Opinión

La cooperativa del capricho


— Edwin Sánchez —

Se oyen rumores de que los transportistas se van al paro. Los primeros ;
perjudicados, por supuesto, son los usuarios. Y si suben la tarifa, maltratan también los bolsillos populares.;


Los transportistas no piensan más que en sus intereses. Y sus intereses no coinciden con los de la mayoría, es decir, los de a pie.;


Los dueńos de estos medios lanzan sus gritos cuando otros quieren, con el derecho que da la libertad de buscar trabajo, gozar también con una licencia de transportista. Los de las cooperativas dicen que ya no hay lugar, pero cuando ellos comenzaron sí hubo lugar.;


También es bueno dejar en claro que muchas cooperativas surgieron después de la derrota electoral del FSLN. Si a ellos se les reconoció como nicaragüenses el derecho a explotar una ruta, porqué a los que hoy, o desde ayer, han querido trabajar en este sector, no se les permite hacerlo.;


No todo el tiempo se puede estar apuntando en la sien de la economía del país con la pistola de un paro. Tampoco se puede obligar por la vía de la presión a los usuarios, a caminar grandes trechos y de no llegar a sus trabajos tan sólo porque al capricho en este país se le haya dado rango de cooperativa.;


Pero gracias a Dios, no todos los transportistas están de acuerdo en inmovilizar a la nación. Al margen de que sea justo o no la petición de un grupo, no se puede tolerar que 4 millones de nicaragüenses dependan de lo que decidan cuatro poderosos transportistas.;


Tampoco estaríamos de acuerdo en que el gobierno aprovechándose de esta situación resuelva asestarle un golpe a los transportistas, distribuyendo licencias como en una pińata a incondicionales del Partido de gobierno. Ni la violencia, ni un paro sostenido por métodos violentos, ni el golpe bajo de otorgar permisos a rojos sin mancha para operar en las rutas establecidas, son la solución del asunto.;


La legión de transportistas cooperados que desde los 90 para acá no ha perdido un solo juego frente al gobierno, con tranques y volándose las trancas, se ufanan de sentar al gobernante de turno y conciliarse con él, pero no con el resto de los de a pie. Sí, los grandes jefes pueden llegar a un arreglo con la administración Alemán, y sin embargo, en las anteriores huelgas, donde se sometió a la población al antojo de los demandantes, los usuarios siguieron padeciendo del mal gobierno de los dirigentes de estos paros.;


El valor autorizado de las tarifas en las rutas urbanas de Managua es de uno cuarenta, y sin embargo exigen uno cincuenta. Cada aumento del pasaje, no obstante no se ha visto en ninguna mejora en el servicio cobrado -no prestado- a la ciudadanía.;


Los transportistas demandantes no consideran a los usuarios sus interlocutores como ellos le exigen al gobierno ese trato. Un honorable ciudadano que paga sus impuestos y va al trabajo, en la parada de bus se convierte apenas en 1.50, ya no en un ser humano.;


No son pocas las personas que han corrido el peligro de perder sus vidas al abordar un bólido en las paradas o bien, cuando los conductores se sienten con el tiempo apretándoles el cuello, no permiten que la gente baje con la debida seguridad, sino que arrancan violentamente, aunque sea una seńora con sus dos nińos.;


El maltrato y la ofensa se ha vuelto común y si un usuario no lleva el pasaje completo, por 25 centavos son capaces de bajarlo, no sin antes haberlo escarnecido. Hoy, sin embargo, este sector de los transportistas apela al pueblo, llama a la ciudadanía a apoyarles.;


Al menos en Managua, hacen falta más unidades de transporte que faciliten un buen servicio a los trabajadores. No es posible que se sigan produciendo los asaltos, y los carteristas se muevan al interior de una atestada ruta de bus con la misma tranquilidad de un diputado en el mezanini de la Asamblea Nacional.;


Tampoco en eso hay una regulación. Los transportistas creen que sus unidades son de hule, y son capaces de tragarse un mercado entero con sus canastos y bateas incluidos. Piensan que los usuarios, por el simple hecho de no usar corbatas, no pueden tener derecho a viajar como seres humanos. ;


Si los del sector transporte con ganas de meterse en otra aventura -y nadie se mete a algo para salir más pobre- primero debieran tratar bien a los usuarios. Pero si no oyen ni estiman a los pasajeros, qué razón les asiste para sentarse de tú a tú con el gobierno. Primero ofrezcan un buen servicio, respeten los derechos humanos de sus pasajeros, y desplieguen sus reclamos. Si algo debe ir al paro en este país es el maltrato a los usuarios.;