Opinión

Los policías no son el enemigo


— Guillermo Fernández Ampié * —

P ese a la más reciente víctima, al último mártir de;
la lucha de los universitarios por el 6% que constitucionalmente les corresponde del presupuesto nacional, estoy convencido que el movimiento estudiantil ha escogido mal el blanco de sus protestas, y la expresión misma de esa lucha.;


El enfrentamiento contra los miembros de la Policía Nacional poco garantiza que se transforme la cerrada voluntad gubernamental de cercenar los fondos. En todo caso dejará víctimas por ambos lados, y será esa sangre derramada la que obligará al gobierno a impulsar un remedo de negociación, pero no se puede avanzar cada ańo en esta lucha a costa de ir truncando vidas jóvenes. Después de todo, el pobre policía que está ahí enfrente, con su escudo, con una educación elemental mínima, ganando un salario que no garantiza lo indispensable para mantener su hogar, no tiene ninguna responsabilidad de la decisión política del gobierno de estructurar el presupuesto nacional de la manera que lo hace. Tampoco puede incidir en la votación de los diputados.;


Por otra parte, no podemos perder de vista el hecho de que la Policía Nacional, aún con el listado de muertos y heridos que engrosan ya su expediente represivo, no se puede comparar a la extinta Guardia Nacional. De existir aún el ejército somocista, el listado de muertos sería de no acabar.;


Esta diferencia pudimos observarla cuando se apedreaban las instalaciones policiales de Plaza El Sol, y un nutrido grupo de policías respondió inicialmente... también tirando piedras! No había mayor diferencia entre ese enfrentamiento y los que protagonizan dos pandillas rivales en cualquier barrio marginal de Managua. Los estudiantes se retiraron hasta que los policías comenzaron a disparar ráfagas al aire. Esto fue lo que observamos en los videos de los telenoticieros.;


Otro ejemplo pudimos verlo en el anterior enfrentamiento policías-estudiantes: Aún con toda la ilegalidad y el descrédito que representa para la Policía Nacional la destrucción de los parlantes de Radio Ya, desde un punto de vista sicológico se puede entender como una reacción lógica, humana, y una expresión del encono y la impotencia de esos policías que no estaban armados (no hablamos de los antimotines), y que tampoco reprimieron como bien pudieron haberlo hecho, llevados por las emociones que predominaban en esos momentos.;


En este sentido, los enfrentamientos estudiantiles con las fuerzas policiales lucen descontextualizados, y reflejan hasta cierta falta de imaginación en la búsqueda de formas de lucha y protesta más audaces, más impactantes y hasta más efectivas. Chocar con los antimotines y lograr como resultado varios lesionados y mayor indignación es lo más fácil.;


No pretendo dar fórmulas, pero ¿por qué no impulsar una lucha, una campańa sostenida, que involucre a toda la sociedad hasta lograr que se respete y garantice definitivamente al menos este precepto constitucional del 6% para las universidades? Porque, al paso que vamos, la lucha por el 6% se convertirá en una materia del pénsum académico por la que deberán pasar los que deseen realizar estudios superiores, y en particular los pobres.;


Sólo quiero ofrecer un punto de reflexión, abrir la posibilidad de enfocar esta lucha con otra perspectiva, disminuir las posibilidades de muertes. Démonos cuenta, de una vez por todas, que en los enfrentamientos entre el estudiantado y la policía nacional, nunca resultan afectados los que tienen la sartén por el mango y la exclusiva responsabilidad de esta ilegalidad que elimina la posibilidad de estudios universitarios a centenares de jóvenes de muy limitados recursos económicos.;


El reto del estudiantado universitario, y en realidad de la sociedad nicaragüense en general, es oponerse y luchar contra el sistema socio-económico que a costa de exclusión, miseria y muertes nos está imponiendo el gobierno liberal, pero no sólo apedreando policías y recibiendo gases lacrimógenos, garrotazos y balas de Ťcauchoť.;


*Periodista.