Opinión

Las dos lecturas del pacto


— José León Talavera —

Ha sido común en los últimos días para quienes damos seguimiento o participamos de la política, escuchar o leer las dos interpretaciones sobre el PACTO consumado entre el Partido Liberal en el poder, y el FSLN como principal partido de oposición.;


Lamentablemente el seguimiento del PACTO POLITICO-ECONOMICO no constituye el tema principal de la mayoría de los nicaragüenses, cuya preocupación principal sigue siendo la obtención de un empleo permanente, recibir la remesa familiar del pariente en el exterior, informarse de las nuevas alzas del transporte, energía, agua , el pan; o cómo evitar que lo agredan o asalten los delincuentes. Por lo tanto, el Pacto más bien ha concentrado la atención de la sección política de los medios de comunicación, intelectuales, profesionales y ciudadanos vinculados a la clase política nacional.;


Para los protagonistas del Pacto, el tema más bien ha sido asumido con alguna discreción, tal vez asociada a la vergüenza y convicción de estar calcando procesos ya registrados y agotados durante el siglo que termina. ;
Los trillados conceptos de estabilidad, gobernabilidad, modernización y representatividad, todo ello para promover el ‘’BIEN COMUN’’, han constituido el escudo para justificar la necesidad de reformar la Ley Electoral y la Constitución Política, instrumentos básicos del sistema democrático que todos debiéramos aspirar a consolidar.;


Una lectura ingenua del proceso recién concluido, induce a considerar que sólo mediante el acuerdo político entre las dos fuerzas que han estado confrontadas en los últimos 20 ańos, SANDINISMO Y ANTISANDINISMO será posible activar la ruta del desarrollo económico de nuestro país, y más de algún ciudadano hastiado de los mensajes permanentes de confrontación, hoy abrigan la esperanza de que estos estilos de gobernar o hacer oposición sean cosas del pasado.;


Los suscriptores del PACTO, los PACTISTAS, recurriendo a mecanismos de amańada lógica elemental justifican desde sus respectivos intereses las razones del acuerdo alcanzado. El Partido Liberal por ejemplo, asumiendo que los votos recibidos en octubre de 1996 los mantiene congelados en la Hielera Sequeira, reclama el control mayoritario de las principales instituciones del Estado, tanto para lo que queda del período para el que recibió el mandato de administrar el país, como para el siguiente período, partiendo del supuesto antojadizo de que su principal caudillo garantizará que el liberalismo continuará siendo la fuerza política mayoritaria per saecula saeculorum. ;


Bajo esa lógica el PLC impuso el derecho a consolidar su mayoría partidaria en la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral y los principales órganos de fiscalización: Contraloría General de la República, Procuraduría de Derechos Humanos, y la Superintendencia de Bancos, entre otros.;


Por su parte el FSLN, entrampado en su crisis de identidad por no haber sido capaz de adecuar ni su liderazgo ni sus estructuras a los nuevos tiempos, optó como ruta más fácil negociar cuotas de poder y asumir los riesgos de constituirse en minoría congelada.;


Un supuesto común entre las dos fuerzas políticas hasta hoy mayoritarias, es considerar, contrario a sus propias experiencias y a otros ejemplos recientes en América Latina, que no existe posibilidad electoral para nadie que no este alineado con en el PLC o el FSLN. En todo caso, y por si las dudas, ambas cúpulas acordaron establecer todos los obstáculos y zancadillas imaginables, diz que desde un “Estado de derecho” para quienes osen desafiar el modelo bipartidista que también han concebido como escudo a sus privilegios. ;


Sin dudas entonces, más que dos ganadores frente a una mayoría silenciosa, frustrada o indiferente, nuevamente la nación entera se expone a repetir los ciclos volátiles de profundización de sus conflictos políticos, económicos y sociales que han terminado hastiando a nacionales y extranjeros.;


Lo avanzado a partir de 1990, sobre todo en expectativas porque la realidad continuaba siendo frágil, de nuevo ingresa en la curva descendente. Las tendencias de partidarización de los principales poderes del Estado con la visión hegemónica del PLC, y con un FSLN que le satisface una cuota minoritaria de poder, sólo augura tiempos complejos preńados de instituciones carentes de legitimidad.;


Sobre la precaria institucionalidad y eficiencia alcanzada durante los últimos ańos en la Contraloría General de la República, se nos impone como alternativa la colegiación partidaria que congele la fiscalización mutua y se convierta en un club prebendario de recíprocas complacencias.;


Frente a los riesgos de liderazgos emergentes a los partidos hasta hoy mayoritarios en la ciudad capital, se ha preferido despedazar el sistema de administración municipal, con impredecibles consecuencias para los más de un millón de capitalinos que hoy conforman la población de Managua.;


Es frente a este sombrío y amenazante panorama, que hoy se impone el debate y la toma de decisiones para aglutinar el mayor número de liderazgos y propuestas de ese modelo democrático casi idílico, pero imprescindible, de una Nicaragua sin exclusiones, en un sistema de equilibrios que sin excluir a sandinistas y liberales, permita cortar de raíz los hegemonismos de dos partidos y dos caudillos, hoy ajustado al no muy ortodoxo sistema autoritario bicéfalo.;


No se le ocurra al destino que Nicaragua ingrese al siglo XXI con un Daniel Ortega de Presidente de Nicaragua, y un Arnoldo Alemán como Presidente de la Asamblea Nacional, en un vaivén de contradicciones institucionales, o amarrando todo debajo de la mesa según sus conveniencias de cúpulas. ĄDios nos guarde y proteja de semejante desgracia!;