Opinión

El Ché, el quijotismo y el pancismo


— Onofre Guevara L. —

La figura de Ernesto Guevara, el mítico y místico Che, paradigma;
del revolucionario de este siglo, puede ser discutida, pero nunca;
anulada. Desde el ángulo político que se la mire y con la métrica;
ideológica con que se la mide, la imagen del Che seguirá intacta.;
Su alto componente ético-moral lo probó con su renuncia a las;
glorias y vanidades del poder para seguir, consecuente e;
inspirado, sacrificándose hasta el fin por su ideal de liberación;
de los oprimidos de todo el mundo.;

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Fidelidad a la causa en la que creyó, y la renuncia a todo;
privilegio personal, fueron para el Che sinónimos de entrega;
incondicional a la lucha por la justicia social. Quijotismo pues,;
en su expresión más cuerda y humanamente cabal. Y eso fue lo que;
lo hizo trascender, incluso, por encima de su ideología, aunque;
ésta haya sido -como lo es para todos- el punto de arranque hacia;
una dirección concreta. Para el Che, la ideología se justifica;
sólo si tiene como fin la liberación de hombres y pueblos.;

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El quijotismo en el Che adquiere un sentido nuevo, enriquecido por;
él con su aventura, pero de aventurero "de un tipo diferente y de;
los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades". El;
parentesco de su aventura con la del personaje cervantino, el Che;
lo descubre al despedirse de Fidel: "Otra vez siento bajo mis;
talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga;
al brazo...".;

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Inspirada en la vida, la acción y el humanismo ejemplares del Che,;
la cubana Mirta Aguirre se replantea la pregunta acerca de qué es;
el quijotismo, y logra hacer una magnífica redefinición del mismo:;
"Quijotismo no es engańo sobre el alcance de las propias fuerzas,;
aunque ese engańo lo sufriera el Caballero de la Triste Figura;;
quijotismo no es, tampoco, idealización del pasado e intento de;
mejorar el mundo pretendiendo retornos a él; quijotismo no es;
locura, aunque loco estuviera el hidalgo manchego; quijotismo es,;
apartando todos los ramajes que envuelven al protagonista de;
Cervantes, ser lo que el propio personaje detalla al marcharse de;
casa del Caballero del Verde Gabán:;

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"... casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal;
en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos,;
caritativo con los menesterosos y finalmente, mantenedor de la;
verdad, aunque le cuesta la vida el defenderla".;

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Habrá quienes querrán darle énfasis a los antónimos de los valores;
del quijotismo que -como hombre de acción- debieron estar;
presentes en algún momento de la vida del Che durante la formación;
de su personalidad. Pero sería un vano consuelo, pues bastaría;
recordar que no son la deshonestidad, el conservadurismo, la;
cobardía, la impiedad y la mentira por los cuales con el Che se;
identifican millones de idealistas jóvenes y adultos de ambos;
sexos y de varias generaciones de todo el mundo. Con saber eso les;
basta para dejar incólume la imagen del Che en sus corazones y;
pensamientos, no obstante el derrumbe ético-moral de los líderes;
de otras revoluciones.;

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No es casual, sino por tres motivos, el hecho de recordar ahora;
al Che Guevara y sus valores de hombre y revolucionario ejemplar.;
Estos motivos son: el aniversario treintiuno de su muerte, la;
negación que se ha querido hacer de las cualidades teóricas del;
Che (Ącómo si no bastarán sus cualidades éticas para;
perennizarlo!) y el pretendido resurgimiento del liderazgo de;
Humberto Ortega, al amparo de las componendas libero-sandinistas.;
Solamente resta hacer referencia a este último motivo.;

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Incentiva tocar el asunto, porque la figura del ex general;
Humberto Ortega, concentra valores opuestos a los que;
inmortalizaron al Che, habiendo partido ambos -es lo que se ha;
creído- de la misma raíz revolucionaria. El Che, en el poder, no;
dio cabida a la ambición personal; no culminó su vida imitando el;
sistema de vida de quienes combatió; no se apropió de bienes;
materiales amparado en su cuota de poder; no buscó alianzas;
económicas con sus antiguos adversarios políticos; jamás trocó su;
aporte a la revolución por su enriquecimiento económico.;

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Ojalá que el rechazo de algunos dirigentes del FSLN a la presencia;
de Humberto Ortega en las pláticas con el gobierno fuera por su;
desvío al pancismo, y no por los celos de sentirse desplazados por;
él. Como es conocido, Ortega ni siquiera vive en el país, ni;
comparte con el pueblo nicaragüense las consecuencias de las;
políticas neoliberales, porque está a buen resguardo de las;
incomodidades, ya no digamos de la pobreza y las arbitrariedades;
del gobierno de Alemán.;

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Dos observaciones finales: a) Si Ortega es la antítesis del Che,;
el pancismo es la antítesis del quijotismo y, por desgracia, no;
se trata de un fenómeno individual; b) a nadie de los que -con;
buen o mal suceso- han bregado o bregan por la transformación;
social se les puede exigir lo imposible: ser como el Che, pero;
tampoco se les puede tolerar que pasen por revolucionarios, si;
viven y actúan de forma contraria a como vivió y actuó el Che.;

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