Opinión

Brito: oportunidad para el Río San Juan


A contrapelo de las opiniones hasta ahora vertidas sobre el proyecto Brito, para represar el lago Cocibolca y desviar en consecuencia el caudal superior del río San Juan, creo que la sociedad nicaragüense debería ver la más grande oportunidad para el lago, el río-Historia de Nicaragua, y el manejo de la así denominada Cuenca No.64.
El proyecto Brito está sacando a flote como nunca antes las contradicciones latentes en una sociedad usualmente desinformada y aletargada, ante la necesidad de conciliar el desarrollo y el bienestar social, sostenidos por la plataforma física que soporta el diario vivir de los nicaragüenses: su medio ambiente y sus ecosistemas.
Para mí lo más trascendente por ahora no es si los proponentes del proyecto y las autoridades que le han dado luz verde para iniciar trámites consideren que los impactos ambientales y ecológicos sean irrelevantes. Para estas instancias la gran virtud del proyecto, como se consideró ya antes en los años 70, radica en que su sola implementación sería capaz de equiparar la capacidad de generación eléctrica actual sin invertir un centavo en petróleo. Eso incluso les podría generar automáticamente créditos de carbono por emisiones evitadas de bióxido de carbono.
Obviamente el proyecto Brito es de esos pocos que en términos económicos vendría a ser “pan comido” para los inversionistas: la inversión hidroeléctrica de más bajo costo, de más corto ciclo de recuperación de capital y de la más alta rentabilidad financiera. ¡Casi un regalo de Dios hasta para cualquier inversionista!
De los muchos contras ecológicos y ambientales, ya se ha encargado ampliamente el Dr. Salvador Montenegro. Incluso los propios proyectistas ya han adelantado algunas de las previsiones de impactos ambientales más importantes, como lo expone END en su edición de 22/09/2010.
Por eso para mí lo más relevante y beneficioso del proyecto Brito es que está sirviendo de plataforma para que la sociedad nicaragüense por primera vez se tome en serio los acuciantes problemas económicos, sociales y ambientales –vale decir la “pata de gallina” del desarrollo sostenible— de este país. En este proceso se debe estar vigilantes para que las viejas prácticas de la economía tradicional, irresponsable y depredadora de los recursos naturales, no vuelva a volcar una vez más sus externalidades económicas y pasivos ambientales en función de maximizar sus utilidades, mientras se cargan los costos a la sociedad. Hay que estar atentos para prevenir una versión Siglo XXI del consabido trueque de espejitos a cambio de oro.
El proyecto Brito, que según lo publicado hasta ahora ya inició sus trámites formales para obtener su permiso ambiental (se desconoce quiénes son los consultores ambientales a cargo, aunque la ley prescribe que deben identificarse con sus generales de Ley, tanto las personas jurídicas como las personas naturales a cargo), tendrá que demostrar a través de su respectivo Estudio de Impacto Ambiental (EIA) que además de ser económicamente viable –lo cual no pongo en duda en ningún momento— también deberá serlo en términos ecológicos y ambientales.
Para eso es precisamente el Estudio de Impacto Ambiental, cuyos resultados de acuerdo con la Ley, deberán ser puestos a disposición del público mediante convocatoria en dos medios de comunicación social escritos de circulación nacional, aunque por su magnitud también debería ser objeto de una Audiencia Pública, como también lo prescribe la Ley.
Mientras se llega ese momento, para discernir sobre base concreta acerca de la viabilidad ambiental o no del proyecto Brito, creo que los nicaragüenses debemos prepararnos para responder a una pregunta fundamental y que debería ser el quid del examen del EIA: ¿para qué queremos el lago Cocibolca y el río San Juan? ¿Realmente, de manera imprescindible, necesitamos represar esos dos cuerpos de agua para generar electricidad? ¿Hemos llegado al límite en el cual no disponemos de otros recursos naturales de los cuales echar mano, sin provocar los ya preconizados graves impactos ambientales expuestos por varios expertos?
Si la matriz energética nacional fuera a colapsar por no implementar ese proyecto, sinceramente yo me apuntaría a favor de Brito. Pero si tenemos otras opciones, como la generación eólica con potencial para generar sólo en Rivas y Chontales 800 megavatios en lugar de represar el lago y poner en condición anémica el río San Juan por 240 megavatios que ofrecen los proyectistas de Brito, ¿porqué no sugerirles que mejor inviertan ese dinero en aerogeneración en lugar de hidrogeneración? Los impactos ambientales son infinitamente menores, las utilidades no son nada despreciables y el ciclo de recuperación es aún mucho más breve, con la ventaja adicional de que cada aerogenerador puede comenzar a producir electricidad en apenas unas pocas semanas. Ahí cerca está el Parque Eólico Amayo, como botón de muestra.
También está la geotermia, la cual desde inicios de los años 70, con la planta Momotombo, no ha vuelto a echar a andar una nueva planta de generación geotermoeléctrica. Ahí están San Jacinto-Tizate, Volcán El Hoyo, Chiltepe, Mombacho, sólo para mencionar algunos de los polígonos geotérmicos a la espera de inversión. Por supuesto, también están disponibles centenares de miles de hectáreas deforestadas para la generación de energía a partir de biomasa. Podemos, pues, convertirnos en una pequeña potencia energética regional sin amenazar el Cocibolca ni el río San Juan. También figuran otros grandes y numerosos medianos y pequeños proyectos hidroeléctricos relacionados principalmente con las cuencas de la vertiente del Caribe.
Dícese que rectificar es de sabios, más aun si lo hacemos con carácter preventivo. No debemos ser víctimas, por enésima vez de ese extraño síndrome, híbrido de los artilugios de Aracné –quien según la mitología griega todas las noches deshacía lo que con mucho esfuerzo había tejido durante el día-- y el Alzheimer de Macondo, cuando la enfermedad del olvido comenzó a extenderse por todo el pueblo y sus habitantes se vieron obligados a rotular todo estaba a su alcance para poder acordarse luego para qué servía cada cosa.
Que Brito concluya su Estudio de Impacto Ambiental y nos convenza de que sus virtudes y bondades habrán de superar con creces las graves y evidentes amenazas que penden sobre el Cocibolca y el río San Juan, o mejor aún, que se persuada tempranamente a los proyectistas de que desistan y ese dinero mejor lo inviertan en otros componentes de la matriz energética nacional para que no echen su dinero en saco roto. ¡Que el espejo sucio de Tiscapa, en el cual todos los días nos vemos en el centro de la Capital, nos sirva para no repetir los mismos errores de los años 80!

darwinjj@gmail.comw