Opinión

Sólo para oficinistas


— Arnulfo Urrutia M. —

Alguna vez se ha sentado usted frente a su escritorio,;
consciente de la gran cantidad de tareas y compromisos por;
cumplir, pero sin el más mínimo deseo de tomar al toro por los;
cuernos? Se toma una y otra taza de café, echa una ojeada al;
periódico, hace una que otra llamada a los amigos con la;
certeza que después de eso iniciará sus labores. Pero no es;
así. Después ordena una que otra cosa personal; comienza a;
meditar en lo que sería de la vida si no estuviese donde está.;
Revisa el calendario y calcula los días que faltan para el día;
de pago. Reelabora por enésima vez el presupuesto familiar con;
la esperanza de que esta vez, sí, le alcance para dar todos;
los abonos, y a lo mejor hasta le sobre algún dinerito; pero;
qué va! Algo les pasa a estas calculadoras. Nunca le cuadra;
el gasto con los ingresos. Definitivamente algo les pasa! ;


De pronto; la cruda realidad le recuerda que aún no ha;
iniciado sus labores. Al considerar el hecho se dice;
mentalmente: (Al cabo y qué? Si lo que gano no me ajusta; si;
vivimos bajo un gobierno corrupto; si hay gente que sin;
estudiar tanto vive mejor; si mi mujer no me considera y mis;
hijos no me aprecian; si el jefe trabajando menos que yo gana;
un montón de reales. Además; si ya viene el fin del mundo. Si;
todo esto es una pura m...;


Así le transcurren los minutos, y detrás de ellos las horas,;
hasta que al ver el reloj, una palabra de admiración muy;
propia de quien sale de una profunda concentración mental,;
rompe el silencio : (A la puta, cómo pasa el tiempo! Cómo voy;
a poder hacer todo lo que el jefe me pide si el tiempo vuela?;
Qué bárbaros, qué explotadores son en esta empresa! (Quienes;
lo escuchan a su alrededor, le dan la razón aunque no se lo;
manifiesten. A ellos les pasa lo mismo que a usted.;


Llega la hora del almuerzo. En el comedor más cercano a la;
empresa se encuentra con otros colegas. Se saludan, y acto;
seguido se lamentan del calor y de lo duro que está la;
situación. Mientras comen refunfuńan y se quejan de cualquier;
otra cosa. Al finalizar se despiden; usted se acerca a la;
dueńa del comedor, y con un preciso lenguaje de seńas y;
muecas, le indica que mańana le pagará el almuerzo de hoy. ;
Ella suspira de la misma forma que lo hizo ayer cuando usted;
por igual motivo, le hizo las mismas seńas de hoy. ;


El bochorno, la pesadez, la reafirmación colectiva de sus;
colegas en el comedor de que todo esto es una m... le llenan;
de un gran desánimo. La tarde transcurre entre cavilación y;
cavilación. Finalmente, llega la hora de la salida y tal como;
lo hizo por la mańana se vuelve a decir: (Qué barbaridad,;
cómo le pueden pedir a uno que haga tantas cosas en un solo;
día? Es imposible. Ni que uno fuese máquina; no me jod... que;
esperen para mańana... ;


Alguna vez ha vivido días como ese? Tengo un amigo, que;
insatisfecho por tener días así; decidió morir por las noches,;
pero renacer cada mańana. Un día de tantos, logró al fin;
encontrase consigo mismo.