Opinión

Un presidente en Lisboa


— Augusto Zamora R. —

Arnoldo Alemán, en Lisboa, quiso sentar a Cuba en el banquillo;
y acabó sentado él. En el banco de la esquina, de cara a la;
pared.;

;
Buscó un pulso con Fidel, pero no había color: era peso mosca;
contra peso pesado. Si buscaba llamar la atención, no lo;
consiguió. Los medios valoran más un silencio de Fidel que diez;
estridencias ajena.;

;
Si comparamos la Cuba de Fidel con la Nicaragua de Alemán, gana;
Fidel por K.O. Indice de Desarrollo Humano: Cuba, puesto 85;;
Nicaragua, puesto 126. Alfabetizados: Cuba 96%, Nicaragua 66% (y;
en declive). Dignidad, Cuba, 10; Nicaragua, 0. Si de emigración;
hablamos, más de un tercio de nicaragüenses ha abandonado el país;
en los últimos ańos (y sigue). La democracia, ni tocarla.;

;
En Nicaragua sólo ha servido para enriquecer a una minoría;
corrupta y envilecer el país. Para predicar virtudes hay que;
tenerlas, Seńor Presidente.;