Opinión

Nuestro paradoja nacional


— Miguel Angel Herrera C. —

El río San Juan es nuestra paradoja nacional. No hace mucho que;
fue utilizado por hombres, mujeres y nińos quienes lo transitaron;
en busca del oro de California. A mediados del siglo pasado una;
marejada humana de europeos que huían de las hambrunas y guerras;
civiles en el viejo continente, así como de norteamericanos que;
iban en busca de fortuna, remontaron el río en dirección opuesta;
a la ruta que hoy hacen nuestros compatriotas por causas;
similares a las de los europeos de aquel entonces.;


Diariamente se produce en el Río San Juan la manifestación;
política más singular que exista en esta parte del mundo;
contemporáneo. Centenares de trabajadores nicaragüenses abordan ;
todo tipo de embarcación para cruzar al otro lado, en donde;
encuentran trabajo y posibilidades de realizar su vida. Después;
de diez ańos de paz y de intentos por desarrollar la democracia;
en nuestro país, no hay una sola palabra o acción de solidaridad;
de la sociedad civil nicaragüense para con los compatriotas que;
emigran a Costa Rica por esa y otras vías en busca de trabajo,;
para no decir de mejores condiciones de vida.;


Los recientes reportajes periodísticos de El Nuevo Diario, han;
presentado la cruda realidad social de un territorio que;
reafirmamos como nuestro, pero que en la práctica solamente sirve;
para que las escuálidas comunidades ribereńas viertan las aguas;
negras en el cauce del río histórico; la mismas que medran en el;
abandono sin capital para activar el trabajo, con escasa;
asistencia médica, difíciles condiciones para la educación y con;
un futuro incierto. Mientras al otro lado del río, las;
condiciones de vida de sus habitantes parecieran ser diferentes.;


Resulta muy difícil pensar la soberanía nacional mientras la;
miseria agobia a nuestro pueblo y el Estado nicaragüense;
solamente actúa como intermediario, promoviendo la exportación;
de su más importante capital: las mujeres y hombres que;
deberíamos conformar esta comunidad nacional. Esta actividad que;
ha asumido el Estado nicaragüense, de exportador de mano de obra;
barata, no debe formar parte de las discusiones sobre el modus;
operandi de las relaciones fronterizas de Nicaragua con Costa;
Rica. Eso sería convertir a los hombres y mujeres, que emigran;
buscando el trabajo que no encuentran en nuestro país, a la;
condición de rehenes de las políticas de Estado.;


Urge definir una política de fronteras que contemple el apoyo,;
en este caso las comunidades ribereńas del río San Juan, para;
dotarlas de los más elementales servicios sociales. Lo contrario;
será promover aún más las diferencias entre ambos lados de la;
frontera, y el acentuamiento de estas drásticas diferencias en;
el territorio fronterizo nicaragüense, están convirtiendo al río;
San Juan en una especie de muro verde de Berlín, en el que la;
pobreza del este, esta vez observa la opulencia de occidente;
hacia el sur.;