Opinión

Embarajustada


Son muchos y por supuesto variados los recursos que los hablantes utilizamos para enriquecer nuestra lengua. Gran parte de las voces en el español de Nicaragua se han formado a partir de nuestro propio almacén, con dos procedimientos de gran vitalidad: la composición y la derivación que vamos a ver ahora.
Tomemos, sea por caso, el término “guaca” con una de sus acepciones muy conocida en los departamentos del país, particularmente en las zonas rurales: sitio, hoyo o cualquier otro espacio acondicionado en donde se depositan frutas verdes para madurarlas; por ejemplo: “Vamos a sacar los aguacates de la guaca”.
A su raíz “guac” le podemos agregar elementos (morfemas) al comienzo (prefijo) y al final (sufijo), como piezas de un juguete armable, para constituir otra palabra, obviamente con significado distinto como el verbo “enguacar” (en- guac-ar): poner frutas a madurar en una guaca o sitio para tal fin; por ejemplo: “Cortate los mangos más hermosos y ponelos a enguacar”. Es muy usual también el adjetivo enguacado referido a un objeto de cierto valor oculto o guardado: “Tenía enguacadas 2500 piezas arqueológicas”. (END/29/08/03)
La voz nueva puede llevar también dos prefijos: desenguacar (des-en-guac-ar): sacar las frutas de la guaca; por ejemplo: “Ya es tiempo de desenguacar los zapotes”. O con agregado en el interior, entre la raíz y el sufijo (ra) llamado interfijo, para formar un verbo (desenguaracar) con dos acepciones; la primera, empleada en sentido recto (sacar con cierto desorden la ropa y otros objetos guardados en una maleta, un armario, etc.); por ejemplo: “En la aduana, me desenguaracaron todo lo que traía en las maletas y lo dejaron regado en el piso”). En sentido figurado, se emplea con el significado de sacar a luz pública algo oculto o escondido; por ejemplo: “El grupo musical de Jinotega ‘Los Soñadores de Sarawasca’ desenguaracaron todo un borbollón de valses, polcas y mazurcas, que guardaban celosamente en su memoria. (Carlos Mejía Godoy. Y el verbo se hizo canto. Historias de mis canciones. Flor de pino. Magazine, edición 111, o1 de junio de 2008.)
Como vemos, a partir de una de las acepciones de guaca, nuestro pueblo ha formado un adjetivo (enguacado) y tres verbos: enguacar, desenguacar y desenguaracar.
Del adjetivo “liviano” se ha formado con el prefijo “a-“ el verbo “alivianar” que no es otra cosa que ayudar a alguien con un aporte económico: “… San Sebastiancito mi lindo me hacía el milagro por medio de un bróder que me alivianaba…” (Mario Urtecho: ¡Los de Diriamba!).
Lo mismo ha ocurrido con los verbos partidizar y partidarizar. Al primero se le agregó un prefijo y un sufijo sobre la base del sustantivo “partido”: “El doctor Carlos Tünnerman plantea una unidad que trascienda a los partidos y propone una agenda mínima de 10 puntos que unan a la gran alianza nacional, entre los que mencionó el fortalecimiento de la democracia y la despartidización de las instituciones públicas. (Leyla Jarquín: El Nuevo Diario, 5 de mayo de 2010). Y al segundo, del derivado “partidario”: “… desde la despartidarización en los años noventa, la Constitución y las Leyes les obligan a no ser políticos ni partidarios… (Rodolfo Pérez García, LP/09/09/08).
¿Cómo se han formado estas nuevas voces? Con prefijos y sufijos, como hemos visto.
Un nuevo vocablo, entonces, formado por derivación, puede estar constituido por una raíz más afijos, que pueden ir al comienzo o al final o en ambos lugares. Por ejemplo, al despectivo “babieco” (tonto) se le agrega el prefijo a- y se forma ababiecarse (distraer alguien su atención viendo o haciendo cosas como un tonto): “Se empeña en ababiecarse, porque gusta de pasar viendo sólo tonterías”.
De “mareo”, el hablante nicaragüense forma “almareo”, anteponiéndole el prefijo al-: ¡Ya sabés Carlos! ¡Me debés una visita a Jerez y una actuación! Su efusividad sobre el almareo que la esquivez del cuerpo chúcaro de la mujer produce en el hombre. (Maribel Cano. ¡Querida Nicaragua! La Prensa, 21 de marzo de 02).
Otro ejemplo: al centroamericanismo “bayunco” (grosero) se le agrega el prefijo a- y se forma el verbo abayuncarse (volverse grosero y descortés en el trato): “Se abayunca cada vez que se roza con los bazuqueros del barrio”.
De la voz “barranco”, que en el español general significa ´despeñadero´, el nicaragüense ha formado el verbo desbarrancar que tiene, en lenguado figurado, dos acepciones. Una se refiere a la acción de destituir a alguien cancelando la plaza generalmente por intriga: “Como no estaba de acuerdo con el comportamiento del jefe, lo desbarrancaron”. La otra acepción se refiere a la acción de quitarle a otro el amor de su novia: “Por lento, Juancho te desbarrancó”.
Con base en el nicaragüensismo “berrinche”, se ha formado con el prefijo en- el adjetivo “emberrinchado”: “Eso, al señor Barriga, lo tenía sin cuidado, ya que para sus adentros gozaba con el puñetazo liberal que Avellán le propinó a Leonel Téller, peso mosca en comparación con aquél. Así, su vocero pagaba aunque sea algo de su breve y emberrinchada rebelión contra él. (Luis Rocha. Plática de caminantes. El Nuevo Diario, 18 de octubre de 07.)
A partir del sustantivo “madre”, el hablante nicaragüense ha formado con el prefijo des- otro sustantivo con dos acepciones: “Se resbaló del barranco y se dio tremendo desmadre (caída estrepitosa)”; “Con el choque contra un árbol, el vehículo sufrió un desmadre (destrucción) total”.
Con prefijos y sufijos, se forma el verbo “desmadrar” con dos acepciones. Veamos: “!Cuidado vas a desmadrar (dañar) el celular!”; “Si no te bajás de la escalera, te vas a desmadrar (caer estrepitosamente)”.
De “brama”, un sustantivo del español general que significa ‘celo de algunos animales’, el nicaragüense ha formado con prefijos y sufijos el adjetivo “embramado” con tres acepciones. Veamos: “Ya es tiempo de cruzar la yegua con el burro, porque anda embramada (en celo); “La muchacha embramada (enamorada) fue siguiendo al novio hasta Waspán”; “El tipo embramado (poseído por el deseo sexual) espió a la muchacha en una burra de monte, pero unas avispas correcoyote le picaron en el cheto y tuvo que salir em barajustada”.
Es el habla de un pueblo o, mejor dicho, el alma de ese pueblo con sus vivencias, costumbres y modos de vida. Es la vida misma que se hace palabra y es la palabra que se hace vida en el alma del pueblo.

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