Opinión

Los vasos comunicantes


— Sergio Ramírez —

E n América Latina vivimos en ;
un sistema de vasos comunicantes, parecido al que me explicaba mi maestro de secundaria en la clase de Física; pues ciertas historias contemporáneas ayudan a recordar, y a explicar, otras. Tomemos una: un dictador militar de varias décadas en el poder es derrocado al fin, y se va al exilio. Pero su viejo partido sobrevive al llegar la democracia, pasa por algún maquillaje, y ańos después vuelve a gobernar, con otras caras, pero con los mismos vicios del pasado. Ya no se trata ahora de un General con charreteras, sino de un presidente civil electo al poco tiempo, lo mismo engańa lo mismo abusa, lo mismo enriquece, y lo mismo falsifica la democracia.;


Y tanto llena de agua el cántaro este nuevo presidente de ese viejo partido atropellando a los otros poderes del estado, violentando las leyes, burlándose de los sistemas de control, alentando la corrupción, y creyéndose impune que al fin el cántaro se rompe. La gente se hastía y tras enérgicas demostraciones cívicas, tomándose las calles, logra que los mecanismos institucionales funcionen, que el parlamento ejerza su potestad constitucional, y que juzgue al presidente transgresor y lo destituya. Y tras la conmoción, la que sale ganando es la democracia.;


Detalles más o menos, está en la historia ocurrida recientemente en Paraguay, y los personajes en escena, el dictador militar cae tras largos ańos de reinado (el General Alfredo Strossner), y el Presidente civil que cae también por causa de sus abusos, a pesar de haber sido electo popularmente, (Raúl Cubas), ambos del mismo partido político, (el Partido Colorado) pueden recordarnos a otros.;


Este ejemplo nos advierte que vivimos un período de prueba y error en lo que se refiere a la democracia. Los ciudadanos no hacen más que escoger las promesas más atractivas al momento de elegir, de acuerdo a las apreciaciones y las necesidades del momento. Si no aciertan, o se sienten engańados, después rectificarán. Al fin y al cabo, la demagogia no provienen de quien elige sino de quien se hace elegir en base a sus promesas.;


Nadie se presenta a los votantes durante una campańa electoral prometiendo que va empobrecer más a la gente, que va utilizar la impunidad de su poder para hacerse rico, metiéndose en todos los negocios, desde la venta de terrenos a la recolección de la basura ni que va a comprar todas las fincas posibles llevando a ellas después la electricidad, el agua potable, y los caminos por cuenta del estado al que juro servir ni que va a pasar por encima de las leyes cuantas veces se le ocurra.;


Pero este período de prueba y error, donde los votantes suelen dar malos pasos porque son cogidos por sorpresas, no significa que van a ser sorprendidos siempre. Al contrario, en la medida en que las oportunidades de seguir eligiendo se preservan, el elector va afinando su puntería política, y se cuida de no ser engańado otra vez. Es un proceso que puede tomar tiempo, mientras los electores aprenden a discernir con más conciencia, y mayor agudeza.;


Pero los sistemas democráticos que maduran también utilizan sus propios correctivos. En Paraguay los votantes resolvieron en las calles, con la protesta cívica y la resistencia pacífica, lo que habían fallado de resolver en las urnas, al ser engańados. Los abusos de buena fe, son cobrados, y el contador es puesto de nuevo en cero.;


En Nicaragua el Presidente Arnoldo Alemán llegó al poder apoyado por una sólida mayoría de votantes y su Partido Liberal es el mismo de Somoza. Son dos hechos reales. Pero también es un hecho real que esa mayoría se ha venido deteriorando en el camino. No hay que olvidar que quienes van a las urnas cada cierto número de ańos para elegir, también están votando todos los días, al opinar, y es la corriente de sus sentimientos diarios y la que suma o resta.;


Los ciudadanos nicaragüenses que eligen están ahora dominados por un sentimiento de frustración y de impotencia, según las encuestas. No sólo las promesas de empleo pleno y bienestar económico no han sido cumplidas, sino que el desprecio a la ilegalidad, y la corrupción sistemática, se vuelven el pan de cada día. Me decía un amigo europeo que sigue de cerca los acontecimientos diarios de Nicaragua, que los actos de corrupción denunciados en los medios de comunicación son tantos, que quienes se ven expuestos en las denuncias sólo esperan que al día siguiente surja otro escándalo, para respirar tranquilos. Un escándalo cubre al otro, y la impunidad crece como la espuma.;


Hay un sentimiento mayor, sin embargo, al que le han sacado provecho, hasta ahora aquellos que abusan con impunidad desde las posiciones de poder. Y es el sentimiento de cansancio frente al conflicto. Tras tantos ańos de guerra todavía vivos en la memoria, los electores han aceptado la polarización en las urnas, pero no que se repita la polarización a balazos.;


Anoto este margen de tolerancia como una ventaja de la democracia, y no como una debilidad. Dentro de este lento y complicado proceso de prueba y error, los nicaragüenses sabemos cuáles son los costos de las confrontaciones, la historia nos lo ha enseńado. Pero fijémonos cómo la gente comienza a demostrar el uso adecuado que puede dar a la protesta cívica como se vio en la recién pasada marcha contra la corrupción, sin necesidad de recurrir a la violencia.;


Los nicaragüenses empiezan a mostrarle a quienes están a la cabeza de las instituciones que la democracia es una máquina de diversos mecanismos que pueden ser echados a andar de distintas maneras. Y que en el proceso de prueba y error, es la gente la que le enseńa a quienes gobiernan cuál es el precio de los abusos, y la fragilidad que tiene toda creencia de impunidad. Como en el Paraguay.