Opinión

Los tele-bombardeos de Alemán


— Onofre Guevara L. —

L as víctimas de los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia, ya quisieran a cambio los bombardeos de imágenes y voces que la presidencia deja caer diariamente, y sin piedad, sobre los televidentes nicaragüenses. De eso no hay dudas, pues de la muerte física por aplastamientos al aplastante bombardeo ideológico, hay una diferencia a favor de nicaragüenses: la oportunidad de verle el rostro a su agresor y poder enfrentarlo.;


Pero, por otro lado, tienen los nicas, además de la ventaja de no sufrir muerte súbita por violencia sádica otaneana, sino vivir para ver, en bulo constante, la distorsión alemaneana de los valores. Naturalmente, no es asunto de escoger lo mejor, sino de asumir con naturalidad lo que a cada quien corresponde. La historia de cada nación, es su propio calvario.;


En el nuestro, ya hubo sangre y viacrucis, y ahora el gobierno se apura en que apuremos el vinagre de la corrupción y la hiel de la falsedad. Falsedad que, con la tecnología de la TV, los políticos oficialistas echan sobre los ojos y la conciencia de quienes, fieles o impíos, deben aceptarlo con impotencia ideológica o rechazarlo, al menos, con la potencia de la crítica.;


Con la prodigialidad de quien gasta lo ajeno, el gobierno de Alemán ha desatado una costosa guerra de imágenes y difamaciones en perjuicio de la Contraloría y sus principales funcionarios. Causa única: venganza o revanchismo político. ;
Objetivos: destruirles la honestidad para deslegitimar su labor fiscalizadora, desviar de sí el índice acusador de sus informes y anular cualesquiera otras investigaciones que se puedan sumar a su ya largo expediente diz que presuntamente delictivo.;


Las consecuencias de esta guerra de imágenes, son deducibles: mayor desconfianza hacia los políticos y las instituciones que dirigen. Sin embargo, no es previsible el porcentaje de desconfianza que esta guerra atraerá hacia la institución ofensora y a la institución ofendida, pero no hay sospecha siquiera acerca de que ninguna clase de campańa de descrédito sumará un ápice de honestidad a los deshonestos ni quitará un gramo de honradez a quien la ostenta.;
Entre tanto, cada día, lo presunto se vuelve evidente sobre la corrupción en el gobierno y otras instituciones estatales, el despilfarro de los recursos públicos de parte y para beneficio de los altos funcionarios y la deficitaria política para el desarrollo social —comenzando por el empleo—, no parecen susceptibles de ser cambiadas por ningún tipo de propaganda en pro del gobierno y en contra de sus críticos. Esta es una verdad que, sorpresiva y contradictoriamente, el gobierno reconoció al invitar al contralor a que lo acompańe a Estocolmo, pues si creyera lo que dice su propaganda, ¿quién se haría acompańar de un delincuente? ¿o, por el contrario, no acusa este hecho su propia delincuencia?;


Por lo que fuere, los falsificadores temprana o tardíamente se darán cuenta de que las imágenes y los mensajes sólo pueden estimular la acción del receptor si aquellos se armonizan con la realidad y su ideal de justicia. De otra forma, sólo podrán perturbarlo momentáneamente, sin poder inducirlo a tomar la actitud previamente determinada por el transmisor. Sabrán también que el mensaje podría volverse, como un bumerán, en su contra.;


Y hasta para el menos avispado se hace obvio que la corrupción aparece monda y lironda, por lo que será imposible que los nicaragüenses vayan a darle un voto de confianza al gobierno por el solo hecho de que se disfrace con el ropaje de la honestidad, y se autopromocione por los medios de comunicación. Eso será difícil que suceda, mientras la realidad de los receptores sea circundada por toda clase de vicios y tropelías, de los cuales se revela como el mayor responsable el propagandista.;


Los bombardeos difamatorios de Alemán, no son nada constructivos y constituyen otra fuente de costos económicos que también merecen ser investigados como parte del despilfarro y la corrupción imperante.