Opinión

Carta al Comisionado Montenegro


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Managua, 21 de Abril de 1999.;


Comisionado ;


Franco Montealegre;


Jefe de la Policía Nacional,;


Su Despacho.-;


Comisionado Montealegre:;


A ustedes les está correspondiendo el difícil papel de servir de colchón represivo a las políticas y medidas antipopulares del Gobierno del Presidente Alemán. De hecho están obligados por la constitución a resguardar el orden y deben obediencia al Presidente de la República.;


Lo difícil de su papel radica en que le corresponde mantener en orden sin caer en excesos que puedan llevar a la exacerbación de los ánimos, fácilmente incendiables en las complejas condiciones políticas, económicas y sociales que vive nuestra nación.;


De manera particular la legalidad del papel de la Policía resulta cuestionado por el carácter arbitrario y, en muchas ocasiones ilegal, del Ťordenť que les toca resguardar. Hoy en día a ese Ťordenť se le conoce como corrupción.;


Ustedes pueden seguir alegando que sólo están jugando su papel. Lamentablemente todos en Nicaragua hemos podido constatar por medio de la televisión, con las actitudes represivas de sus oficiales, están además emprendiendo un peligroso camino, que los coloca en el riesgo de llegar a ser corresponsables de un posible incendio social, de incalculables consecuencias. De lo contrario como explica Usted, entre otros hechos similares, que una de sus víctimas del pasado lunes, herido de muerte en el suelo, fuera objeto de las feroces patadas de parte de sus oficiales, además de ser rociado con gases lacrimógenos en su agonía. En Nicaragua tenemos una imagen grabada en la memoria histórica popular: ŤLa genocida Guardia Nacionalť.;


No conozco su caso, —pues no lo recuerdo de la época—, pero sé que en filas de la Policía Nacional y, particularmente entre sus jefes, existen muchos y valiosos cuadros que llegaron a la misma transitando por un camino de lucha que, en la mayoría de los casos, se inició en el Movimiento Estudiantil. Y ellos, mejor que nadie, conocen la poderosa fuerza que son los estudiantes cuando se fijan ideales y metas.;


Ha sido la bandera del 6% para las universidades la que ha servido de detonante para reincorporar al movimiento estudiantil a la lucha social, expresión más amplia de sus intereses ciudadanos. Esta lucha ha llevado a los estudiantes a reflexionar sobre las contradicciones existentes entre lo que dice y lo que hace en realidad el gobierno.;


La lucha les ha llevado a reconocer que no todo lo que se hace a la sombra del poder es necesariamente legal; y que no todo lo que se hace en contra del poder es ilegal. Estos jóvenes no creen ni en izquierdistas arrepentidos —como la actual dirigencia del FSLN—, ni en rojos sin mancha, ni en guardianes del orden como Ustedes.;


Los estudiantes más bien creen en el orden y en los valores que están estudiando y que no ven en la sociedad. Son partidarios del Estado de Derecho, la justicia y del apego a la Ley, pero no de la manipulación ni de su uso ilegítimo. Por eso se rebelan y su rebelión es legítima, lícita y muy existente, de conformidad con la Constitución Política de la República y de la Convención Universal de los Derechos del Hombre.;


Creo que Usted conoce el análisis de la historia y sabe hacia dónde marchan los acontecimientos. Le aconsejo que no sea partícipe de encender una hoguera que después le puede quemar.;


ĄExiste un responsable de las actuales contradicciones socioeconómicas: El Gobierno del Presidente Alemán!;


ĄExisten políticos de rapińa que se alimentan de la sangre de las luchas sociales y que, con discursos Ťrevolucionariosť, desde ya están pretendiendo apropiarse de la justa causa de los estudiantes para sus fines politiqueros oportunistas!;


ĄNicaragua no aguanta más violencia y rechaza a quienes la promueven, aunque se alegue que es para mantener el orden! y, finalmente;


ĄExisten demasiados fusiles en Nicaragua como para correr el riesgo de que la Policía, —mal manejando su Ťautoridadť—, contribuya a la generalización de la violencia, de la que siempre resultan muertos, y vivos que se aprovechan de ella!;


Octavio Caldera Azmitia