Opinión

Juzguemos a los EE.UU. por sus hechos, y no por sus palabras


— * Noam Chomsky —

(Extracto);


E xiste un régimen de derecho y de;
orden internacional, basado en la;
Carta de las Naciones Unidas y las posteriores resoluciones y decisiones del Tribunal Internacional. Dicho régimen prohíbe el empleo de amenazas o de la fuerza salvo que el Consejo de Seguridad lo haya autorizado expresamente tras llegar a la conclusión de que los medios pacíficos han fracasado, o en defensa propia contra una Ťagresión armadať (un concepto limitado) hasta que el Consejo de Seguridad actúe.;


Sin embargo, surge un conflicto, por no decir una clara contradicción, entre las normas mundiales consagradas en la Carta de la ONU y los derechos articulados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La Carta prohíbe la violación de la soberanía de un Estado por la fuerza; la Declaración garantiza los derechos de los individuos contra Estados opresores. Ese conflicto es el que da pie a la cuestión de la Ťintervención humanitariať, utilizada para justificar la intervención de Estados Unidos y la OTAN en Kosovo. Jack Goldsmith, de la Facultad de Derecho de Chicago, decía que quienes critican los bombardeos de la OTAN Ťtienen argumentos ;
legales bastante sólidosť, pero que Ťmucha gente piensa que existe por la fuerza de la costumbre y la prácticať.;


Si es cierto que se hace esa excepción, debe hacerse basándose en la Ťbuena feť de los involucrados. Y esa suposición de buena fe no debe depender de la retórica sino de su historial, sobre todo de su adhesión a los principios del derecho internacional, las decisiones del Tribunal Internacional, etcétera. ;


Irán, por ejemplo, se ofreció a intervenir en Bosnia con el fin de evitar matanzas en una época en la que Occidente no estaba dispuesto a hacerlo. Se rechazó y ridiculizó su ofrecimiento. Pero una persona razonable puede plantear varias preguntas. ¿Es acaso el historial iraní de intervención y terror peor que el de Estados Unidos? ¿Cómo debemos valorar la buena fe del único país que ha vetado una resolución del Consejo de Seguridad en la que se exigía a todos los países que obedezcan las leyes internacionales? ¿Y en cuanto a su historia? Mientras estas preguntas no sean prioritarias, cualquier persona honrada tachará las buenas palabras de mera adhesión a la doctrina oficial.;


Antes del inicio de los bombardeos actuales ya se había producido una catástrofe humana en Kosovo, totalmente achacable a las fuerzas militares yugoslavas. Las principales víctimas fueron los albanokosovares.;


En casos semejantes, los observadores externos disponen de tres posibilidades de actuación: 1. Contribuir a la escalada del desastre. 2. No hacer nada. 3. Intentar mitigar la catástrofe.;


Hay varias situaciones contemporáneas que ilustran las tres opciones. Veamos sólo unos ejemplos de dimensiones más o menos parecidas, para averiguar a qué modelo corresponde Kosovo.;


Colombia. En este país, según los cálculos del Departamento de Estado, el volumen anual de asesinatos políticos llevados a cabo por el Gobierno y sus colaboradores paramilitares es parecido al que había en Kosovo antes de los bombardeos, y el número de refugiados que huyen, sobre todo de esas atrocidades, sobrepasa ampliamente el millón de personas. ;


Colombia ha sido el principal beneficiario de las armas y el entrenamiento estadounidenses en el hemisferio occidental a lo largo de los ańos noventa, al mismo tiempo que la violencia iba en aumento, y la ayuda está incrementándose en la actualidad con el pretexto de la Ťguerra contra las drogasť, una excusa que desechan casi todos los observadores de cierta entidad. ;


En este caso, la actuación de Estados Unidos responde a la probabilidad número 1: Contribuir a la escalada de las atrocidades.;


Hay que tener en cuenta que en Colombia justifican sus barbaridades (respaldadas por Estados Unidos) con el argumento de que están defendiendo sus país contra la amenaza de guerrillas terroristas. Lo mismo que hace Yugoslavia.;


Laos. Todos los ańos, millares de personas, sobre todo nińos y campesinos pobres, mueren en la llanura de Jars, al norte de Laos, que en los ańos sesenta y setenta fue objetivo de lo que posiblemente han sido los mayores bombardeos de la historia contra una población civil y, seguramente, los más crueles. Las muertes las produjeron las minibombas, unas diminutas armas antipersonas que son mucho peores que las minas: están diseńadas específicamente para matar y mutilar, y no tienen ningún efecto sobre camiones, edificios ni otros objetos. ;


Se calcula que el número actual de víctimas anuales de las minibombas se sitúa está entre varios centenares y Ťuna cifra anual de 20.000 en toda la naciónť, más de la mitad de ellas con resultado de muerte, según el periodista Barry Wain. Por consiguiente, es posible calcular, sin exageraciones, que el volumen de víctimas de este ańo es aproximadamente comparable a la situación de Kosovo antes de los bombardeos. ;


Ha habido esfuerzos para dar a conocer esta catástrofe e intentar solucionarla. El Grupo Consultivo sobre Minas, con sede en Gran Bretańa, está intentando limpiar los campos de esas armas letales; pero, según la prensa británica, Estados Unidos se niega a prestar a sus especialistas y sus Ťprocedimientos inocuosť que harían su labor Ťmucho más rápida y segurať. (Continuará).;


*Noam Chomsky, es profesor de lingüística en el Massachusetts Institute of Technology.