Opinión

Enfrentamiento a favor de la burguesía


— Mario Urtecho —

Las luchas populares en Nicaragua siempre terminan en enfrentamientos callejeros. Aquí es más fácil que un sapo eche cola a que un conflicto se resuelva por las buenas. Y es que ante las demandas de la gente los gobernantes se hacen los suecos y solamente le ponen mente hasta que el rancho está ardiendo. Así ha sido siempre, o por lo menos en los últimos cien ańos de historia. Sin importar de quién sea la protesta o las causas que la motivaron, la constante es el bonche, el pleito, la asonada, los gases lacrimógenos, las balas de goma, los morteros, las pedradas. Después se culpa a alguien por los muertos, heridos, golpeados, presos o intoxicados y por los dańos materiales en los campos urbanos de batalla.;


El desmontaje de las conquistas sociales populares por funcionarios del gobierno de Dońa Violeta provocó centenares de protestas. Ante tal situación la Policía Nacional estrenó a sus antimotines. Esta nueva fuerza de choque fue puesta bajo los solazos de Managua ataviados con cascos, máscaras antigases, negros uniformes acorazados, fusiles, escudos, bombas lacrimógenas, balas de goma y amansalocos. Su salida a la calle impresionó a la estimable concurrencia, pero la impresión fue temporal. Después la gente les comenzó a gritar zopilotes, a mentarles la madre y a ponerles charneles a los morteros para equilibrar el pleito. Lo demás es historia conocida.;


Los enfrentamientos más encarnizados de los antimotines han sido con los universitarios. A finales de junio y comienzos de julio del ’98, los estudiantes dejaron sus aulas y se tomaron las calles en demanda del 6%. En las inmediaciones de la Asamblea Nacional y a campo abierto tuvieron uno de sus primeros choques y les salió la venada careta. En retirada obligada, regresaron hasta las cercanías de la UCA y la UNI. Aquí se acuartelaron. Diseńaron su estrategia. Cambiaron sus tácticas. Tomaron posiciones. Levantaron barricadas. ;


Sonaron los tambores y durante ocho días no hubo forma de moverlos. Hubo antimotines heridos y universitarios muertos y amputados. Un desastre, porque los antimotines son tan jóvenes y pobres como la mayoría de los universitarios nicaragüenses.;


Ahora se discute el nuevo presupuesto en la Asamblea Nacional y por igual motivo que el ańo pasado los/las estudiantes regresaron a las calles. Ya hubo enfrentamientos, brutalidad policial, aparatos de sonido destrozados, presos y hasta una mochila cargada de explosivos estalló sobre la espalda de un estudiante en medio de la multitud. Estamos en un laberinto. El autoritarismo de quienes desgobiernan el país enfrenta a los pobres. O acaso usted ha visto a los Ministros o a sus hijos reclamando el 6% para estudiar? Quienes protestan son hijos e hijas de trabajadores, que estudian con la esperanza de construir un futuro diferente para ellos y sus familias. Quienes reprimen también son hijos de obreros, muchos de ellos, estudiantes universitarios. Es la misma gente enfrentada por intereses ajenos.;


En Nicaragua las clases dominantes siempre han echado a pelear al pueblo. Los muertos de las guerras civiles andaban caites o descalzos y no sabían porqué iban a la guerra, menos porqué murieron. La juventud nicaragüense, el universitario o el antimotín, no deben caer en esa trampa histórica. La lucha del 6% es para asegurar la educación de hoy y de mańana, la nuestra y la de nuestros hijos. Por eso la lucha debe continuar, pero sin matarnos entre nosotros. No nos equivoquemos más, porque mientras nos apedreamos en las calles los vivianes siguen enriqueciéndose. El pueblo no debe masacrarse a sí mismo. ;


Abramos bien los ojos... y que no nos usen como pendejos!!!;


Managua, 15 de abril 1999;