Opinión

Medios, violencia y consensos


— Guillermo Rothschuh Villanueva —

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Debido a la gravedad del problema, los medios pueden y deben;
realizar nuevos enfoques y hacer un replanteamiento en sus;
maneras de ver y encarar el fenómeno de la violencia.;


Si existe consenso acerca del carácter estructural de la;
violencia que aflige a los nicaragüenses, no se puede continuar;
culpando al mensajero. Los medios de comunicación en genera, y;
los periodistas en particular, no son los culpables de lo que;
está ocurriendo, aunque tampoco cabe liberarles de la cuota de;
responsabilidad que les asiste en el tema de la violencia. Nadie;
olvida que en diversas ocasiones han estimulado la polarización;
que padece el país. Pero con las excepciones de rigor, los medios;
de comunicación y la inmensa mayoría de los periodistas están;
firmemente comprometidos con el proceso de gestación democrática;
que se perfila en el horizonte nacional.;


A los medios de comunicación corresponde el mérito de contribuir;
a la toma de conciencia de los peligros que se cierren sobre el;
país, si la vorágine de la violencia continúa contaminando la;
sangre y el oxígeno que respira esta sociedad. Algunas veces lo;
han hecho de manera reposada y en otras en forma alarmista. Pero;
nunca, en ningún momento, han dejado de brindar una amplia y a;
veces desmesurada cobertura de los hechos delictivos. Pienso que;
debido a la gravedad del problema, los medios pueden y deben;
realizar nuevos enfoques y hacer un replanteamiento en sus;
maneras de ver y encarar el fenómeno de la violencia.;


La más común de las acusaciones formuladas en contra de los;
distintos medios de comunicación, la más radical y persistente;
de todas, es seńalarles como los responsables de la disposición;
anímica que prevalece cuando se abordan estos temas, por el tono;
dramático y emotivo con que enfocan los hechos delictivos. Se;
trata de un tema abierto y pendiente de discusión del interior;
de los medios. Un sicólogo diría que los mensajes noticiosos son;
a la vez cognitivos y afectivos. Su juicio daría en el blanco.;
Un periodista afirmaría que las noticias son una mezcla de;
información y entretenimiento. Esta apreciación abre las puertas;
al debate.;


La excitación y movilización desencadenadas por algunos medios;
de comunicación alrededor del triple asesinato de Walter Polanco,;
Miurel McFieldls y Alba Villachica, ocurrido la tarde del viernes;
21 de agosto de 1998, en el Reparto Schik, ha propiciado un;
debate amplio, sugestivo, muy apasionado, acerca de la;
conveniencia o inconveniencia de establecer la pena de muerte en;
la legislación nicaragüense, lo cual sólo podría lograrse;
mediante una reforma a la Constitución Política. Los medios -unos;
más otros menos- han estado a la altura de las circunstancias.;
Lo que evidencia el absoluto interés que tienen sobre el tema.;


Ningún medio ha sido ajeno a la discusión planteada. Periódicos,;
radioemisoras y estaciones de televisión han alentado el debate).;


La mayorías de los medios han derivado sus análisis hacia;
aspectos amplios y sensibles.;


El debate ha sido amplio;


Los enfoques han sido amplios;


A los medios corresponde continuar encausando propósitos y;
canalizar energías, avanzar y propiciar la consecución de;
acuerdos mínimos sobre el tema. Estamos frente a una valiosa;
oportunidad histórica que no debe perderse o diluirse, en la;
medida en que reitera que el país no puede continuar transitando;
por los caminos de la violencia impune.;


Las exigencias planteadas a los medios de modular y ampliar sus;
enfoques, obedece a la certeza compartida de que los mensajes;
vertidos tanto en su estilo como en su contenido tienen;
consecuencias mensurables sobre el estado anímico y el tipo de;
respuestas que brindan las diferentes audiencias ante los temas;
planteados. No cabe ninguna duda de que los medios de;
comunicación, al insistir y subrayar ciertos aspectos de la;
realidad, influyen no sólo a cerca de los temas en los que;
pensamos, también tienen un éxito asombroso en incidir en la;
forma en que pensamos y encaramos estos temas. Ante esta;
evidencia, corresponde a los medios rejerquizar y redimensionar;
el carácter, la naturaleza y el significado que los hechos;
delincuenciales tienen para el futuro inmediato del país. Tienen;
el deber y están obligados a conducir sus rutinas profesionales;
y sus políticas editoriales, hacia la búsqueda de acuerdos;
concretos sobre un tema cuya resolución no puede postergarse.;


Por su amplia capacidad de movilización de energías, su enorme;
cobertura geográfica, su innegable poder de convocatoria y su;
indudable capacidad para imponer los temas de los que se hace;
cargo esta sociedad, los medios están llamados a poner en;
perspectiva y contextualizar sus enfoques. Su más genuina;
responsabilidad consiste en brindar la más amplia y variada;
información sobre los temas de la violencia. Su más firme;
propósito sobre los temas de la violencia. Su más firme;
propósito, abrir los micrófonos, páginas y pantallas, para;
continuar discutiendo y debatiendo hasta encontrar salidas;
satisfactorias y urgentes, en un momento límite como el que vive;
ahora la sociedad nicaragüense. Los aportes realizados hasta;
ahora son invalorables.;


Para nadie es ajeno que dentro del conjunto de actores convocados;
a erradicar el aumento de los hechos delictivos que experimenta;
Nicaragua desde 1995, los medios de comunicación son los;
mediadores más importantes para enfrentar la catástrofe. En la;
medida en que sumen esfuerzos por arribar a consensos, asumiendo;
de manera permanente y prioritaria el tema delincuencial y las;
diversas salidas a la crisis, se estarán sentando las bases de;
una nueva Nicaragua. Sin el respeto a la vida no es posible;
construir un país, como tampoco podemos esperar que nuestra;
sociedad marche y se enrumbe hacia el futuro. Nicaragua no podrá;
avanzar ni un paso hacia adelante si no logra una revalidación;
del ser nicaragüense.;


Los medios deben alentar y promover los valores del entendimiento;
y la convivencia social, pero sobre todo deben insistir en;
evidenciar que sin el impulso de políticas sociales y un;
compromiso permanente de los distintos poderes del Estado por;
erradicar y combatir el carácter estructural de la violencia que;
padece Nicaragua, poco muy poco podrá conseguirse. El éxito de;
esta empresa depende en gran parte de la manera en que arraiguen;
en el corazón y en la mente de cada uno de los nicaragüenses la;
necesidad ineludible de reformular los términos del problema.;
Para que la violencia deje de ser, tenemos que convencernos que;
se trata de un problema histórico estructural de dimensión;
nacional, que alcanza al país por todos sus costados y amenaza;
con arrastrarnos a todos hacia el abismo. Las acciones que no;
pueden continuar postergándose. Mańana será tarde, muy tarde.;


Con mi optimismo de siempre me niego aceptar la sentencia;
apocalíptica de Carlos Fuentes, que aludiendo el drama que vive;
América Latina, sentencia que hay mucha esperanza pero no para;
nosotros. ¿En esta cruda constatación, en donde las puertas del;
porvenir parecieran cerradas, en este desencanto generalizado en;
donde el futuro no se avizora, no estarán presentes las causas;
más profundas y remotas que conducen a que un nicaragüense se;
quite la vida cada día que pasa? Los medios de comunicación;
tienen que esforzarse por devolver a cada nicaragüense la;
esperanza perdida. Tienen que apostar a reencantar esta sociedad;
apática y desilusionada, que pareciera practicar el suicidio como;
una manera de saltar el círculo infernal de una violencia que;
aparece frente a sus ojos como tallada en acero.;


Universidad Centroamericana;


Managua, Nicaragua;


Septiembre de 1998;