Opinión

El mito terrorífico del infierno


— Amaru Barahona —

"¿Se han quemado ustedes aunque sea la punta de un dedo? ¿Han;
sentido ese dolor? Si quieren saber lo que es el infierno,;
imagínense ese dolor no en la punta de un dedo, sino en todas;
y cada una de las partes de su cuerpo, y no por un segundo o;
por un minuto, ni siquiera por un ańo o un siglo, sino por;
toda la eternidad?";


En los retiros espirituales del colegio, llamaban "orador;
sagrado" al seńor que metido en una sotana negra, desde una;
tarima, nos apuntaba con el dedo. Gracias a sus artes;
inflamatorias que nos erizaban la piel y nos inundaban el alma;
de angustia.;


Nosotros, nińos y adolescentes, ya entrábamos en la categoría;
de indignos pecadores, candidatos posibles al lugar de llamas;
y tormentos, cuya existencia a menudo me provocaba pesadillas.;
Su contrapartida, el cielo, era presentado como un sitio pleno;
de equilibrios musicales y seres etéreos, pero a mí me parecía;
bastante soso y nunca compitió con el impacto que me generó el;
imaginario del infierno. ;


Afortunadamente, hace bastantes ańos dejé de creer en la;
realidad de ese paraje demoníaco. Más difícil me ha resultado,;
sí, superar la cultura de culpabilidad y la ética de castigo y;
premio que se le derivan, porque éstas penetraron en el nivel;
de mi subconsciencia.;


Me ha costado mucho llegar a analizar mis actos sin el sesgo;
de la indignidad del pecado, y construirme una ética;
autocentrada, que responde, más que al estímulo de un castigo;
y un premio, al placer de dar y recibir, y a la dicha de amar;
y ser amado. Como diría Bertolt Brecht, como de nińo y;
adolescente me enseńaron a caminar con muletas, aunque ya no;
las uso, cuando veo palos no puedo dejar de cojear un poco. ;


Sucede que era un cuento.;


Como si nada hubiese acaecido durante más de un milenio, hoy;
el Papa Woytila nos dice que lo del infierno como lugar no era;
más que un cuento para aterrorizar a los bobos. ;


Ante semejante desparpajo, no puedo dejar de sentir que;
durante ańos, su Iglesia me estafó espiritualmente, que;
manipuló mi mente y mis emociones, y que me ha costado una;
vida superar ese trauma.;


No pienso sólo en mí. Pienso en los humanos que como yo, en;
este y en los siglos precedentes, tomaron en serio esa;
historia de horror, y transcurrieron atemorizados, el tiempo;
que les fue concedido en la tierra.;


A la larga lista acumulada, la Iglesia debe agregar una razón;
más para pedir perdón: durante siglos ha practicado el;
terrorismo espiritual contra la humanidad.