Opinión

Madre Albertina Ramírez


— Prof. Manuel S. Cruz T. —

Hablar de Madre Albertina es referirse a una Santa, porque Santas;
fueron sus fundaciones, santa fue en su vida y también en su;
muerte.;


Cuando yo evoco la memoria de esta Santa Mujer sólo cruzan por;
mi mente los pasajes terrenales de Santa Francisca Xavier;
Cabrina, fundadora de la Orden Religiosa del Sagrado Corazón de;
Jesús, rectoras de los Colegios de la Inmaculada.;


Por un favor especial concedido por el Seńor tuve la oportunidad;
de trabajar con las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús y con;
la propia Madre Albertina, Madre Fundadora de las Hermanas de;
Cristo Rey. Eso me permitió conocer a la Santa Cabrina y a la no;
menos santa nicaragüense Madre Albertina Ramírez, comparar sus;
vidas y considerarlas bienaventuradas ante los ojos del Seńor.;


La Orden de Cristo Rey hizo su profesión religiosa en la Catedral;
Metropolitana de Managua el 2 de Febrero de 1950, bajo la;
dirección espiritual del Padre Antonio Atucha S.J.;


Madre Albertina era santa desde en vida, cuando uno se acercaba;
a ella, ya en su silla de ruedas, era recibido por una corriente;
o soplo extraordinario que le permitía a uno comprender con mucha;
facilidad las palabras que ella pronunciaba.;


A mí me tenía especial estimación que nunca se negó a recibirme,;
siempre que solicitaba por medio de Madre Rosa María Agurcia. Yo;
digo que me tenía carińo especial, pero eso mismo dicen todas las;
personas que la trataban. Por eso digo que era una Santa, para;
todas tenía una palabra de alivio, un consuelo ante todas las;
vicisitudes de la vida.;


Cuando el terremoto de 1972, ante el desastre de nuestra capital,;
estuve refugiado en el pueblo de Diriomo; la plana mayor de la;
Congregación se había trasladado a la ciudad de Granada y en;
Diriomo carecía de todo, porque los colegios no habían;
principiado a trabajar. Una tarde, sin haberle dado la dirección;
se apareció con una compańera llevándome toda clase de ayuda ante;
esos días de crisis. La Santa sabía de mis necesidades y llegaba;
a protegerme.;


Bendita sea Madre Albertina y que desde su trono vela por todos;
nosotros.