Opinión

Los medios y el mercado


— Carlos Fernando Chamorro —

La suspensión del programa de televisión más influyente del país, a consecuencia del escándalo reńido con la ética profesional en que se vio involucrado su director, ha sido una mala noticia para la confianza pública depositada en los medios de comunicación. ;


Mucho se ha comentado sobre las posibles consecuencias políticas y legales de este caso, que forma parte del fuego cruzado entre el Presidente de la República y el Contralor. La grave falta profesional del periodista Danilo Lacayo y la no menos desconcertante falta incurrida por el contralor Agustín Jarquín —que sirvió en bandeja al gobierno un flanco de ataque político en contra de la institución fiscalizadora—han sido objeto de críticas merecidas. ;


Menos atención se ha prestado, sin embargo, a las consecuencias negativas que este suceso podría acarrear para el periodismo nacional, si no se abordan con seriedad las interrogantes que han quedado sobre la mesa.;


La más obvia de todas es: el ilícito contrato Lacayo-Contraloría refleja únicamente un caso individual, o acaso forma parte de una tendencia mayor que a través de diversas modalidades se está manifestando en el periodismo nacional? ;
Otra pregunta, más complicada, es hasta dónde el problema del Ťvenadeoť es de competencia exclusiva de los periodistas, o si también atańe a sus principales contrapartes económicas: propietarios de medios, publicistas, anunciantes privados, y anunciantes del gobierno? ;


Sin duda se trata de un tema espinoso pero ineludible. Mi apreciación, luego de conversar con algunos colegas, es que el expediente ŤRamón Parralesť ha sacado a la superficie un problema mucho más grave de lo que a primera vista los periodistas estamos dispuestos a reconocer. No tengo elementos para juzgar si se trata de la punta de un iceberg o un caso extremo —precisamente eso es lo que hay que determinar— pero hay suficientes evidencias para afirmar que no se trata de un caso único. En los corrillos periodísticos de Managua se comenta con insistencia y preocupación sobre otras situaciones anómalas que han ocurrido o están ocurriendo en las redacciones de medios escritos, radiales y televisivos, pero no existe un foro en que se discuta la envergadura del problema de forma constructiva.;


Hace unos ańos, en cooperación con Guillermo Rothschuh Villanueva, realizamos una investigación sobre ŤLos medios y la políticať. En ella analizamos la tormentosa relación entre política partidista y medios, destacando los renovados esfuerzos a partir de 1990 por impulsar la profesionalización de la prensa como una vía para establecer la autonomía de los medios. La trayectoria de la transición arrojaba entonces avances y retrocesos y muchos planteamientos de dicho análisis aún permanecen vigentes. Pero si hubiera que actualizar este trabajo ahora, habría que agregar un capítulo central sobre los medios y el mercado.;


Y es que aunque la política continúa siendo una fuente privilegiada de conflicto en la evolución de los medios, en los últimos ańos, el mercado, o la falta de un verdadero mercado competitivo, de forma silenciosa se ha convertido en un penetrante factor de descomposición entre ciertos segmentos del periodismo nacional. La precariedad de un mercado pequeńo controlado por unos pocos grupos de anunciantes, entre ellos el gobierno, y unas pocas empresas periodísticas fuertes en cada rama, impone fuertes condicionamientos y formas de dependencia severas, que tienden a atentar contra la independencia periodística. Un sector mayoritario de la prensa ha sobrellevado la presión con dignidad profesional; otros se han visto obligados a dejar la profesión; y también hay quienes han desarrollado sus propios mecanismos de sobrevivencia y hasta un modus vivendi conducente a rentables negocios.;


La adaptación al mercado ha dejado varias víctimas en el camino. Empezando porque la frontera entre información y publicidad, nunca bien delimitada en nuestro país, ha sido doblegada por un pequeńo destructor que se llama el publireportaje. Este recurso para difundir publicidad disfrazada como información surgió alentado por las nuevas empresas privadas e instituciones públicas, deseosas de granjearse una imagen positiva. Con el tiempo se ha convertido en una perniciosa institución y en muchos medios, hoy el público ya no puede distinguir claramente entre noticia y publicidad.;


El condicionamiento de pautas publicitarias a la publicación de noticias favorables a los anunciantes, ciertamente es un fenómeno que existe en todas partes del mundo. En Nicaragua, sin embargo, nuestros empresarios y publicistas actúan con una dosis mayor de primitivismo. Y si se trata de la intervención del factor gubernamental, la situación es peor. El peso de la pautación publicitaria del gobierno —y no me refiero sólo a la presidencia— sigue siendo considerable. El Estado continúa teniendo un manojo de recursos para intervenir discrecionalmente en el mercado de información y publicidad con criterios políticos. Si en algo coinciden todas las entidades estatales, es en que quieren tener una prensa favorable a su disposición.;


Viendo el entorno en que se mueven los medios, cabe preguntarse entonces si el problema se resolvería con la discusión y aplicación de un código de ética de la prensa, o con que los empresarios pagaran mejores sueldos a los reporteros? Ambas son medidas necesarias pero no suficientes. Porque para enfrentar el mal de raíz, se requiere una regulación ética no solamente para los periodistas, sino también para propietarios de medios, anunciantes privados, publicistas y representantes del gobierno. ;


Quizás algunos de los aludidos no se consideran parte del problema, pero este es el momento oportuno para volver sobre esta vieja reivindicación. Pienso que instituciones como la Fundación Violeta Chamorro, CINCO, INCO, o la Facultad de Comunicación de la UCA, podrían explorar un punto de partida recabando los puntos de vista de todos los actores: reporteros y redactores; directores, propietarios y gerentes de medios de comunicación; representantes de agencias de publicidad; empresarios privados de la cámara de anunciantes; representantes de los poderes del Estado y entes autónomos, asociados a la divulgación y publicidad. Hay que empezar por reconocer el problema, antes de articular los foros públicos correspondientes para buscar soluciones. ;


Ojalá que la lamentable desaparición de Buenos Días, que tan buen servicio le prestó al debate nacional durante varios ańos, nos persuada de que debemos hacer algo urgente para establecer las reglas del juego que propicien el desarrollo de una prensa independiente y honesta. ;