Opinión

La retórica disciplina


— Henry A. Petrie —

He escuchado a dos diputados sandinistas hablar de una actitud disciplinada, respecto a las decisiones del máximo órgano del FSLN, a pesar de haber expresado desacuerdos. Ellos, en su oportunidad manifestaron creer, sentir, pensar diferente a los subterfugios del llamado pacto, diálogo bipartito, acuerdo de gobernabilidad, etc.;


Antes de referirme al asunto de la desgastada disciplina partidaria, me permito referir lo que ha constituido una de las realidades que de pronto se olvida:;
La contemporización —así prefiero llamarle— con el actual partido de gobierno, no fue producto de la discusión de una estrategia política ni social, que a su vez fuese sometida a la consideración de los principales órganos directivos del FSLN, el proceso que ha conllevado la negociación no ha sido transparente ni de cara a sus bases —mucho menos a sus electores—, todo lo contrario, éste empezó con el diálogo de interesados en el crecimiento económico y asentamiento del nuevo capital. ;


La contemporización de los Ortega con el gobierno liberal se ha ido dando sin el criterio del conjunto partidario, a quien se han abocado fundamentalmente para cerrar filas —nuevamente—, alrededor de lo que ellos definen como maniobras inteligentes y pragmáticas para regresar al asiento presidencial.;


La mal entendida y antojadiza disciplina partidaria, con su sesgo dogmático, se ha devaluado por el mismo ejercicio y mal ejemplo de las distintas direcciones sandinistas, quienes siempre han actuado en función del manejo, voluntarismo y espontaneidad sistemática, sustituyendo la actitud consciente por la de servidumbre. No puede haber disciplina consciente cuando los procesos de análisis, discusión y consensos no existen, cuando las decisiones son tomadas en la élite de poder y son refrendadas en el supuesto máximo organismo de representación. ¿A qué consciencia y disciplina se apela, cuando las bases no tienen posibilidad de incidir en los procesos de decisión de su partido? Cuando hablamos de la Nación, todos debemos estar involucrados.;


Siempre se trae a colación el tema de Ťla mayoríať y que a ésta —concepto leninista— se le subordina la minoría. Pero preguntémonos: ¿Qué pasa cuando las decisiones de Ťla mayoríať están reńidas con una conducta ética de fondo? ¿Qué pasa cuando Ťla mayoríať actúa como gran maquinaria trituradora y no da paso libre al razonamiento y distorsiona su conducta por la conveniencia de un grupo-clase al interior del partido? ¿Qué pasa cuando Ťla mayoríať ha perdido calidad en el discernimiento de las ideas y más bien se aferra ciegamente a los símbolos roídos?;


Al respecto de la actitud consciente personal, se ha planteado lo siguiente: ŤEs cada hombre quien, desde dentro de la situación en que, en cada momento de su vida, se encuentre, ha de proyectar y decidir lo que va a hacerť (José Luis L. Aranguren). Esto implica un proceso de reflexión y toma de conciencia que tiene lugar en la individualidad de las personas. La disciplina de los plenamente consciente, a partir de la institución personal que nos hemos dado en principios y valores; eso es lo fundamental.;


La disciplina que se justifica está orientada a la servidumbre y a la sumisión, no así a la conducta regida por la determinación de la voluntad y conciencia de la individualidad humana, base para la forja de una sólida voluntad colectiva.;


No se apela a la disciplina cuando postulados éticos están siendo violentados, ni cuando la condición individual del ser humano está siendo dilapidada. Los colectivos están integrados por individuos que libres y conscientes de su misión en éstos, contraen en común, códigos que comprometen al individuo y al colectivo, cuando estos códigos son transgredidos reiteradamente, no sólo se establece una crisis de confianza, sino también, de autoridad.;


Las direcciones sandinistas han pedido disciplina todo el tiempo, tratando de sustituir con su implantación la necesidad de persuadir, convencer, someter al veredicto de las bases sus tesis estratégicas —si acaso las ha tenido a partir del 1990—. Por lo general, estas direcciones han estado acostumbradas a ejercer su autoridad para plegar adeptos, armar una mayoría —entiéndase aquí una suma simple— leal a las necesidades del Ťjefeť. Si cometemos la osadía de preguntar y debatir con los miembros de la actual dirección sandinista nos daremos cuenta qué tan indocumentados y faltos de argumentos están al justificar el pacto político, del que lógicamente no son sujetos dinámicos.;


Lamentablemente, estamos en un país donde la corrupción ha penetrado hasta los tejidos más domésticos de nuestra organización social y política; muchas veces funcionamos, conscientes o inconscientes, con una mentalidad roída por el interés inmediato y el egoísmo. Por tanto, no me sorprendería que cuando se esté justificando el voto a favor, por una mal concebida disciplina partidaria, se oculten reales intereses de subsistencia en un sistema corrupto, al que se contribuye con actitudes ambiguas, manejos y doble moral.;


En este país comenzaremos a hacer bien las cosas cuando cada quien comience a ser él o ella misma, cuando aprendamos a actuar guiados por nuestra propia conciencia y voluntad, no así supeditados a dictados de mayorías o de poderosos, quienes también, tantas veces, se han equivocado.;


Habremos de preguntarnos: ¿Estamos forjando hombres y mujeres realmente conscientes de sí mismos, plenamente valorados y autónomos, adhiriéndonos a supuestas disciplinas que nos niegan, a punto de parecernos a siervos cuya voluntad pertenece al amo y cuyo deber es obedecer impotentemente?;


Para ser consecuente con lo que se dice, se cree y se piensa, hay que actuar en correspondencia, independientemente de las consecuencias que ello traiga. Problema aparte, es que el partido no permita discernir ni manifestarse libremente, a tono con el compromiso supremo: La Nación.;


Managua, 02 de septiembre de 1999.;


*Petrie@ibw.com.ni;