Opinión

Y la "condonación" interna, ¿cuándo?


— Onofre Guevara L. —

Es imposible comprobar si lo que ha movilizado tan rápida y;
generosamente la solidaridad mundial con nuestros países;
centroamericanos es la dimensión del desastre natural que nos ha;
causado tantos dańos materiales o si es la profundidad del dolor;
humano (inconmesurable por demás), causado por el fenómeno.;
Aunque, ¿es posible acaso poder separar ambos aspectos de la;
tragedia provocada por el huracán? Seguramente que no.;


Pero la duda no es gratuita. Surge al respecto, porque nunca se;
ha visto tal dinamismo cuando de socorrer se trata a los sectores;
sociales víctimas del hambre y la pobreza en Centroamérica, que;
es un desastre social permanente y destruye la vida de millones;
de seres humanos. Obligado es reconocer, entonces, que este drama;
social tuvo que combinarse con los macabros resultados materiales;
del huracán para que pudiera despertar tan vivamente la;
solidaridad mundial.;


La violencia espectacular y trágica del fenómeno natural ha;
conmovido más a todo el mundo, y despertado menos el sentimiento;
humanitario ante las consecuencias del desastre social que --en;
períodos "normales"-- hasta parecen pasar inadvertidas y;
sensibilizan a muy pocos. Tal vez será por la cotidianidad del;
fenómeno, pero más nińos mueren de enfermedades curables y de;
desnutrición y, sin embargo, nadie escuchó antes las voces que;
han demandado la condonación de la deuda externa de nuestros;
países.;


Esta observación puede parecer grosera, pero es necesaria y;
objetiva, porque, de otra forma, nos sería difícil evaluar la;
calidad de la ayuda internacional y poder compararla con las;
actitudes de nuestras clases dominantes. Sobre todo --y por;
razones obvias--, la comparación nos interesa a los nicaragüenses;
para poder calibrar el desempeńo de nuestros gobernantes.;


Por la pronta y amplia ayuda del exterior, hemos podido constatar;
con mayor relieve que el ingrato mal comportamiento, los mismos;
privilegios y los altos salarios de los funcionarios;
gubernamentales se mantienen igual en estos momentos de tragedia;
humana y desastre natural, que en los tiempos de "normalidad",;
cuando los estragos huracanados de la pobreza arrasa con la vida;
y el bienestar de los sectores marginados.;


A las deficiencias ético-administrativas del gobierno, se sumaron;
--entre las más notables-- la imprevisión ante las amenazas;
iniciales del huracán Mitch, la manipulación política de sus;
resultados y la "descentralización" inconstitucional de los;
municipios al imponerles la autoridad eclesial en sus comités de;
emergencia. Tampoco las estructuras burocráticas estatales se han;
distinguido por su dinamismo en las tareas de salvamento y en la;
distribución de la ayuda, sino el Ejército, la Cruz Roja, los;
Bomberos, la Policía y la mayoría de los alcaldes de los;
municipios afectados.;


En cambio, en ningún momento de la tragedia han pensado siquiera;
renunciar, en primer término, a los sueldos que son iguales o más;
altos que los que ganan sus homónimos en los países que sin ser;
ricos nos ayudan y nos condonan las deudas, y de los que;
realmente lo son. Si ese injusto, abusivo y absurdo privilegio;
salarial ha sido objeto de repudio aun en la "normalidad" de;
nuestro país, su continuidad en este trágico período lo debe ser;
con mayor razón.;


La conducta oficial no tiene la menor equivalencia con la;
generosidad extranjera, porque mientras somos socorridos desde;
todos los puntos geopolíticos del mundo, incluso con la;
condonación y rebaja de deudas, la burocracia estatal no rebaja;
ni un centavo de esta deuda inmoral que, por medio de su pitanza,;
le ha impuesto al pueblo nicaragüense. Entre los reclamos de;
nuevas conductas, los borrones y de cuentas nuevas, es patriótico;
exigir una nueva ética al gobernante, sus ministros, altos;
empleados y a los diputados para que puedan condonar al pueblo;
por lo menos la mitad de lo que cuesta su mantenimiento.;


Esa sería una ayuda para la reconstrucción más valiosa y eficaz;
que obligar a los empleados públicos a trabajar una hora extra.