Opinión

Al gobierno, su revancha lo denuncia


— Onofre Guevara L. —

El más serio e importante esfuerzo fiscalizador de los recursos;
del Estado que jamás hubo en el país, está a punto de echarse a;
perder. El gobierno liberal, cogido ya en muchas faltas, no sólo;
se ha enfurecido ante la eficaz labor de la entidad que encabeza;
el ingeniero Agustín Jarquín, sino que -cuan toro embanderillado-;
ha reaccionado embistiendo irracionalmente contra quien considera;
responsable de su incómoda situación.;


La tendencia a considerar este conflicto como de mero interés;
personal entre el presidente Alemán y el contralor Jarquín ambos;
supuestamente empeńados en "sacarse las mantillas al sol"-, es;
la peor contribución que se pudiera hacer a la institucionalidad;
ante la resistencia de los corruptos a enderezar hacia vías;
honestas la función administrativa estatal. El asunto no es para;
sentarse como espectador frente a una competición deportiva, a;
esperar el "triunfo" del contendor de nuestras simpatías.;


No debe menospreciarse el hecho de que esta la primera vez que;
en nuestro país, sempiternamente saqueado, podemos ser testigos;
y actores a la vez de la lucha de una institución estatal por;
evitar ese saqueo en otras instituciones del mismo Estado. Lo;
normal dentro de tanta anormalidad había sido que los;
funcionarios estatales se asociaran en la comisión del delito,;
se aprovecharan de la corrupción para captar su propia cuota de;
beneficio, sea por omisión o por complicidad que, al final, viene;
siendo igual. Los zorros, pues, hartándose en su mismo pińal ha;
sido la norma nacional.;


Este momento es extraordinario en nuestra historia, y demanda una;
actitud comprometida con los intereses nacionales ante la;
inveterada corrupción de los gobiernos. No es ocasión para;
situarse en el fiel de la balanza, porque la institucionalidad;
está amenazada y la oportunidad de protegerla frente a la;
delincuencia que galopa en ancas del erario, es una obligación;
cívica y patriótica.;


Aquí no hay espacio para la expectación ni la imparcialidad. El;
gobierno de Arnoldo Alemán, en la espuria acción legal de;
revancha, trama una conspiración contra el contralor Jarquín;
fundado en supuestas pruebas de fraude o peculado por lo que lo;
acusarían los políticos incondicionales del presidente que;
ejercen funciones administrativas en instituciones públicas, y;
que no han tenido la entereza del ingeniero Pablo Ayón, de;
renunciar antes que prestarse a su revanchismo.;


El solo hecho de que el gobierno acuse a la Contraloría en;
momentos en que sufre un deterioro en su credibilidad,;
precisamente por el descubrimiento de una serie -hasta ahora;
interminable- de abusos con bienes nacionales y el tráfico de;
influencias, es una evidencia de su culpabilidad. Si el trabajo;
de la Contraloría no fuera lo eficaz que es, ¿le pudiera haber;
interesado al gobierno acusarla por las transferencias que;
recibió de algunos entes gubernamentales en el 96? ¿Por qué no;
la acusa de no haber emprendido una investigación sobre las;
transferencias de INISER y otros entes estatales a la;
presidencia?;


Puede resultar que las transferencias hacia la Contraloría sean;
ilegales, y, en tal caso, bueno sería ver cumplir la ley en lo;
que corresponda. Pero la corrupción en el gobierno es obvia y sin;
excusas ni atenuantes. Aunque lo del gobierno y la Contraloría;
sean dos cosas igualmente ilegales, son incomparables en cuanto;
a su dimensión moral y jurídica. El mismo presidente Alemán ha;
declarado que no cree que el dinero de las transferencias hacia;
la Contraloría hayan beneficiado personalmente al contralor, pero;
él ni nadie más podría asegurarle un fin no personal a los;
recursos perdidos en las transacciones irregulares valiéndose del;
cargo, en los desfalcos y derroches o en negocios realizados al;
amparo del clientelismo político y el amiguismo.;


De forma que, además de censurar el desliz de la Contraloría -si;
es que, además de existir, fuere legalmente sancionado- en el;
caso de las transferencias, es justo tener en cuenta el carácter;
de desquite o revancha de la acusación en su contra; la;
diferencia del grado de responsabilidad ante la ley que podría;
surgir de las acciones del gobierno y de la Contraloría; sobre;
todo, de que moral y legalmente, el perseguido por corrupción es;
el gobierno y no la Contraloría.;


Aparte de toda consideración sobre el conflicto provocado por el;
gobierno, las acusaciones sobre la ilegalidad de las;
transferencias y después la demandan de devolución de las mismas,;
se convirtieron en un bumerang al descubrirse sus propias;
transferencias a la Contraloría. En otras palabras, el gobierno;
no ha podido limpiarse la cara con su revanchismo, y más bien;
agregó una mancha nueva: la misma transgresión de que acusó a la;
Contraloría.;


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