Opinión

Un huracán demasiado lejos


— Sergio Ramírez —

L os acontecimientos que ocurren hoy en el mundo tienen una vida tan fugaz;
como la que les da el resplandor de las pantallas de televisión, y el huracán Mitch que devastó Nicaragua y Honduras el ańo pasado es uno de ellos. Las imágenes de los cadáveres en los mares de lodo, las familias subidas a los árboles para liberarse de la furia de las corrientes, los puentes destruidos y las carreteras anegadas, han desaparecido para dejar paso al éxodo de Kosovo.;


Son los miles de refugiados que huyen a través de las fronteras hacia Macedonia y Albania, víctimas de una persecución insensata, y cada uno con una historia terrible que contar, los que ahora ocupan los espacios de las noticias. Y ocupan también la atención de los gobiernos de Estados Unidos y Europa, involucrados todos en el nuevo conflicto de Los Balcanes.;


Creo que éste es un elemento primordial a tomar en cuenta para medir los posibles resultados de la Conferencia de Estocolmo, destinada a levantar fondos para la construcción de los países centroamericanos afectados por el huracán. ;
Porque allí estarán sentados en calidad de donantes potenciales los mismos países miembros de la OTAN que bombardean hoy Yugoslavia y se ocupan de los refugiados de Kosovo; una circunstancia que no existía cuando el gobierno de Suecia, con toda buena voluntad, acogió la celebración de la Conferencia.;


Pero no es el único elemento del que dependen los resultados de esa reunión. ;
Mucho tendrán que ver las actitudes de los gobiernos solicitantes, y la congruencia de sus peticiones de recursos. Es decir, de su credibilidad.;


Para empezar, un diplomático europeo me comentaba el otro día que se advierte un marcado cansancio en la comunidad internacional respecto a la actitud, que suele asumir el gobierno de Nicaragua al solicitar ayuda, presentándose más bien con la arrogancia de un acreedor que cobra cuentas atrasadas. Sus altos funcionarios, en lugar de tratar de convencer de las necesidades apremiantes que el país tiene, más bien exigen Ťdinero frescoť frente al asombro de sus contrapartes.;


Y otro amigo, también diplomático, me contaba una anécdota no por curiosa menos chocante: una misión que había llegado a Managua a negociar un paquete de cooperación regresaba a Miami en el mismo avión que viajaba una misión del gobierno de Nicaragua. Los que habían llegado a ayudar iban sentados en la clase turista, y los ministros, con quienes habían negociado la ayuda, en asientos de primera clase.;


Otro vicio malsano es el de las delegaciones numerosas cuando se va a solicitar recursos, en contradicción flagrante con la miseria de los países que representan. No va a ser muy útil en este sentido presentar en Estocolmo delegaciones de treinta o cuarenta personas, y menos si los funcionarios se hacen acompańar por sus familias como si se tratara de un viaje de vacaciones, o de compras. Del otro lado de la mesa encontrarán siempre funcionarios austeros, y muy contados en su número.;


Pero ésta no sería la peor de las incongruencias. Lo más grave es la imagen de que los recursos solicitados no van a tener un destino honesto, porque tantas historias de corrupción galopante van creando una actitud de reserva que sólo puede desembocar en fracaso de las gestiones, si no se aplican desde ahora correctivos radicales. Los actos hostiles en contra del Contralor Agustín Jarquín en Nicaragua, por ejemplo, al grado de negarle la salida del país como en los viejos tiempos, están convenciendo cada vez más a la comunidad internacional de que el Presidente Alemán no está dispuesto a tolerar que nadie vigile la corrección de las acciones de su gobierno.;


Por dicha no todo es negativo. El Washington Post ha traído un reportaje de primera plana sobre el Alcalde de Morolica, Ramón Espinal, que lucha por encontrar ayuda para volver a construir su pequeńo pueblo en las montańas de Honduras arrasado totalmente por el huracán. Y el mismo prestigio de dedicación desinteresada que cubre a Espinal tiene Felícita Zeledón, la Alcaldesa de Posoltega, el municipio del occidente de Nicaragua, donde ocurrió el alud del volcán Casita que sepultó a centenares de familias campesinas.;


Sería más que trágico que las gestiones de recursos para la reconstrucción de estos países, necesitados de todo antes y después del huracán Mitch, colapsen porque alguno de sus gobiernos no tenga el prestigio suficiente para convencer a los donantes de que puede invertir con honestidad los recursos recibidos; o porque no sepa presentar planes de inversión eficaces para hacer frente a las necesidades reales de su país, que es una segunda parte del problema: demostrar que los fondos solicitados servirán para ayudar a transformar la economía, y no para ponerle parches.;


Salir, pues, hoy en día de la agenda de prioridades de los países en capacidad de ayudar, es muy fácil. Lo difícil es mantenerse en ella ahora que el huracán queda demasiado lejos.