Opinión

La tragedia de Estados Unidos


— Alejandro Bendańa —

E l Embajador de Estados Unidos;
nos invitaba en estas columnas;
a reflexionar sobre la Ťtragedia de Kosovoť. Las imágenes y noticias en los medios, tan dominados por la perspectiva están a la vista, ya que también es guerra por la opinión pública. Pero si de reflexión y tragedias se trata, reflexionemos también sobre Estados Unidos y su nuevo aventurismo militar.;


La tragedia de Estados Unidos es que desde hace más de un siglo no sufre el flagelo de la guerra en su propio territorio. No es que se lo deseemos a nadie, pero a veces hay que hacer saltos de la imaginación histórica para explicarse la forma campante en que esta nación recurre al uso de la fuerza militar, ya casi de manera cotidiana. Lo asombroso de la agresión norteamericana no es la tecnología de destrucción que se ensaya y el presupuesto militar que se justifica, sino la forma complaciente con que la opinión pública apoya el uso de la fuerza. De ahí la importancia del bombardeo paralelo que se libra en los medios, incluyendo las columnas de El Nuevo Diario, para incrementar el respaldo a la política norteamericana. ;


No es que al gobierno de Clinton le importe enormemente lo que se piense en Nicaragua, pero le es imprescindible presentar a la población norteamericana el espectáculo de una cruzada internacional humanitaria liderada por una OTAN indignada. No es tan fácil. La Administración Clinton está atenta a las encuestas que indican apoyo superficial, ignorante y timorato siempre y cuando se involucren la infantería norteamericana. El mismo Presidente Clinton decía, y la CNN ahora lo repite como parte de su propaganda, que la mayor parte del pueblo norteamericano no sabe ni dónde queda Kosovo en el mapa y tiene que referirse a CNN. ;


Todo esto comenzó a cambiar en el momento que se captura a los tres soldados y sale a luz la presencia de miles de tropas estadounidenses a pocos kilómetros de las fronteras de Yugoslavia. Surge la imagen de Viet Nam, la cual Bush pensó haber enterrado después de la Guerra del Golfo.;


El problema es que la ignorancia se paga caro. Y la tragedia es que mientras no despierte la población norteamericana, el precio lo asumen otros comenzando con las víctimas del bombardeo y del masivo desplazamiento humano de refugiados provocados por las acciones de guerra de las dos partes en contienda. Si hacemos hincapié en la opinión pública norteamericana es porque representa la única fuerza real capaz de hacer retroceder el actual curso irresponsable y despiadada de la política exterior norteamericana.;


Esta guerra tiene por objetivo, por la parte de Estados Unidos y sus aliados, la recolonización de Yugoslavia, reafirmando la inadmisibilidad histórica de un Ťvacío de poderť en la península balcánica defendida, a lo largo de la historia, por turcos, ingleses, rusos y ahora norteamericanos. A lo largo de cuatro décadas, la vieja Yugoslavia mańosamente manejó sus contradicciones inter-étnicas y preservar su independencia bajo el gobierno del Mariscal Tito, irritando tanto al Este como al Oeste. Ahora se termina el ŤEsteť y el Oeste no admite otra cosa, allí o en cualquier parte del mundo, que el sometimiento neoliberal.;


Desde todo punto de vista son condenables las brutalidades libradas por los nuevos gobernantes serbios contra otras poblaciones de la ex-Yugoslavia. Pero la intervención occidental, lejos de mejorar las cosas, las viene a empeorar al entrar otros intereses en juego. Se está jugando con fuego ya no únicamente a partir de la posibilidad que se extienda la guerra en esa zona. Lo fundamental aquí es el hecho que Estados Unidos abre una nueva y peligrosa modalidad de intervención militarmente vía la OTAN sin buscar la cobertura legal mínima en el derecho internacional y particularmente desde las Naciones Unidas. Se acabó la soberanía. Estados Unidos dice ahora estar por encima del derecho de naciones a la vez que el recurso a los ataques aéreos constituyen instrumentos aceptables y legítimos de presión. ¿Conducta y doctrina nueva para el siglo nuevo?;


La tragedia y crisis político-humanitaria se reduce a lo siguiente:;


* Primero, la carencia de una base legal para intervenir en Yugoslavia. Tanto Kennedy en Viet Nam como el mismo Bush durante la Guerra del Golfo se tomaron la molestia de escudrińar el derecho internacional o de acudir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para justificar el uso de sus maquinarias de guerra. Esta vez el Sr. Clinton y sus aliados no se toman la molestia: la OTAN se vuelve brazo armado no del Consejo en Nueva York sino del Pentágono en Washington. Y los pueblos y gobiernos, incluyendo Nicaragua, suponen aplaudir olvidando a la vez que el Consejo de Seguridad, y no la OTAN o EE.UU., es el único organismo legalmente facultado para autorizar el uso de la fuerza. ;
Incluso Francia pide un debate en la ONU, pero Estados Unidos se opone.;


* Segundo, la intervención no es sólo ilegal, sino ilegítima en los mismos términos humanitarios con que pretende justificarse. Si bien hoy en día la comunidad internacional no puede quedarse de brazos cruzados ante masivas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos en ninguna parte, no es a un determinado gobierno por poderosa que sea, o grupo de los mismos, determinar unilateralmente el castigo militar. Ya el Papa y líderes de diversas iglesias han dicho que la OTAN no puede invocar el derecho moral aplicando la doctrina cristiana de Ťguerra justať. Por otra parte, ¿quién supone dictaminar qué es lo moral y cuándo se debe intervenir o cuándo no? Son mucho mayores las cantidades de víctimas y muertos en otras partes del mundo. ¿Por qué no se intervino en Ruanda o en el Sudán, o en la misma Turquía que abiertamente reprime a la población Kurda? ¿Qué nos dice, Sr. Embajador, de la tragedia del pueblo kurdo? ¿Por qué esa selectividad y doble moral cuando se trata de justificar intervenciones Ťhumanitariasť en regiones consideradas estratégicas por Washington, e ignorarlas en otras zonas y circunstancias? ;
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* Tercero, la desproporción de la fuerza utilizada. No estamos claros si se agotaron los medios diplomáticos (hay diversas versiones). El asunto es que el diálogo político nunca debe darse por agotado cuando la alternativa es la muerte. Pero tiene que existir un espacio entre el Ťfracasoť de las negociaciones por un lado y recurrir al bombardeo masivo junto con el desplazamiento forzoso por otro. ;


* Cuarto, la estrategia militar de la Estados Unidos y Ťsuť OTAN solo prolongará y aumentará el sufrimiento de los pobladores, es decir de los mismos sujetos cuya tragedia se invoca para justificar la intervención. Por muy Ťinteligentesť que sean, las bombas no logran distinguir entre civiles y militares, y ya estamos viendo los resultados. Evidentemente el bombardeo viene a facilitar la Ťlimpieza étnicať terrorista librada por el régimen de Serbia contra la población albanesa que conforma el 90% de la población de la provincia de Kosovo. Y los estrategas del Pentágono y de la OTAN no son tan idiotas para no haber previsto la reacción serbia. Sería menos hipócrita en todo caso desplazar, de una vez por todas, a las tropas norteamericanas y europeas para terminar con el sufrimiento aún al costo de una repugnante ocupación militar e imperial, para la cual la OTAN ya dispone de 28.000 tropas. ;
Por supuesto estos víctimas, pero esta vez no solo locales sino de las fuerzas de ocupación también. ;


¿No habrá, Sr. Embajador, otra manera de terminar con la Ťtragedia de Kosovoť o la del pueblo de Iraq que sufre los estragos muchos mayores que los de Kosovo a partir del injusto y cruel embargo económico y para no mencionar el ilegal bombardeo norteamericano de hace pocos días contra instalaciones no militares en ese país, o la decisión de enviar nuevos contingentes militares estadounidenses a Colombia? Exigimos un cambio de conducta por parte de su gobierno, y no el suministro propagandístico de atol con el dedo. Que quede claro que no le concedemos a Estados Unidos el derecho de actuar unilateralmente en el mundo al margen del derecho internacional. ;


Abramos entonces la discusión a la que invita el Embajador. De otra manera se escuchará únicamente el silencio de los cómplices. ¿Qué dicen los partidos, las iglesias, las fuerzas sociales en Nicaragua? No hay que esperar la rectificación ineludible que se dará cuando la misma población norteamericana descubra una vez más cómo la pretensión hegemónica de su gobierno se paga con la vida de sus hijos adolescentes—y no solamente con el bolsillo y la tecnología y vidas de pueblos no occidentales.