Opinión

Una historia triste, no una historia de amor


— Sylvia Torres * —

Con menos de una semana de diferencia me he encontrado en la;
prensa nicaragüense varias notas en la que se califica de;
enamoramiento la persecución y/o abuso sexual por parte de hombres;
adultos hacia nińas de trece ańos. Y no me refiero esta vez a;
Daniel Ortega. Si no a un hecho de sangre que culminó con el;
asesinato de una nińa la semana pasada, y una deleznable nota;
publicada en La Prensa en la que Alberto L. Alemán defiende al;
sujeto Juan Ramón Aguilera Medrano quien violó, raptó y embarazó;
a otra menor.;


Alemán resiente que la Procuraduría y los Organismos de Derechos;
Humanos hayan rechazado la petición de indulto para el violador;
alegando que se trató de una historia de amor entre la "presunta";
víctima y Aguilera. Más aún, que la jovencita "quiere" a su;
victimario. El titular de la otra historia fue algo así como;
"Historia de amor acaba mal" y redundaba en alusiones al "amor";
no correspondido del adulto homicida hacia la nińa. Francamente;
hay que estar muy confundido o tener la mente muy retorcida para;
revolver el amor con el abuso. Aunque no es extrańo.;


Existen en algunos medios sociales una concepción distorsionada;
de la nińez. A los trece ańos una nińa o nińo debería pensar en;
juegos y tareas escolares, pero la pobreza, el desempleo, la;
ignorancia o la des-obligaciones de la familia obliga a los;
menores a trabajar como adultos. Y el problema no es el trabajo,;
ciertamente la educación en el trabajo como decía Anton Makarenko,;
y el sentido común, es parte esencial del proceso de formación de;
responsabilidades. El problema es que la frontera entre la;
enseńanza del valor del trabajo y la explotación de la labor;
infantil es muy delgada.;


En muchos casos el resultado de esta socialización en el trabajo;
es el robo de la infancia por parte de la familia y de la;
sociedad. Se obliga a los nińos y nińas a trabajar para proveer;
a la familia. En los casos más extremos se les entrena para que;
solos o acompańados de sus madres u otros adultos madruguen a;
vender, cuidar carros o trabajar la tierra. Pero en el caso de las;
nińas la situación es peor. A ellas se les asignan tareas;
domésticas como cocinar, lavar, planchar para sus familias, y;
cuidar de los menores mientras los varones de su edad y los;
adultos beben, juegan o duermen. Se las vuelve jefas de hogar;
sustitutas como documentaron para el cine Martha Clarissa;
Hernández y María José Alvarez en 1995.;


Se dice que estas nińas que como ya saben trabajar ya se;
convirtieron en "mujercitas". Esta adultización forzada establece;
una falsa representación de las nińas y su subjetividad porque;
coloca a nińas sin poder en igualdad de condiciones con adultos;
poderosos. Este eufemismo no sería un problema si no fuera porque;
el reemplazo de la imagen de la nińa por la de una "mujer;
chiquita" transmite a la nińa responsabilidades y culpas que no;
les corresponden, -y que bastante dańo hacen a las adultas-, como;
el de ser seductoras de hombres y causantes de la desgracia de los;
abusadores.;


A los trece ańos una criatura apenas está descubriendo los cambios;
en su cuerpo y aún no se ha terminado de formar la personalidad.;
A esa edad no pueden existir "relaciones amorosas" y menos;
sexuales porque eso presupone "mutuo acuerdo" de las partes. Y no;
puede haber "consensualidad" entre una menor y un adulto por la;
disparidad de poderes. Lo que ocurre en esos casos es la inducción;
y manipulación del deseo sexual, y eso se llama abuso sexual,;
estupro, no enamoramiento.;


Esta justificación del abuso sexual de menores, en la que a veces;
inconscientemente participan algunos periodistas, sólo contribuye;
a la proliferación y encubrimiento de estos delitos y a la;
naturalización de problemas sociales como los embarazos en;
adolescentes en los que generalmente el engendrador es un hombre;
mayor que la nińa o joven embarazada. Frente a esta situación lo;
menos que podemos hacer es llamar a las cosas por su nombre,;
estupro es estupro. No una triste historia de amor, sino una;
triste historia que desde los medios de comunicación podríamos;
ayudar a combatir.;


Sylvia Torres/Departament of Anthropology/University of Pittsbugh/;
Adress: 2320 Mission St/Pittsburgh PA. 15203/Phone 412 431 8604.;