Opinión

En memoria de Julio Morales


— Fausto Hernández Alaniz —

Como el pájaro que abandona su nido así es el hombre que se va;
de su lugar, dicen las sagradas escrituras que en el libro de;
Proverbios. Cuando una persona se muere su nido que le ha servido;
de hogar, queda solo, abandonado, sin calor humano y no sólo su;
hogar, sus parientes, sus amigos, su pueblo.;


La muerte violenta del ingeniero Julio Ruiz Morales perpetuada;
en forma atroz, vil y rastrera por sujetos que no han conocido;
a Dios, conmovió a la Perla del Septentrión. Julio se nos fue;
inesperadamente, cuando menos lo esperábamos, su recia juventud,;
su amor al trabajo y a su familia, a sus amigos, a su partido (el;
Conservador de Nicaragua), es algo difícil que Matagalpa puede;
asimilar.;


Julio era una promesa no sólo para Matagalpa sino para toda;
Nicaragua, muchacho joven, Ingeniero Agrónomo, campechano, alegre;
de la vida y el trabajo, dedicado a tiempo completo a la;
caficultura y la ganadería, a su profesión le había rendido culto;
en el altar de Peńas Blancas.;


Yo estuve el privilegio de conocer a Julio, de ser su amigo, nos;
relacionábamos poco por que él vivía más en la montańa, cuando;
bajaba conversábamos de trabajo era alegre, chispeante, le;
gustaban los chiles, oírlos, menos contarlos; no tenía vicios;
conocidos, pareciera que jamás comulgó en el altar del dios Baco,;
que no saboreó sus néctares y si acaso lo hizo fue pasajeramente.;
A como nos saludábamos, nos despedíamos con un hasta luego;
siempre con la sonrisa a flor de labios.;


Hoy que se ha ido para siempre, ya no bajará de la montańa, la;
despedida fue para siempre, se nos fue cuando menos pensaba irse,;
partió sin alistar maletas, así se van los hombres grandes,;
vienen inesperadamente y se van inesperadamente.;


Bendito sean los designios de Dios.;


;
Son querer partir partiendo;


sin querer callar callando;


roto el timón de su vida;


sin prisa y apresurando;


;
La montańa queda oscura ;


la finca queda sin guía;


tu farola ya no alumbra ;


el camino a Peńas Blancas.;


;
Los quetzales están mudos ;


los picarmas ya no cantan;


los zenzontles no aletean;


al saber de tu partida.;


;
Mientras allá en tu tumba ;


un ruiseńor te canta,;


descansa en paz amigo mío;


esperando el regreso del Seńor.