Opinión

La corrupción se vuelve norma


— Oscar René Vargas * —

E n un nivel general, corrupción significa abuso de la función o cargo para fines no oficiales. El catálogo de actos corruptos incluye soborno, extorsión, tráfico de influencias, nepotismo, fraude, malversación y mucho más. ;
Aunque tendamos a pensar en la corrupción como un pecado de gobierno, también existe en el sector privado. Corrupción es igual a monopolio más discrecionalidad menos transparencia. Es decir, se hallará corrupción cuando alguien tiene un poder monopólico sobre un bien o un servicio, posee la discrecionalidad para decidir quién lo va a recibir o no y en qué medida, y falta de transparencia en la toma de decisiones o en el manejo del dinero.;


Con el auge de la corrupción como intercambio social, los costos impuestos a la colectividad son morales (malestar, apatía), políticos (cuestionamiento a la democracia y avance de la extrema derecha), económicos (despilfarro de los fondos públicos y desarrollo de las rentas parasitarias) y sociales (desigualdad en los servicios básicos). La corrupción se convierte en un problema real a partir del momento en que abandona el terreno de lo puntual y no organizada para pasar a los mecanismos regulares y organizados de actores desculpabilizados.;


Las diferentes variedades de corrupción no son dańinas por igual. La corrupción que socava las reglas del juego de la democracia -el sistema de justicia, los derechos de propiedad o el sistema crediticio— devasta el desarrollo económico, social y político de una nación. La corrupción proveniente de altos funcionarios que están deseosos de privatizar el monopolio de ENITEL, que produce ganancias extraordinarias, con el fin de extraer una parte de esas ganancias. La corrupción que permite a los contaminadores ensuciar los ríos, lagos y lagunas; o a los hospitales extorsionar pacientes cobrando las consultas en violación flagrante a la Constitución Política compromete el medio ambiente y es socialmente corrosiva. En comparación, alguna comisión ilegal por servicios públicos, el soborno de un agente aduanero por un viajero que no quiere pagar impuesto por los bienes que trae a su regreso y/o una corrupción moderada de algún agente de tránsito son menos nocivas.;


Por supuesto, el alcance de la corrupción también importa. El sistema democrático puede aguantar algo de corrupción. Pero cuando la corrupción se convierte en norma, sus efectos son incapacitantes para el desarrollo de la democracia y el combate de la pobreza. La corrupción sistemática es un crimen calculado no pasional. Cuando el soborno es grande, la probabilidad de que lo atrapen pequeńa y el castigo exiguo, muchos funcionarios participarán en la danza de la corrupción. Es preciso aumentar las sanciones negativas por actos corruptos. Un buen primer paso sería Ťfreírť unos cuantos peces gordos que en estos momentos parece que se le escapan a las redes del sistema de justicia. ;
Casos de abusos y corrupción muy divulgados en los medios de comunicación terminan en absoluciones. El gran público percibe la impunidad que reina.;


La solución comienza con la mejoría de las reglas del sistema democrático. Es menester delimitar la discrecionalidad oficial. Es menester mejorar la transparencia. Hay que aumentar la probabilidad de que se atrape a los corruptos y los castigos por corrupción, para el que da y para el que percibe, tienen que ser mayores. Las leyes y los controles resltan insuficientes si no existe un sistema democrático que permita implementarlos. La información es crucial para combatir la corrupción, y aquí la sociedad civil y los funcionarios honestos deben de participar para que ayuden a dar a conocer los actos de corrupción. En situaciones donde la corrupción se ha extendido y generalizado, la gente no cree ni en las más refinadas promesas de los políticos y/o jefes de gobierno. Cuando existe una cultura de impunidad, la única manera de romperla es condenando y castigando unos cuantos corruptos importantes. Hay que buscar cómo Ťpescar un pez gordoť de la corrupción para estimular la esperanza de Ťlos de abajoť de que es posible limitar la corrupción y extirpar la impunidad.;


Una campańa exitosa contra la corrupción tiene que contemplar la participación activa de la gente, es el peso de opinión pública lo que determina, en última instancia, si un acto es o no corrupto. Al igual que en las mejores jornadas campańas de salud pública se tiene que hacer énfasis en la prevención y en la participación ciudadana. El despertar moral ciertamente puede producirse, pero no hay que esperar que sea por designio de los políticos tradicionales. La sociedad civil organizada y no organizada nos hemos encogido de hombros durante demasiado tiempo. Sin embargo, podemos denunciar los actos de corrupción y trabajar para mejorar los sistemas que nos lo permita. Podemos participar en comités, participar en marchas y elegir políticos nuevos que prometan luchar contra la corrupción. Luchar contra la corrupción es sólo una parte de un esfuerzo más amplio para recuperar la esperanza.;


* Oscar-René Vargas. Su más reciente libro es: Nicaragua: después del Mitch... ¿qué? (abril 1999).