Opinión

Narciso frente a su espejo


— Onofre Guevara L. —

Hay verdades tan obvias, que la sola idea de contradecirlas se;
desvanece en la íntima convicción de que sería como actuar contra;
la corriente o, peor aún, de mala fe. Es lo que pensé al leer el;
editorial de un diario capitalino, acerca de "La relaciones del;
presidente con el periodismo nacional". Ahí se asegura que el;
mandatario y "sus asesores parecieran desconocer el principio;
elemental de que gobernar es comunicar (...) y mantener;
relaciones fluidas, transparentes y armoniosas con los medios de;
comunicación".;


El editorialista acierta también cuando dice que no lo hacen;
porque ignoren esa verdad, sino por que "creen que la buena;
relación con los medios se basa en prebendas, en el;
favorecimiento con pautas publicitarias (...) y demás formas de;
soborno y por lo tanto de corrupción". Verdades incontrastables.;
Hasta aquí, todo preciso y en su lugar.;


Más adelante, sin embargo, sobre el escrito se cierne el espíritu;
de Narciso y asoma la nariz de Pinocho en crecimiento. Convencido;
de que ha entrado con una verdad en ristre, el editorialista no;
pudo resistir la tentación de auto-admirarse frente a su propio;
espejo y --poniéndose como el ejemplo o el modelo del bello;
periodismo independiente-- mete un concepto de la prensa;
profesional reńido con la verdad, porque afirma, categórico, que;
este tipo de periodismo "no tiene ningún interés en hacer;
política ni en practicar oposición, porque, como es el caso de;
La Prensa, nosotros (ojo: ĄNarciso se pluraliza!) no obedecemos;
a ninguna causa política partidista, ni personal ni familiar".;


Demasiada asepcia para tan irreal belleza, o ¿demasiada belleza;
para ser real tanta asepcia? No sé. Pero, de todas formas, la;
afirmación no aguanta un cotejo con la realidad --Ąni falta que;
hace hacerlo!--, a menos que sea con la de otra galaxia, porque;
lo que es aquí, en nuestro pequeńo universo, el periodismo no se;
ejerce dentro de un nicho tan ideal y herméticamente cerrado que;
no pueda contaminarse aunque sea con un mínimo de los muchos;
virus socio-políticos del ambiente.;


Imposible olvidar que el profesionalismo periodístico puede ser;
bien manejado por quienes expresan abiertamente su intención;
política como por quienes la esconden dentro de una retórica;
melosa, pero es muy presuntuoso pretenderlo pasar como periodismo;
imparcial o aséptico.;


Como me considero entre quienes no ocultan su interés político;
cuando escriben, le concedo al lector toda la razón si no cree;
en lo que aquí digo. Pero tal vez aceptaría pensar dos veces;
antes de rechazar lo que escribe J. Herbert Altschull;
(catedrático de periodismo en la Universidad de Indiana,;
reportero y editor de diarios como The New York Times, agencias;
como Associated Press y cadenas de radio y TV de los Estados;
Unidos), sobre la inexistente imparcialidad de la prensa.;


Atschull dice... "que el contenido de la prensa está directamente;
relacionado con los intereses de quienes la financian. La prensa;
es el flautista y la tonada que toca el flautista la componen;
quienes pagan al flautista. Y esto sucede aunque no siempre se;
conozca la identidad del pagador; de hecho, al pagador le;
conviene mantener el perfil más bajo, pues así contribuye al;
mantenimiento de la tradición. La relación entre el flautista y;
sus pagadores adopta cuatro formas diferentes: oficial,;
comercial, de interés e informal".;


Resumo las cuatro formas que Atschull describe: a) la oficial,;
está determinada por normas, reglamentaciones y decretos;
estatales; b) La comercial refleja los puntos de vista de los;
anunciantes y de los aliados comerciales de los propietarios del;
periódico; c) la de interés, se hace eco de las preocupaciones;
de las empresas financieras, los partidos políticos u;
organizaciones religiosas; d) la informal; refleja las metas de;
los familiares, amigos o conocidos.;


Obviamente, Atschull piensa en la prensa de su país, como en la;
del antiguo sistema socialista y la del tercer mundo, o sea, en;
todos los modelos de prensa. No obstante, en nuestro medio --por;
características y tradiciones propias-- existe una prensa;
susceptible de asumir la defensa de los intereses de algunos;
sectores populares, con independencia del Estado (no absoluta;
pues existe una pauta publicitaria oficial que, aun manipulada,;
funciona) y de la gran empresa. Pero es imposible pretenderse;
asépticamente independiente.;


El amigo editorialista, por lo que escribió, no está de acuerdo;
con estos criterios, y, de esta forma, ejerce libremente su;
derecho de opinión. Pero --y disculpen la insistencia--, la;
realidad no descubre más formas básicas que las mencionadas, pese;
a que cualquiera puede, si quiere, vivir su propia ficción de;
realidad. En este caso, Narciso tiene derecho a mirarse en su;
espejo tan bello como quiera.;


En definitiva, la séptima ley del periodismo --según Atschull,;
otra vez--, termina poniendo las cosas en su lugar: "Las;
prácticas de la prensa siempre difieren de la teoría".