Opinión

El problema del reflujo


— Guillermo Suárez Rivas —

Es preocupante el estado de postración que presenta el movimiento;
sindical. Sus analistas revelan que el desempleo ha reducido la;
militancia en las organizaciones; denuncian la agresión que --;
bajo distintas formas-- comete la patronal, como la de las;
artimańas legales para lograr el desaforo de dirigentes;
sindicales, creando con ello un clima de temor a la cesantía;
entre los trabajadores y, finalmente, arguyen que el;
individualismo es disociativo. Los analistas se abstuvieron de;
seńalar los antecedentes de esta crisis, uno de los cuales es la;
incredulidad generada por la conducta de apócrifos dirigentes;
sindicales que --durante la década sandinista-- hegemonizaron el;
movimiento laboral despertando falsas expectativas y luego;
aparecieron como empresarios o capitalistas. ĄCosas veredes,;
Sancho amigo!;


Este detalle desolador del sindicalismo es parte del cuadro;
general de lo que han dado en llamar reflujo. Dos hechos;
ejemplifican esta situación: las demostraciones masivas de los;
estudiantes y la firmeza gremial de los médicos en sus demandas;
económicas. Durante el desarrollo de tales movilizaciones no hubo;
una sola reacción patente de solidaridad social. ¿Por qué? La;
población --pudimos comprobarlo-- se identificaba con las;
acciones de protesta, pero nada más. Simplemente una mera actitud;
pasiva, a pesar de que hubo el estímulo de las represiones, y en;
el caso de los estudiantes abundaron los vapuleados, heridos y;
hasta muertos.;


Ahondando sobre este fenómeno social, a raíz del colapso del;
proceso del 79, se produjo un inequívoco desaliento que aún;
gravita sobre la sociedad. Toda la suma de esfuerzos y;
sacrificios en vidas humanas, fueron en vano ante la tremenda;
agresión externa y los crasos errores de conducción a lo interno.;
Las masas creyeron en sus dirigentes pero éstos los defraudaron,;
originándose un ineludible clima de incredulidad y frustración.;
Ha devenido, pues, el yoquepierdismo como la expresión más;
vergonzosa de individualismo. El hombre de la calle luce abatido;
bajo el peso de sus problemas cotidianos, masculla maldiciones;
contra tirios y troyanos pero, finalmente, adopta la cómoda;
posición del avestruz.;


Lo más grave pero predecible es que --dentro de esta etapa de;
reflujo-- se ha desarrollado y se sigue desarrollando-- con el;
comprensible apoyo gubernamental, una inmisericorde explotación;
de asalariados, dando como consecuencia aquello de que "ahora el;
pobre es más pobre; y el rico, más rico". Esta situación debe ser;
superada, a menos que la indiferencia esté auspiciando un;
probable estallido social de imprevisibles efectos.;


Ahora bien, las condiciones coercitivas en que nos desenvolvimos;
bajo el somocismo templaron --indudablemente-- nuestro espíritu;
de lucha. Tales circunstancias han variado. Ahora vivimos un;
relativo proceso de ampliación democrática. El ejercicio de la;
libertad de prensa, por ejemplo, permite denunciar la corrupción;
y combatir los desafueros del gobierno. Esto no quiere decir que;
estamos exentos de represión. Precisamente, en el área sindical,;
se ha denunciado la metodología persecutoria en la Zona Franca.;
Tampoco estamos diciendo que este relativo proceso de ampliación;
es una dádiva de este gobierno o del que le antecedió: Queremos;
seńalar que la preservación de los derechos humanos es una;
tendencia mundial y que, por lo consiguiente, la represión;
indiscriminada y salvaje del somocismo ha desaparecido. Ahora el;
neo-somocismo aplica métodos más sutiles de coerción.;


No debemos de equivocarnos: hay una democracia formal y una;
democracia real. Ambas se contradicen, pero la habilidad del;
dirigente --cuando es consistente y creativo en la lucha-- radica;
en su habilidad para desenvolverse dentro de esa contradicción.;
Concluyendo, entendemos que no debemos esperar hasta las calendas;
griegas para afrontar responsablemente este fenómeno del reflujo.;
¿Cómo? ¿Desarrollando nuevas formas de organización?