Opinión

La corrupción y sus consecuencias


— Guillermo Suárez Rivas —

Todo gobierno, al iniciar su gestión, recibe un margen de;
credibilidad correlativo con la definición de sus políticas. El;
caso del actual es insólito: a más de dos ańos de su gestión,;
sólo se ha definido por su ciega obediencia a los dictados del;
FMI, con su funesta secuela de alzas tarifarias en los servicios,;
cesantías en el organigrama del Estado, privatizaciones, etc.,;
etc. AsÍ es que la incredibilidad no se ha hecho esperar como;
reacción lógica, agravándose por la indignación que generan los;
divulgados actos de corrupción.;


Ahora bien, cuando la Contraloría General de la República comenzó;
a cumplir con sus objetivos, el Mandatario se sintió lastimado;
y respingó aduciendo que se trataba de "raterías"; pero a medida;
que el crescendo de las acciones de la CGR subía, el Jefe y su;
cúpula desarrollaban la insidiosa campańa en contra del;
Contralor. Sea como fuere, éste ha respondido a la insidia;
gubernamental, tensándose asÍ las relaciones entre la CGR y la;
cúpula gobernante.;


En verdad, la corrupción no es un fenómeno exclusivo de;
Nicaragua. Es universal. Subyace en la naturaleza humana, motivo;
por el cual se insiste en los mecanismos de control;
administrativo. La corrupción, en consecuencia, ignora las;
diferencias por razones de raza, sociales, políticas y;
religiosas. En nuestro país ha sido una secuencia histórica. El;
gobierno que precedió al actual, por ejemplo, hizo almoneda de;
los bienes de confiscados y del Estado. ¿Acaso ya lo olvidamos?;
Ese gobierno también tuvo su "pińata".;


Pero los tiempos cambian como resultado de la acción de los;
hombres. La cúpula gobernante debe de entender y comprender sus;
limitaciones. Las reformas constitucionales del 95 despojaron de;
su omnipotencia al titular del Ejecutivo. El Decreto 169 dotó a;
la CGR de facultades para desarrollar sus labores con;
independencia. Es errónea, pues, la estrategia diseńada por el;
gobernante y su cúpula. En vez de emplazar sus arcabuces en;
contra del Contralor, en un desesperado afán por sacudírselo -;
algo improbable-, debió de haber orientado a éste para que;
investigara los manejos incorrectos del gobierno de los 90.;


Entendemos que la campańa a que nos referimos ha sido un bumerang;
para la cúpula gobernante. Jamás se imaginaron que marcaría un;
hito en el proceso de concientización de la opinión pública.;
Ahora el hombre de la calle sabe que la CGR es su trinchera de;
lucha para erradicar las lacras de la corrupción. El hombre común;
-asediado implacablemente por la pobreza- ya está consciente de;
que su situación es motivada, en gran parte, por la corrupción.;


La verdad incuestionable es que el gobierno de turno luce;
enredado por la marańa de la corrupción. Y este asunto ha;
despertado la repulsa pública. Ha hecho coincidir, en criterios;
de desaprobación tanto a la Iglesia como al COSEP. ¿Es posible;
una rectificación gubernamental ante la creciente presión;
pública? ¿Pero qué clase de rectificación? ¿El relevo de los;
funcionarios corruptos? Sería un caos. Este gobierno se ha;
asentado sobre la corrupción y el nepotismo. Se trata de un;
gobierno que emergió de resultados electorales cuestionados; sin;
embargo, ya en el poder, se sobrestimó y consideró que el Estado;
es un coto privado para su cacería corrupta.;


En cuanto a las funciones de la Contraloría no hay regresión;
posible; por el contrario se le debe fortalecer jurídicamente y;
presupuestalmente. La involución no es posible porque -en cierto;
sentido- el pueblo tiene en la CGR su mampuesta.;


Finalmente, los nicaragüenses debemos de abandonar la cómoda;
posición de espectadores. Nunca como ahora -y como siempre- se;
impone la participación ciudadana. Creemos que la democracia es -;
fundamentalmente- un proceso participativo. Y no puede haber;
proceso democrático completo si no hay participación.;


Managua, septiembre 1998;