Opinión

El Fantasma


— Julio César Sandoval —

En este mundo todo es bueno y todo es malo según su dosis e intención. ;


El veneno mata o da vida. Hay homicidas que merecen estatuas y homicidas que sufren la pena máxima.;


Pensé en algo de esto cuando vi a un pobre hombre, sucio del alma, ante los periodista agitando en su mano un gran hallazgo: el nombre de un fantasma.;


En Nicaragua el Ejecutivo y la Contraloría están en guerra. Es una guerra declarada... a muerte. El Contralor defiende el erario y el Presidente (y adláteres) defiende su peculio. El pequeńo capital del pueblo decrece y los valores materiales del gremio administrativo se expande. ¿Un virus de doble efecto?;


Esa noche el Padrino se sentía un Pitágoras: ŤEureka!ť gritaba, ŤEureka!ť y en su mano blandía la firma de un fantasma: Ramón Parrales Mayorga. Gasparín, bueno y travieso, estaba trabajando al lado del Contralor.;


El obtuso del millonario James Morales Carazo, desde la presbicie de su cerebro, no pudo percatarse que lo que estaba haciendo era poner en evidencia todas las truculencias de su espionaje hirsuto.;


En el uso de espías el espionaje, como los alcaloides, lo bueno y malo fluctúa. ;


La CIA y la Sureté ganan medallas o se ocultan. Aquí el Padrino estaba ante los ;
periodistas enseńando una cara roja, fea y bicorne.;


Conclusión: en la Contraloría había un sueldo fantasma.;


Los hombres de prensa no se inmutaron. Un fantasma en Nicaragua no es trascendente. El fantasma del hambre, los fantasmas geófagos, el narcojet fantasma. Cosa corriente. Pero este nuevo fantasma no era fantasma. Salido de la chistera como un conejo, tenía nombre y tenía cara... y en su Ťcorre, ve y dileť cobraba un sueldo.;


Cosas que pasan. El espionaje es apasionante. Si las comadres por cada chisme ganaran sueldo, serían ricas. En la Contraloría, una firma aparentemente no sustentada, cobraba sueldo. La camarilla en coro gritó ŤĄAleluya!ť ¿Quién se estaba Ťclavandoť estas 3.000 lapas verdes? ¿A quién condenar a muerte? Se entornaron de gozo los beatíficos ojos del Seńor Presidente y su imaginación fecunda premonizó la figura minúscula del Ing. Jarquín Anaya... enclavado en una cruz de poro-poro, desnudito y sangrante.;


ŤĄPero, ¿y eso por qué?!!ť salta la lógica simple. No hay fantasma donde está el cuerpo vivo. No hay anónimo donde se cita un nombre. No hay apócrifo donde Danilo Lacayo afirma: ŤEse soy yo que no pongo mi nombre porque es labor secreta de espionajeť.;


El sueldo devengado no es discutible y el oportuno y necesario pseudónimo no es un delito. Rubén Darío no era Rubén Darío (era Félix Rubén García); Gabriela Mistral en verdad se llamaba Lucila Godoy Alcayaga; y San Pedro se llamaba Simón, y Juan Pablo II se llama Carol Voytila.;


El fantasma de Jaime Morales Carazo e tutti quanti... sólo era una burbuja. En psicología sabemos que las burbujas son síntomas del abismo. ĄCuidado!;


Ahora sólo queda saber si el Poder Judicial condena, por inmoral (?), la labor de espionaje y si la justicia de Nicaragua nos brinda el precedente de condenar la historia del planeta con las informaciones secretas que se pierden en el tiempo. Si el espionaje está fuera de la ley, hay que desmantelar nuestros servicios secretos nacionales y exigir paladinamente en las Naciones Unidas que derrumben todos los servicios policiales de la Tierra.;


Yo, por mi parte, por cosas como esas, gustoso mandaría a la cárcel a mi suegra, que es Morales y vive en Carazo. Ella asegura que tiene un ahijado no sé si francés o alemán. Yo no le creo.;