Opinión

Los que saben y los que no saben


— Sergio Ramírez Mercado —

Se celebró recientemente en Antigua Guatemala el Foro "América;
Latina-Europa para un desarrollo social sostenible en el siglo;
XXI", bajo los auspicios de la Comisión Europea, la Agencia de;
Cooperación Espańola y la Comisión Sudamericana Paz, Seguridad;
y Democracia, y me tocó presidir la mesa sobre el tema de "La;
educación, puerta de acceso a la sociedad del conocimiento", en;
la que Ernesto Ottone, secretario de la CEPAL, presentó la;
estupenda exposición "¿Qué educación para la América Latina en;
el siglo XXI?". He aquí algunas de mis reflexiones.;


El fin de siglo abre no pocos interrogantes de cara a nuestro;
destino del próximo milenio, pero el más intrigante de todos, y;
el más crucial, se refiere sin duda a la educación. Cuánto vamos;
a saber, y cómo vamos a aplicar el conocimiento en un mundo, que;
como nunca, va a dividirse no sólo entre los que tienen y los que;
no tienen, sino, sobre todo, entre los que saben y los que no;
saben.;


La globalización no es sólo un fenómeno de integración de;
mercados, sino de conocimientos, y de uso privilegiado del;
conocimiento para definir estratos de poder. Y también como;
nunca, el mercado es capaz de convertir a la inteligencia en una;
mercancía; tanto sabes, tanto vales, aplicado a los invididuos,;
pero sobre todo a los países. Porque no se trata de que los;
científicos puros y los genios olvidados estén pasando ahora a;
ser los millonarios del futuro, de manera automática, sino que;
el conocimiento aplicado a los grandes sistemas del saber, que;
producen dividendos universales, será cada vez más la clave del;
dominio mismo de los mercados, y de su desarrollo.;


Las revoluciones del saber han cambiado siempre a la humanidad;
y aquellos que han adelantado el conocimiento, y han abierto;
nuevas puertas para aplicarlo, han entrado en la lista;
privilegiada de los genios descubridores, pero no en la de los;
megamillonarios. Ahora ha dejado de ser así; y esa es la;
diferencia entre Gütenberg y Bill Gates.;


Cito el ejemplo de Gates, a la cabeza de los megamillonarios en;
la lista de la revista Forbes, porque nos enseńa que la riqueza;
dependerá ahora de la aplicación del saber, como mercancía, más;
que del dominio del tráfico de las materias primas, algo que nos;
toca muy de cerca; y dependerá, cada vez menos, de la producción;
local de esas materias primas, divisas del tercer mundo en todos;
los conceptos. Si habrá guerras será por el dominio de los;
sistemas de software y de los satélites, y no del caucho, del;
banano, o del cobre. Aun en este sentido, corremos el riesgo de;
pasar a ser paisajes políticos olvidados.;


Si no nos preparamos para aprender, en términos individuales y;
sociales; si no nos aplicamos a organizar sociedades de;
conocimiento, donde la aventura de pensar vaya a la par con la;
de imaginar, ser críticos, y participar, los abismos de la;
pobreza, y del atraso, seguirán ensanchándose ante nuestros;
propios pies. El abismo está allí. Y nosotros estamos lejos de;
haber empezado a creer que la educación, así vista, con poder;
transformador, es la pieza esencial del desarrollo. En verla como;
clave de lo que Carlos Fuentes ha llamado el progreso incluyente.;


Alguien repetirá, como desde hace tiempos, que es utópico pensar;
que la educación, por sí misma, vaya a ser capaz de crear el;
desarrollo económico, si nuestras sociedades siguen siendo como;
hasta hoy, tan injustas, y tan discriminatorias. Es obvio que es;
necesario crear sociedades justas, de manera integral, pero;
también la pregunta sobre el huevo y la gallina, es demasiado;
vieja, y nos ha tomado demasiado tiempo perdido.;


Y lo que tenemos hoy, son sociedades injustas, pero además, con;
sistemas de educación obsoletos, que están mirando hacia utopías;
del pasado que esos sistemas nunca pudieron ayudar a construir,;
y que perecieron bajo el peso del autoritarismo, porque la;
educación implantada tampoco pudo generar la democracia; son;
sistemas que se quedaron para seguir intentando crear los;
esplendores del desarrollo del siglo XIX.;


Hoy, las oportunidades de educación se desperdician sin eficacia,;
y los pocos recursos disponibles se aplican mal; sólo en alumnos;
repitentes, que son una tercera parte de la matrícula, América;
Latina pierde cada ańo cuatro mil millones de dólares, según las;
cifras expuestas por Ottone. Y el panorama, sigue siendo;
aterrador: sólo la mitad de los estudiantes que empiezan la;
primaria, la terminan; y de los nueve millones de nińos que en;
el continente ingresan al primer grado, cuatro millones ya no;
pasan al segundo. El pasado nos sigue mirando con ojos de;
derrota.;


Llegar a ser sujetos activos de la revolución del conocimiento;
que apenas comienza a operarse en el mundo, implica primero que;
nada, ponernos al día. Nuestro desafío no es hoy manera inmediata;
la postmodernidad, sino alcanzar la modernidad misma, que sigue;
siendo el escalón roto, el camino perdido hacia nuestra utopía;
lejana. Y la educación establecida, con sus vicios, sus;
carencias, y sus ambiciones frustradas, no ha podido siquiera;
hacernos modernos.;


De modo que, para empezar, la nueva educación que cree la base;
de nuestros intentos hacia el futuro, debe tomar en cuenta la;
equidad (que todos tengan la oportunidad de participar), la;
competitividad (una educación moderna en sí misma y capaz de;
volver moderna a la sociedad) y la ciudadanía (crear ciudadanos;
para una sociedad democrática de gestión, e información), tal;
como lo define la UNESCO.;


Faltará ver si los latinoamericanos nos embarcamos hacia la;
modernidad, que es hoy nuestro desafío, "como galeotes, o como;
viajeros con bagajes, proyectos y memoria", como seńala Alain;
Touraine. O galeotes, o pasajeros de la historia.;


La respuesta, si no es nuestra, ya no será nunca respuesta.;


Managua, octubre de 1998.;