Opinión

Ahora que nos están quitando nuestra cultura


— Julio César Sandoval —

Mi abuelito nunca se murió. Nunca! Bajo el mamón del patio;
cargado de uvas verdes, sentado, como siempre, en su butaco roto,;
mi abuelito veía soles, veía lunas y veía nietos. Llegados de la;
escuela y después de los mandados, los chavalos todos le hacíamos;
el coro sentados en el suelo y él le daba a su vieja sinfonía de;
los recuerdos.;


"Si tenés bastón pomo de plata, abuelitó, ¿por qué usás ese;
palo?" El reía con sus alvéolos sin dientes y sus ojos alegres.;


"Ustedes nunca oyeron de la Carreta Nagua y el pobre carretero;
de la Muerte". Todos guardábamos silencio y él se soltaba en las;
más curiosas leyendas nacionales. ĄQué de cuentos! ĄLas Mil y Una;
Noches de cosas nacionales! Es que mi abuelo había leído mucho.;
Tenía libros viejos que ya no leía por su cansancio présbite.;
Pero sabía cosas ciertas e inventadas. Contaba de la guerra. El;
era chamorrista y se vanagloriaba de que una vez El Cadejo lo;
llevó de vaqueano. Tenía un dedo menos perdido en un encuentro.;
Los nińos lo abrazábamos, lo besábamos... y sus ojitos léperos;
se le llenaban de agua.;


Abuelito era malo. Ahí mismo, en el patio, y en su mismo butaco,;
mi abuela le prendía una fogata, hermosa como un faro, para que;
los muchachos rodeásemos al viejo que nos electrizaba con sus;
cuentos de muertos. Nos apretujábamos todos hasta sacar manteca;
y dábamos un salto pavorido al caer de una hoja. Gozaba mi;
abuelito con sus bromas. Ofrecía un centavo al que en la;
obscuridad le trajese una hoja de la salvia que estaba junto al;
bańo. Nunca nadie ganó el centavo.;


Esta noche... éste era un abuelito diferente. Hablaba suave y;
pausado, y no nos contó cuentos. Nos dijo: "Si alguna vez me;
muero, búsquenme siempre sentado en mi butaco. Y no olviden que;
siempre les he dicho que hay que amar a la tierra. La tierra lo;
da todo, la tierra se llama Patria. Y el muchacho que hace sus;
juguetes, el que usa las cosas que aquí se hacen, ese es hombre;
completo".;


Esa noche nos habló de las aguas, de las frutas, los ídolos de;
piedra que fueron nuestros dioses; los capotes ahulados y las;
cueras. Supimos que las culebras eran buenas, que matar a los;
sapos es pecado y que los pájaros en las jaulas son como los;
presos. Se quedó un rato mirando el molendero. "Lo hice yo, nos;
dijo como con un torozón en la garganta, y le hice el tinajero,;
el jicarero; le labré los guacales y las jícaras, le hice los;
taburetes y la hamaca".;


Al oído me dijo mi hermanito: "Está llorando!" y yo le di un;
codazo.;


;
Tras una pausa larga habló el abuelo: "Los hombres... antes;
éramos hombres. Las cosas de la casa las hacíamos con nuestras;
propias manos. La Juana sabe que a mis hijos yo los hice. Ahora;
todo se compra hecho en el extranjero. Tal vez mańana a los hijos;
los compren en la farmacia".;


Una pausa. "Sí, tal vez mańana los hijos no sean nuestros hijos;
ni sean nicaragüenses. Porque ahora, mis nińos, ahora nos están;
arrancando la cultura y con la cultura, el alma". "ĄEl alma,;
dijo... el alma!!!" Y abrió los brazos entre los que cupimos esa;
noche todos los nietos.;


Nos fuimos a acostar y él se quedó fumando su chilcagre. "Ay que;
se quede, déjenlo, dijo mi abuela. Ay que me llame!";


Ya no llamó esa noche. El puro cayó al suelo y él se quedó;
dormido,... dormido,... está durmiendo!"