Opinión

Responsabilidad compartida


— Onofre Guevara L. —

El huracán Mitch, es el enésimo desastre natural que ha venido;
a confirmar nuestras fragilidades geológicas, geográficas,;
estructurales, sociales e institucionales. Esto nos condiciona;
una realidad de pueblo consuetudinariamente damnificado y, por;
eso mismo, sujeto a cualquier eventualidad de signo trágico y;
objeto de la conmiseración internacional. El despegue hacia otra;
realidad, patina --reiterada y fatalmente-- entre terremotos,;
huracanes, otros fenómenos naturales y la política.;


Naturalmente, nada podemos hacer para evitar los fenómenos;
naturales --estamos igual de indefensos e impotentes que todos;
los países, incluso los desarrollados--, pero, a diferencia de;
los otros (o de casi todos), la falta de prevención y la frágil;
defensa y poca capacidad de reconstrucción antes y después de la;
ocurrencia de estos fenómenos, es culpa de nuestra fragilidad;
estructural nunca superada a causa de nuestra debilidad;
institucional. Y esta cadena de causas y efectos sociales, cae;
bajo la responsabilidad del atrasado orden político nacional y;
de la voraz ambición de sus protagonistas.;


La remisión a los hechos es obligada, aunque parezca innecesaria.;
La ubicación inadecuada y la pésima infraestructura de las;
comunidades y la calidad de las viviendas rurales, es resultado;
del histórico sistema social de explotación y marginación del;
campesinado. ¿Cómo no esperar entonces que comunidades enteras;
queden aplastadas por el derrumbe de un cerro o que a otras las;
arrastren las aguas desbordadas de los ríos, si a ningún gobierno;
le interesó jamás la seguridad de estas poblaciones? Al;
contrario, su situación ha sido inadvertida por los despojadores;
y sus cómplices en los gobiernos.;


¿Acaso los expropiadores --que casi siempre son los mismos;
políticos-- alguna vez se interesaron en prevenir del peligro a;
la gente del campo y ayudarle a planificar viviendas dignas y;
seguras, siendo ellos quienes las expulsan de sus tierras y la;
obligan a vivir al pie de los cerros y a la orilla de los ríos;
y caminos? ¿han protegido su tierra, su trabajo y su producción;
para que crearan mejores condiciones de vida, quienes dan marcha;
atrás a la reforma agraria? La realidad responde: buena parte de;
los dańos a los humanos, corresponde a la desprotección;
institucional y al saqueo de los recursos del Estado que deberían;
servir para prevenirlos de los desastres naturales.;


Los dańos en las ciudades y la marginación social tiene iguales;
responsables que en el campo, y se agravan con el abandono y la;
desatención de las alcaldías a los problemas urbanísticos y de;
la infraestructura. Calles sin pavimentar o pavimentadas pero sin;
alcantarillas, son típicas y causantes de inundaciones,;
estancamientos de aguas y de los "cráteres" que obstaculizan el;
tránsito y destruyen los vehículos. La prevención de desastres;
es nula y la actividad de las alcaldías se limita al fachadismo;
con obras inútiles que no previenen nada, sino que suman dańos;
por lo costosas que resultan.;


Los presupuestos edilicios se agotan en el sostenimiento de su;
carísima burocracia y, en consecuencia, hay muy poca inversión;
en infraestructura. En los gobiernos locales y central, lo mismo;
que en los otros poderes y entes del Estado, los sueldos;
elefanteásicos de los funcionarios no se compadecen con la;
pobreza reinante ni con las limitadas gestiones que realizan.;
Siendo así, ¿puede ser fatalmente inevitable que miles de;
personas "vivan" en las condiciones de la Chureca, Las Torres y;
el Manchester? ¿cuántas viviendas sencillas, pero seguras, se;
podrían construir con lo que valen los vehículos y con los;
sueldos anuales del Alcalde, de los concejales y funcionarios?;


Más bien, omitiendo con cinismo su responsabilidad en las;
consecuencias sociales de los desastres, los funcionarios --del;
presidente para abajo--, lo primero que hacen después de cada;
tragedia es demandar la ayuda internacional. Una gestión ya;
rutinaria de nuestros gobernantes, pues se acostumbraron a ganar;
como ricos y a pedir como indigentes.;


La auténtica solidaridad, por su nobleza y desinterés, la;
practica el pueblo nicaragüense cuando --como ahora-- sus;
sectores más vulnerables vuelven a ser víctimas de las furias;
naturales y de la abulia institucionalizada. Pero por la pobreza;
general existente, es una solidaridad más sentimental que;
material.;


No hay dudas de que la magnitud de la tragedia provocada por el;
huracán Mitch ha conmovido sinceramente a toda la sociedad, no;
obstante que su parte económicamente pudiente siempre muestra una;
solidaridad ocasional, que desaparece en cuanto se pierden de;
vista los efectos materiales de las tragedias. Después, para ese;
sector todo problema social vuelve a serle indiferente y, muchos;
de sus miembros, hasta participan en crueles negocios,;
especulando con los precios de los artículos de consumo básico.;


Esta vez, pueblo mío, parece que nada será distinto.