Opinión

Aquel 14 de Septiembre de 1955


— Roberto Sánchez Ramírez —

Hacía frío. Había llovido en la madrugada y el terreno;
sonsocuitoso estaba resbaloso al amanecer de aquel 14 de;
Septiembre de 1955. Sin embargo todo era emoción y alegría en;
aquella tropa juvenil, compuesta por alumnos de los Institutos;
Nacional Central "Ramírez Goyena", Chontales y Matagalpa.;


Apenas el 1 de Septiembre se tomaba la decisión de interpretar;
la batalla y juntar los tres centros educativos más progresistas;
del país para marchar hacia la Hacienda San Jacinto, cuando no;
existía camino hasta el histórico sitio que permanecía olvidado,;
cubierto los alrededores de malezas y espinas.;


Fue difícil organizar a los participantes en la batalla, nadie;
quería hacer de filibustero y los relajos que se armaban en el;
patio del Goyena eran tan grandes que el bibliotecario, Carlos;
Fonseca Amador, suspendía frecuentemente la acción para;
explicarnos con paciencia el desarrollo del combate.;


Con el apoyo decidido del joven director del Goyena, Guillermo;
Rothschuh Tablada y del profesor Ramón Chow Díaz, conseguimos;
bombas de mecate para simular la batalla, rifles de madera y;
botas. En medio del alboroto terminamos con la cańa-pińas que la;
ecónoma, dońa Emelina, tenía sembradas junto a la piscina.;


Llegó el 14 y salimos de madrugada, para entonces ya nos habíamos;
compenetrado en la batalla. Las columnas estudiantiles fueron;
dirigidas por los directores Rothschuh, Carlos Arroyo Buitrago;
y Víctor Manuel Báez Suárez. Entre los profesores y estudiantes;
se distinguían Gregorio Aguilar Barea, Mariano Miranda Noguera,;
Ramón Chow Díaz, Jorge Navarro, Eduardo y John Medina Borgen,;
Francisco Buitrago Castillo.;


Para poder llegar a San Jacinto se contrataron baquianos pues no;
habían ni senderos, por lo que tardamos varias horas caminando;
en medio del zuampo y las espinas, con gran estado de ánimo,;
alborotando avisperos de correvenado que nos había avanzar más;
de prisa. Cuando llegamos San Jacinto ya nos habíamos bebido y;
comido lo poco que llevábamos.;


La casa hacienda estaba en ruinas, los corrales de piedra yacían;
en el suelo y para colmo en uno de los corredores había una;
enorme boa que matamos armando tremendo griterío. Le costó a;
Carlos Fonseca Amador organizarnos, el pobre flaco iba de un lado;
a otro hasta que nos tendimos en el terreno.;


La batalla fue tremenda. Todos nos posesionamos de nuestros;
papeles. Hubo tanto realismo que por poco termina en tragedia,;
ya que a uno de los que hacían de filibusteros, Arturo Bush;
Mejía, lo colgamos de un árbol de chilamate y se estaba muriendo;
de verdad pues falló el nudo que le pusimos en el cuello.;


Algo de aquello nos quedó. Eso permitió que el ańo siguiente más;
preparados y organizados, mediante colecta pública, levantáramos;
a la entrada de San Jacinto la estatua de Andrés Castro, obra de;
la escultora Edith Gron, también marcaba la forja de la lucha;
insurreccional y guerrillera.;


No teníamos para entonces bandas de guerra, ni gimnasias;
rítmicas, sin embargo durante esos ańos, el "Ramírez Goyena", fue;
toda una escuela de civismo y patriotismo, parecía sentirse de;
nuevo el olor a pólvora en el Mesón de Rivas hasta resucitar la;
memoria de Zeledón y Sandino.;


La huella que dejaron los héroes de San Jacinto fue seguida por;
varios de los que estuvieron allí el 14 de Septiembre de 1955.;
Carlos, Navarrito, Medina, Chico Buitrago deben estar permanentes;
en nuestro recuerdo. Todavía Bartolo Sandoval cabalga por los;
llanos y Patricio Centeno espanta la yeguada.;


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