Opinión

El clientelismo de los políticos notables


— Oscar René Vargas —

El clientelismo político de la sociedad nicaragüense se inicia con la politización de la sociedad a partir de las luchas por la independencia de Espańa y con la inserción, casi siempre pasiva y subordinada, de las masas en la conquista del poder político. La débil y lenta introducción del mercado capitalista en Nicaragua favoreció la expansión del clientelismo. La penetración del Estado capitalista, inexistente y discriminatoria para la mayoría de los sectores populares, produjo una burocracia parasitaria y élites locales que se hicieron dependientes de los recursos públicos del poder central. Las competiciones electorales, empezando por el sufragio limitado hasta llegar al sufragio universal, se convirtieron en el mayor campo de despliegue de la estrategia clientelar.;


La clase política tradicional, desde los consejeros municipales hasta los diputados, consistía en notables que cambiaban su postura según la ocasión frente al gobierno central, cumpliendo el papel de intermediario directos entre éste y los individuos y grupos de su territorio. Las primeras inversiones estatales en obras públicas, a partir de 1870, favorecieron las primeras formas de clientelismo político, anticipando el modelo que se desarrolló por completo en la época de la dictadura somocista y renovado en el actual gobierno liberal. El familismo y la parentela, el individualismo y el particularismo, rasgos básicos de la cultura política nicaragüense, no sólo pervivieron, sino que empezaron a encontrar una compleja y orgánica expresión de cultura política en el clientelismo.;


El actual clientelismo político de los notables conserva muchos de los rasgos del clientelismo tradicional de principios del Siglo XIX. El político local es el eje de distribución de favores, actúan como gozne de lo que se ha definido como el Ťsistema de poderť. El jefe o patrono es un individuo que cuenta con recursos propios, casi siempre el recurso básico sigue siendo la tierra, o tal vez es sólo la mezcla de prestigio e influencia. Los clientes, cuya mayoría sigue siendo los sectores populares empobrecidos, tienen necesidades materiales que intercambian con el apoyo político, pero junto a sumisión siguen manteniendo gratitud. Los elementos afectivos y personales siguen jugando un papel importante en la relación clientelar.;


Los políticos notables ocupan cargos para distribuir recursos a los clientes, pero necesitan del voto de sus clientes para conquistar los cargos. Los líderes políticos locales tienen el poder exclusivo de la situación local, pero necesitan del apoyo de los líderes nacionales: sólo el contacto con el centro les garantiza el control de las ramas locales. Las licencias comerciales, los permisos, el acceso al crédito, las informaciones y, por último, las promesas que alimentan la esperanza: todo esto es el contenido ofrecido por el político notable sin buscar financiación. Por otro lado, el gobierno central le permite a los políticos locales influir en el manejo de los recursos económicos del Estado, que utilizan para asegurarse el consenso con métodos clientelares.;


Los políticos notables, a nivel municipal o regional, que gozan de cierta autonomía en la gestión del poder local, son los únicos que tienen las puertas abiertas en las relaciones con el poder central. A ese poder central le garantizan el consenso y, cuando es necesario, el apoyo electoral. Frente a las condiciones de fuertes desigualdades y disgregación social, de ineficiencia de la administración pública y de ausencia de garantías sociales objetivas, los políticos notables distribuyen recursos públicos y favores a cambio de apoyo electoral; es decir, utilizan patrimonialmente las instituciones para fines particulares.;


En la perspectiva del análisis político, el clientelismo practicado por los notables se convierte, pues, en una forma de sistema de gobierno, es decir en una manera de gestionar el poder y una forma de organizar el consenso. Se trata de un comportamiento y una estrategia que, manteniendo los elementos personales de reciprocidad, dependencia y verticalidad, afecta a la mayor parte del proceso político, como la articulación de las demandas, la comunicación de los flujos de recursos desde el centro a la periferia.;


Esta función de regulación de los recursos determina qué modelo de comportamiento, qué relaciones entre elegidos y electores y qué principios reguladores respetados por todos forman parte de un conjunto de hábitos socialmente compartidos. Este conjunto tiene tradición y forja una mentalidad, es decir constituye una cultura. El clientelismo político es parte de la cultura política nicaragüense.;


Es cierto que el clientelismo produce consenso, entendido como apoyo concedido a una élite política; pero no produce legitimidad, entendida como adhesión ideal al régimen político. El aspecto consensual del clientelismo se da cuando desde el poder se distribuyen los cargos públicos existentes para sus partidarios, se utilizan los fondos públicos para favorecer a sus clientes y distribuyen favores a los Ťempresarios amigosť. Por eso es normal ver en las encuestas de opinión pública que las instituciones están escasamente legitimadas y que no se respetan a las disposiciones judiciales. El clientelismo impide entonces la maduración de una conciencia política crítica y de formas colectivas de solidaridad. Sacrifica formas concretas y verdaderas de participación. Con sus criterios de funcionamiento no universalistas y no racionales discrimina el acceso a los recursos y mantiene los privilegios de los grupos más poderosos.;


Los políticos notables utilizan los recursos para captar clientes, para redistruirlos con criterios discriminatorios y para favorecer las carreras de funcionarios fieles. Se construyen edificios escolares en zonas donde la población disminuyen y que terminan siendo bodegas, carreteras donde no hay tráfico, alumbrado público con despilfarro evidente, etcétera. Todos éstos parecen gastos para el interés colectivo, pero sirven en realidad para ganar apoyo electoral o para favorecer a empresarios Ťamigosť o para facilitarle el acceso a Ťlos de arribať. El enlace entre bienes públicos e intereses privados, favorecido por el clientelismo político, ha abierto a la larga la puerta a la corrupción gubernamental.;


* Oscar-René Vargas. Sociólogo, economista y analista político. Su último libro es: El Síndrome de Pedrarias. La cultura política en Nicaragua (julio 1999).;