Opinión

El pacto consumado


— Francisco Bravo Lacayo —

La Asamblea Sandinista puso la tapa al pomo en lo referente al controversial Pacto entre el PLC y el FSLN.;


La férrea disciplina impuesta por el Comandante Daniel Ortega sobre una mayoría de delegados que, o hacen poco uso de la razón o esperan lograr alguna prebenda, se impuso fácilmente sobre una minoría, por cierto raquítica, sumamente débil e incapaz de enfrentar con firmeza el liderazgo danielista.;


Para justificar el mal paso se hicieron comparaciones con otras circunstancias como las que llevaron a firmar el acuerdo de Sapoá para terminar con la guerra impuesta por la derecha gringa con sus aliados internos.;


Con la guerra empatada y el país exangüe y exhaustos en aquellos ańos, se impuso la firma de los acuerdos para dedicar todos los esfuerzos a la reconstrucción del país, objetivo malogrado por la política revanchista de los nuevos gobiernos surgidos tras las elecciones y los ESAF’s también impuestos por el Fondo Monetario Internacional, sin olvidar el desastre nacional del Mitch y la galopante corrupción que carcome las estructuras del gobierno.;


Estos pactos se realizan con la oposición de sectores tanto del FSLN como del PLC. Del Frente porque se considera que éste ha entregado la Ťvalijať a los liberales y éstos porque ven disminuidas sus oportunidades de pegarse al presupuesto nacional.;


Lo real es que el perdidoso es el pueblo trabajador cuyos ingentes problemas no aparecen en la agenda de ninguno de los pactistas, preocupados nada más por asegurarse su pitanza durante largos ańos.;


Este nuevo Pacto no se diferencia al de los Generales Somoza-Chamorro ni del firmado entre Somoza y Agüero, porque éste persigue nada más el reparto del poder entre la insurgente burguesía neo-somocista y los neo-capitalistas efeselenistas, entroncados con la burguesía financiera y los restos de las oligarquías tradicionales.;


El discurso danielista afirmando que van a respaldar las luchas populares contra el hambre y la desocupación no es más que una cortina de humo para encubrir la renuncia a los ideales del pueblo encarnado en el sandinismo auténtico.;


De los liberales arnoldistas no hay que decir nada. Ellos son claros en sus objetivos de instalarse en el poder por largo tiempo, siendo la mejor prueba de ello el burdo remedo pinochetista de adjudicarse una diputación muy parecida a la senaduría vitalicia del criminal sureńo.;


El problema es que, confiando en la debilidad y dispersión del movimiento popular, suponen estar vacunados contra las explosiones sociales.;


Pero, a mediano a largo plazo, se van a dar cuenta que están equivocados. No hay que ser pitoniso para advertir esto.;