Opinión

La maldita violencia y los que la promueven


— Francisco Bravo Lacayo —

Los nicaragüenses estamos cansados de la violencia. Nadie la quiere. Esto es una verdad de Perogrullo.;


Sin embargo, nada se gana condenándola con ambigüedades y mucho menos con frases que no pasan de ser pura retórica.;


La violencia tiene nombre y origen y si de veras quiere combatirse, debe hablarse claro, sin tapujos.;


Decimos esto porque a diario oímos condenas provenientes de todos lados, incluso de quienes la promueven, en franca imitación del ladrón que grita Ťel ladrón!ť para provocar confusión entre la gente y huir tranquilamente.;


En primer lugar, aquí principal responsable de la violencia es el gobierno con su política estranguladora. Suben los impuestos, sube la canasta básica, aumenta los precios de la gasolina, el diesel, el kerosene, el gas licuado, la llamada industria fiscal, en fin, Ątodo sube!, menos el salario miserable del que trabaja, lo que, -mundo absurdo!- ya es privilegio ganar un salario miserable porque la mayoría milita en el ejército de los desocupados.;


Encima de todo esto, la CORRUPCION que todo lo empeora y la manifiesta voluntad oficial en evadir todo control, llegando al extremo de desatar la persecución contra la Contraloría General de la República hasta hacerla desaparecer, si le es posible, o encarcelar al titular para que nadie fiscalice las insólitas transferencias y menos ahora en el presupuesto de la República, aún no aprobado, pero que tiene Ťerroresť de la magnitud de mil millones de córdobas.;


Nada se hace y lo poco que se hace se hace mal, como las carreteras que se reconstruyen haciendo a un lado las observaciones de técnicos como el ingeniero japonés Watanabe, al que respondió el Ministro Bonilla con palabras tontas, desoyendo el autorizado consejo.;


Y la ayuda internacional trabada en Corinto y los damnificados del Casita con hambre y en la intemperie. Y los de Wiwilí emigrando a Managua a vivir con el horror del barrio donde el miskito y su mujer sacrificaron a la nińa inocente que cometió el delito de venir al mundo en el país más corrupto y miserable del continente, según las agencias internacionales.;


Esta, sin ser completa, es la pura verdad. Y luego le echan la culpa a quienes protestan, reprimiéndolos con el aval de jerarcas de la Iglesia que sólo ven las víboras que están a la izquierda del camino y nunca a las que están a su derecha.;


De esta manera, vamos directo al incremento de la violencia social y nada raro sería que un día de tantos, Managua reedite los sucesos recientes de Quito.;