Opinión

La cuestión de la doble nacionalidad


— Augusto Zamora R. —

En las primeras etapas de la formación de los Estados modernos,;
el problema de la colisión y de la concurrencia de nacionalidades;
no representaba mayor problema. La dificultad de las;
comunicaciones hacía que las personas permanecieran arraigadas;
a sus lugares de origen y que se casaran entre ellas. La;
revolución industrial y el imperialismo europeo modificaron el;
panorama. El primero, tanto por arrojar a la miseria a millones;
de europeos, muchos de los cuales emigraron hacia América en;
busca de un trabajo que su tierra natal les negaba, como por;
promover un acelerado desarrollo de las comunicaciones, o que a;
su vez generó un creciente contacto entre distintos pueblos y;
esto, a su vez, un aumento espectacular en el número de;
matrimonios mixtos. El imperialismo, porque promovió la movilidad;
humana, desde las metrópolis hacia las colonias y neocolonias,;
y entre las colonias entre sí, con resultados similares. Los;
problemas de nacionalidad aumentaron y, con ellos, la necesidad;
de leyes que regularan el tema.;


Desde una perspectiva de Derecho Internacional, como seńaló la;
Corte Permanente de Justicia Internacional (caso de los Decretos;
de nacionalidad de Túnez y Marruecos, 1923) corresponde a cada;
Estado determinar la adquisición, pérdida y recuperación de la;
nacionalidad (principio de la competencia exclusiva). La CIJ;
confirmó este principio en 1955: "El Derecho Internacional deja;
a cada Estado el cuidado de determinar la atribución de su propia;
nacionalidad" (caso Nottebohm). No obstante, este mismo derecho;
establece que las normas de nacionalidad no son obligatorias para;
los demás Estados ("Un Estado no podría pretender que las normas;
por él establecidas deban ser reconocidas por otro Estado", dice;
la CIJ). De este hecho surgen los conflictos de leyes y, en el;
caso que nos ocupa, con la nacionalidad como norma de conflicto.;


La norma en este campo es la nacionalidad única. La doble (o;
múltiple) nacionalidad es la excepción. La norma es que cada;
Estado demande la primacía y exclusividad de su nacionalidad, lo;
excepcional es que acepte la coexistencia de dos o más;
nacionalidades. En ciertos casos concretos, la doble nacionalidad;
puede convertirse en una política nacional, atendiendo factores;
diversos. El ejemplo más relevante es el de Espańa, que;
atendiendo elementos históricos, culturales y migratorios, tiene;
suscritos tratados de doble nacionalidad con casi todos los;
países latinoamericanos, con excepción de México y Venezuela, por;
negativa de estos dos países. Los tratados bilaterales regulan;
los aspectos principales de la coexistencia de las dos;
nacionalidades y establecen la norma de la nacionalidad efectiva,;
que será la del país de residencia del binacional.;


La normativa sobre nacionalidad en Nicaragua no se aparta de la;
práctica general de los Estados. El artículo 20 establece que;
"Ningún nacional podrá ser privado de su nacionalidad, excepto;
que adquiera voluntariamente otra". El artículo 22, por su parte,;
dispone que "En los casos de doble nacionalidad se procede;
conforme a los tratados y el principio de reciprocidad". La;
combinación, necesaria, de los dos artículos permite resolver la;
cuestión de la nacionalidad. Por una parte, se pierde la;
nicaragüense al adquirir voluntariamente otra. Este artículo;
recoge, por una parte, el derecho de cambiar nacionalidad y, por;
otra, estipula el no reconocimiento por Nicaragua de un sistema;
indiscriminado de doble nacionalidad. El artículo 22 admite la;
posibilidad de la doble nacionalidad únicamente en dos casos: por;
medio de un tratado y por reciprocidad. De lo primero sirve de;
ejemplo el tratado entre Nicaragua y Espańa, del 25 de julio de;
1961, en vigor desde 1962, único existente en Nicaragua.;


La reciprocidad es un mecanismo de doble envío. Significa que no;
se perderá la nacionalidad nicaragüense cuando las leyes de otro;
Estado admitan la doble nacionalidad. En Centroamérica, aunque;
todas las Constituciones hacen referencia al centroamericanismo,;
las leyes obligan a renunciar a la nacionalidad de origen, con;
la excepción de Guatemala. Aplicando la norma de la reciprocidad,;
solamente en el caso guatemalteco cabe la doble nacionalidad. De;
ahí las interpretaciones erróneas de algunos comentaristas, sobre;
el valor del centroamericanismo en temas de nacionalidad,;
Nicaragua no puede hacer de la suya una nacionalidad devaluada,;
lo que sucedería si se aceptara que otros centroamericanos;
conservaran su nacionalidad, mientras los nicaragüenses se ven;
obligados a renunciar a la propia para adquirir otra;
centroamericana. Tampoco puede aceptarse la ficción de que el;
nicaragüense no pierde su nacionalidad aunque renuncie a ella al;
adquirir la de un país centroamericano. Tal idea llevaría a un;
conflicto de nacionalidades, pues para el país otorgante el;
nacionalizado ha dejado de ser nicaragüense y esa es una realidad;
que no puede desconocerse.;


Por tal motivo, el artículo 22 de la Constitución debe ser y es;
la piedra angular sobre la que dirimir la cuestión. Doble;
nacionalidad sí, a cambio de la reciprocidad. Un principio;
equitativo. La Ley de Nacionalidad (Capítulo V) recoge estas;
disposiciones, al establecer que, en materia de doble;
nacionalidad, "se procederá de conformidad con los tratados;
internacionales, el principio de reciprocidad y las leyes de la;
República de Nicaragua".;


Hay otros tipos de doble nacionalidad, no consentida ni aceptada,;
que surge cuando una persona, por causas ajenas a su voluntad,;
es receptora de dos o más nacionalidades. Tal es el caso de los;
hijos de matrimonios mixtos, cuando las leyes nacionales de cada;
uno de sus padres le otorgan la nacionalidad (a la que se sumaría;
una tercera, si se trata de un tercer país que otorga la;
nacionalidad por nacimiento). O el caso de las mujeres que, por;
causa de matrimonio, adquieren ipso fure la nacionalidad del;
marido, aunque su ley nacional no admita la concurrencia, pero;
su tratamiento no cabe en este contexto.;


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