Opinión

Nacionalidad fraudulenta


— Augusto Zamora R. —

Hay una situación vinculada a la doble nacionalidad, que no es;
de conflicto de nacionalidades, sino el de la nacionalidad;
fraudulenta. Es el caso del ciudadano que adquiere una;
nacionalidad incompatible con su nacionalidad de origen, pero;
oculta este hecho a las autoridades de su Estado natal. La;
respuesta a estos casos no es de nacionalidad, sino de tipo;
penal, por ser constitutivo de delito. El artículo 26 de la Ley;
de Nacionalidad prevé esta situación y establece que "El;
nicaragüense que habiendo renunciado a su nacionalidad y mediante;
ocultamiento o engańo ejerciere en Nicaragua funciones públicas;
que sean exclusivas de los nacionales incurrirá en delito y será;
penado con prisión de dos a cuatro ańos.;


La nacionalidad es un vínculo de efectos múltiples. Entre ellos,;
el de ocupar cierto tipo de cargos y de funciones que, en razón;
de su importancia para el desempeńo del Estado, se reserva a los;
nacionales del país. A efectos de la ley, sólo hay nacionales y;
extranjeros, sin importar su lugar de nacimiento o nacionalidad;
de origen. No obstante, cuando el ex nacional pretende ejercer;
los derechos reservados a los nacionales, es obligación de las;
autoridades indagar en el caso, cuando existan indicios de;
fraude.;


En Nicaragua, en los últimos ańos, los casos se han multiplicado,;
debido al retorno de miles de personas, muchas de ellas con;
pretensiones políticas. Estos retornados pretenden usufructuar;
las ventajas de la nacionalidad nicaragüense sin renunciar a la;
nacionalidad adquirida voluntariamente. Cuando su situación es;
descubierta, hacen malabares para conservar su nueva nacionalidad;
sin perder las ventajas de la anterior. Se aprovechan de la;
corrupción imperante, del uso y abuso del poder o de la;
imposibilidad de las autoridades nicaragüenses de determinar su;
nacionalidad real, pues dichas autoridades no tienen medios para;
conocer los avatares legales de sus nacionales y depender de la;
información que proporcionen la persona o las autoridades del;
país de naturalización. De no darse, se le seguirá considerando;
como nacional.;


Este fenómeno está unido a la idea del Estado-botín. Pelean la;
presunta nacionalidad nicaragüense no porque les interese;
Nicaragua, sino porque quieren aprovechar las oportunidades. Por;
ese motivo quieren conservar la nacionalidad adquirida, pues ella;
es su refugio para cuando, alcanzados sus propósitos -o;
fracasados los intentos- decidan volver a su nueva patria. Tal;
sería la explicación última de la lucha de ciertos políticos;
aterrizados en los últimos ańos, de pretender la existencia de;
doble nacionalidad. El problema para ellos es que la ley;
nicaragüense (artículo 20) impone "la renuncia a la nacionalidad;
que actualmente tienen". Si ellos renuncian a la nacionalidad;
adquirida, les resultará casi imposible recuperarla. Para burlar;
esta norma constitucional plantean costosas batallas legales, que;
carecen de sentido a menos que entendamos la decisión de no;
renunciar a su nueva nacionalidad. Esta situación es más clara;
si vemos que, para recuparar la nacionalidad nicaragüense, sólo;
tienen que declararlo así ante autoridad competente, renunciando;
a la nacionalidad anterior. Un acto simple, de pocos minutos, que;
se rehúsan a cumplir. La nacionalidad nicaragüense es vista como;
"nacionalida kleenex", de usar y tirar.;


Otro argumento recurrido es que, según los interesados, la;
renuncia debe ser expresa, casi forjada en hierro y, si tal no;
se ha hecho, no ha existido renuncia. El argumento vale para el;
discurso de calle, pero no tiene cabida en el ámbito jurídico.;
Las renuncias pueden ser expresas o tácitas. Es expresa cuando;
tal se hace constar, generalmente en la solicitud de la nueva;
nacionalidad (como hizo Edén Pastora en 1976, según documento;
presentado al CSE y publicado en los diarios de Nicaragua). Es;
tácita cuando, por determinarlo la ley del país, la adquisición;
de la nueva nacionalidad conlleva la périda de la anterior,;
considerada incompatible.;


El artículo 20 de nuestra Constitución expresa que se pierde la;
nacionalidad nicaragüense cuando "se adquiera voluntariamente;
otra". No pide ningún tipo de renuncia, sino que se remita al;
hecho material, la adquisición voluntaria de otra nacionalidad.;
Como el artículo 22 estipula, en los casos en que no haya;
renuncia, sólo podrá aceptarse una doble nacionalidad si existe;
tratado (y ya vimos que únicamente existe uno con Espańa) o si;
hay reciprocidad (que sólo opera en el caso de Guatemala). En los;
demás casos, por mandato del artículo 20, la adquisición;
voluntaria de otra nacionalidad implica la pérdida de la;
nicaragüense.;


Cuando se observa el celo con que en otros Estados se examina la;
cuestión de la nacionalidad, sorprende la poca importancia que;
la misma recibe en Nicaragua. Pareciera que, como consecuencia;
de la baja autoestima, se asuma que nuestra nacionalidad es poco;
menos que una molestia, un fardo. La consigna, como tantas cosas,;
viene desde el gobierno. Un francés fue ministro de Exteriores;
de la seńora Barrios. Un mexicano es asesor principal del seńor;
Alemán. Ciudadanos centroamericanos copan múltiples y variados;
cargos públicos. Ciudadanos italianos optan a la presidencia.;
Otros, también norteamericanos o de reciente "re-;
nicaraguanización", se preparan para presidentes, ministros o;
diputados. Siendo esas las reglas, parece más fácil escalar;
escańos siendo extranjero que nacional.;


En lo personal, no tengo objeciones en materia de nacionalidad.;
Nadie ha tratado peor a Nicaragua que sus propios hijos y los;
mayores traidores han provenido de "ilustres familias" (Emiliano;
Chamorro, José María Moncada, Adolfo Díaz, los Somoza, los;
directores de la contra, etc.). Nicas eran los guardias que;
masacraron al pueblo y nicas han sido los que, desde el siglo;
XIX, han pedido la intervención extranjera. Sin embargo, y;
precisamente por ello, debemos cuidar nuestra nacionalidad;
maltratada. Si llegamos al absurdo de que ex nicaragüenses nos;
gobiernen, poco será lo que quede del país, si acaso algo queda.;
Si de la clase política nicaragüense hay poco que esperar, ¿qué;
harán aquellos que ya ni siquiera quieren ser o quieren sólo ser;
para depredar?;