Opinión

Golondrinas de un falso verano


— Sergio Ramírez —

La fragilidad de las economías latinoamericanas queda a la vista;
cada vez que una nueva crisis financiera sacude el planeta,;
aunque sus epicentros sean lejanos, el sudeste asiático o Rusia.;
Y sus efectos desbastadores se asemejan a los de los terremotos,;
que sólo dejan ruinas: devaluaciones, inflación, alza de tasas;
de interés, caída de los precios de las materias primas, y por;
tanto, de nuestras exportaciones; incremento de los precios de;
los bienes importados, fuga de los capitales golondrina hacia;
santuarios seguros, incremento de la deuda externa; y recesión,;
y más pobreza.;


No hay duda que como economías débiles, siempre hemos estado;
expuestos a las sacudidas financieras a lo largo de este siglo;;
pero últimamente se nos ha vendido la idea del milagro;
financiero, y la propaganda nos dice que economías como la de;
Brasil, Argentina o México, responde ya a los mecanismos del;
primer mundo, al que se encaminan.;


Pero precisamente, en esa alegre fraternidad impostada, están los;
riesgos; a raíz de la más reciente sacudida provocada por la;
crisis rusa, Brasil perdió el cuarenta por ciento de sus;
depósitos a plazo, con una caída feroz de sus reservas;
internacionales. Un vuelo apresurado de golondrinas, que siempre;
deja, en su vacío, la necesidad de devaluar, el impuesto más;
feroz contra los salarios de los que menos tienen. Si el;
presidente Cardoso no devalúa, es sólo porque las elecciones;
están a las puertas; pero el presidente del Ecuador no ha tenido;
otro remedio, recién pasadas las elecciones en que resultó;
ganador.;


Porque aún en el caso de países como Brasil, se trata de;
economías frágiles, y desarticuladas, economías a la vez de punta;
y de cola; aunque en términos comparativos, si pensamos en la;
mayoría de los otros -Bolivia, Paraguay, Nicaragua, Dominicana-;
podamos ver a aquellos como grandes potencias, nuestras grandes;
potencias de segunda, sometidas a los vientos arbitrarios de la;
globalización financiera, capaces de barrer en un segundo los;
capitales golondrina que nunca harán verano, y que se llevan;
también las promesas electorales que empiezan siempre por la;
defensa de los salarios, y la estabilidad de los precios.;


Aún para un neófito es fácil sospechar que otra vez estamos bajo;
la seducción del espejismo del desarrollo falso, y de la;
modernidad artificial, y que seguiremos sin saber de donde viene;
de pronto el golpe. Y por mucho que se nos predique que es duro;
pero necesario el precio que pagamos por comprar el boleto a la;
modernidad, la sensación de que siempre estamos excavando un;
túnel más profundo, no nos abandona.;


El mismo neófito que se asombra de que las bolsas financieras;
latinoamericanas aparezcan en las pantallas de televisión con la;
misma escenografía frenética que las de Nueva York, Londres o;
Tokyo, lo que le comunica ese sentido de modernidad tan;
ambicionado, no tarda en darse cuenta de que abruptas caídas,;
cuando el viento sopla desde Seúl o Moscú, se deben antes que;
nada a la fuga apresurada de los capitales golondrina, que;
desaparecen a la leve presión de una tecla de la computadora.;
Falsas ilusiones, falsa solidez.;


Si por la víspera podemos sacar el día, las reglas para;
participar en este juego ajeno, serán cada vez más duras, y los;
vientos capaces de barrer los cimientos de economías modestas,;
cada vez más tempestuosos.;


No se trata de predicar el aislamiento, en un mundo donde las;
fronteras tradicionales parecen cada vez más obsoletas, sino de;
que para integrarse en la globalidad con el mínimo de;
seguridades, y ventajas, será necesario pensar primero en la;
integración interna, buscando como cerrar los abismos que separan;
a las propias sociedades nacionales, sin lo cual aún el mercado;
no es posible, mucho menos la modernidad.;


La integración real, que de sustento a economías durables, y;
sociedades estables en términos del mínimo bienestar, educadas;
para que la inteligencia se vuelva productiva, articuladas en;
proyectos de desarrollo común capaces de defendernos con ventaja;
frente a los embates de la especulación financiera internacional,;
que no es el desarrollo, ni el progreso, ni la modernidad, sino;
su máscara más equívoca.;


Managua, septiembre de 1998;