


La Historia registrada al final sólo es un reflejo parcial de los hechos. La vida cotidiana en lo sucesivo y en lo pasado, es mucho más rica y generosa que el resultado final que se conoce como Historia. De allí que la labor de los historiadores sea cada vez más desafiante y apasionante, si ésta se asume en su real magnitud y con verdadera responsabilidad para eludir los errores y afianzar las enseńanzas.;


Es el desafío de identificar entre los hechos lo más cercano a la verdad, diseccionar para encontrar las claves que ayuden a identificar las causas de lo conocido.;


Que la historia la hacen los pueblos siempre suena a discurso acartonado, como el de los personajes del melodrama latimoamericano, pero como éstos, es una afirmación cierta. Otra cosa es que la interpretación que conocemos de los hechos históricos contradiga la manida frase.;


Ciertamente la historia nacional está por vivirse aún - en un sentido figurado, claro- porque hasta ahora acaso se esbozan las bases de lo que será la nación nicaragüense, como un macro colectivo humano, regido por leyes e instituciones y en procura permanente de satisfacer las elementales necesidades del desarrollo. Pero una lectura de nuestra historia y del saldo que arrastramos, nos confirma que eso sólo será posible, negando en un sentido dialéctico lo que hasta ahora hemos sido. precisamente para llegar a ser.;