Opinión

El primer abogado de Monimbó celebra "Bodas de Oro" de su profesión


— Ricardo Trejos Maldonado —

Este dos de octubre un abogado de Masaya, reconocido por su trayectoria, estará cumpliendo 50 ańos de ejercer, profesión, la que, como dice la sabiduría popular, le costó Ťun ojo de la carať.;


Isidra se llamaba la jovencita, una auténtica Diriana, quien con su par de trenzas negrísimas caídas sobre la espalda, y flores de sacuanjoche y resedas encima del rulo enloquecía a los monzalbetes de Monimbó.;


Fue el poeta Augusto, quien bajándole estrellas del cielo la conquistó. De ese amor apasionado nació Enriquito. Ańos después Dońa Isidra se matrimonió con un joven de su barrio procreando varios nińos.;


Llegaron los días amargos con la pobreza, el infante Enrique como hijo mayor le ayudaba a su progenitora en las tareas del hogar y a criar a sus hermanitos. El quería estudiar aunque las condiciones económicas no lo permitía.;


El se empeńó hasta el heroísmo. Y así aprobó primaria, luego vino el bachillerato. Los días y las noches transcurría de la siguiente manera: En la casa de cańa y palma en Monimbó estudiaba bajo la luz y el humo de un quinqué artesanal, candil de mecha, que desprendía un humo infernal. Su mamá, dońa Isidra, se lo llegaba a apagar a las doce de la noche para que no se gastara mucho querosen.;


Lo despertaban a las cuatro de la mańana. Con cántaro al hombro bajaba y subía el empinado desfiladero de la Laguna de Masaya. Cuando realizaba el cuarto viaje ya había acumulado el suficiente volumen de agua que utilizaría su familia para los quehaceres de la casa.;


Con los ojos inflamados y enrojecidos por el estudio, desayunaba cualquier cosa: inmediatamente salía con un balde a vender por el barrio, café negro preparado con dulce de rapadura.;


Por la tarde vendía zacate en manojo para los animales equinos y a las nueve de la noche iba donde sus compańeros pudientes a prestar los libros para estudiar en la noche, los que iba a devolver todas las mańanas. Así se bachilleró el hoy abogado y notario Enrique Alemán Flores.;


Entró a estudiar derecho a la Universidad Central de Managua, después que consiguió un trabajo en el departamento de Carretera, específicamente de guarda herramientas. Fue encarcelado por participar en las manifestaciones memorables de 1944 contra la reelección del Somoza fundador. Cerraron la Universidad y perdió el empleo.;


En 1946 entró a la recién abierta Universidad Libre en Managua. Recién ungido Presidente don Leonardo Argüello, un grupo de estudiantes universitarios lo visitaron, él les prometió la autonomía de la citada Universidad. Argüello duró sólo 27 días en el Gobierno. Adiós puesto de Inspector en el Instituto Ramírez Goyena. Abandonó el cuartito de tabla donde dormía, ubicado en el Mercado San Miguel, Managua. Regresó a Masaya.;


Posteriormente ingresó a la Universidad de Oriente y Mediodía, en Granada. El autor de sus días el profesor y poeta Augusto Florezeta (quien gozaba del aprecio de los superiores salesianos por haber contribuido a la llegada de los mismos a Masaya), le consiguió que diera clase en el Colegio Salesiano de Granada a cambio de la dormida y comida. Viajaba en tren de Masaya a Granada. ;


Los fines de semana, cuando no le alcanzaba dinero regresaba de Granada a Masaya a pie, haciendo la travesía por los contornos de la Laguna de Apoyo.;
Hasta que llegó el día que fue investido. En Monimbó hubo fiesta todo un día y toda una noche. Su padre le contrató una oficina en la calle de San Jerónimo, en el Sajuán de los Huembes.;


El día que abrió, se fue a sentar frente a su escritorio y pensó en varios asuntos, entre ellos, que debía estar claro que sus clientes no iban a ser de las familias pudientes económicamente, sino los pobres, principalmente la gente de Monimbó; recordó los consejos éticos que le subrayaban sus profesores, y se grabó que iba a ser un luchador social, a favor de los pobres; y que esperaba no llegar a ser nunca empleado de nadie, por lo menos en su vida nunca lo solicitaría. Y así comenzó una lucha tenaz durante 50 ańos. Formó un bonito hogar con su Seńora Elba Neira Tercero, de Chinandega, procrearon cinco hijos, los que fueron formados para una ejemplar vida dentro de la dinámica social.;


El, Dr. Enrique Alemán Flores, vino a traerme la tarjeta de invitación para la celebración de sus Bodas de Oro. Oportunidad que tuvimos para recordar hechos nostálgicos, entre ellos el ánimo que me trasmitía cuando guardé prisión en 1970.;


Y que Dońa Isidra Alemán nunca quiso salir del Barrio Monimbó, siempre en su amplia casa de Palma. El día de San Enrique el Dr. Alemán esperaba a sus amigos en casa de su progenitora en patios regados con agua fresca, y gustábamos del Ťbajoť que dońa Isidra hacía con un esmero colosal. Era hasta en horas de la tarde que se concluía las celebraciones de su cumpleańos en su casa, frente al Parque Central de Masaya.;


De repente le pregunto: Doctor, recuerda un hecho especial en sus tiempos mozos?.;


Me queda mirando fijamente, luego tira la mirada al piso, se pasa la mano por el cuello, mueve las manos y al fin responde: ¿Acaso tuve juventud? (...) sin embargo se me quedó grabado para la eternidad, dos hechos dolorosos. Un día cualquiera salí a vender manojos de zacate y no vendí ni uno, a eso de las cinco de la tarde estaban marchitos y tuve que lanzarlos al monte, y a paso lento me encaminé a mi casa donde mi mamá y mis hermanitos me esperaban para comprar algo para cenar. (Silencio...) y otro es cuando mi madre me apagaba el candil, ella lo hacía porque nunca pensó que llegaría a ser alguien estudiando...Mi padre (poeta Augusto Flores Zeta) no podía ayudarme mucho económicamente pero lo hacía desde el punto moral. Se puso a pensar, y se levantó de pronto y dijo me marcho, y nos despedimos.;


El Dr. Alemán pasa los setenta ańos, sin embargo aún está enérgico. Fue Magistrado en la década pasada, y el UNO de octubre estará recibiendo diploma de reconocimiento a su labor jurídica en este siglo. En la actualidad es colaborador de El Nuevo Diario.;


El siempre recuerda con satisfacción la fiesta que los habitantes de Monimbó le celebraron el título de abogado en 1949. Fue una gran fiesta, dice, el Dr. Humberto Alvarado, de grata recordación, pronunció el discurso central. El no gastó un centavo...los pobladores pusieron todo. El era el Primer abogado de Monimbó.;