Opinión

Ni un minuto que perder


Los primeros segundos, los primeros minutos inmediatamente después de un desastre son el tiempo en que una persona o cientos de ellas se juegan la vida. En muchísimas ocasiones, las víctimas mortales de un desastre no mueren de repente por el impacto de la avalancha, el derrumbe, o cualquier otro efecto del mismo. Mueren mientras esperan la ayuda. Y para que la cuenta atrás termine con éxito, es necesario una coordinación exquisita, una preparación verdadera y un olvido de cualquier otro interés político, personal, familiar, etcétera, que no sea el de mantener con vida al mayor número de personas que se pueda.
Lo he visto acompañando como periodista a las organizaciones de ayuda humanitaria, tanto cuando se llega a tiempo, como cuando se llega tarde, y en ambos casos, la coordinación anterior ha sido clave. Por eso, los extraños movimientos que ocurrieron en SINAPRED los últimos días fueron tan preocupantes, o al menos, me parece, que debieran serlo para un gobierno que no puede permitirse una descoordinación tal ni semejante inquietud en el organismo que vela por lo que pueda ocurrir en Nicaragua. Si hay un lugar donde no caben los intereses políticos, ni personales, ni económicos, ése es el Sistema de prevención de desastres. Cuidado, mucho cuidado.
Gracias a Dios (que por eso le pusieron el nombre al Cabo), Nicaragua no ha sufrido en los últimos años tragedias de la envergadura de un Tsunami, por ejemplo. Aunque desgraciadamente, el tamaño de los desastres se cuenta por víctimas mortales muchas veces para medir su impacto. Hay muchas clases de desastres y también de medidas para los mismos. En Nicaragua, durante las últimas décadas, el impacto ha sido localizado, como si el puño de la Naturaleza, o de la fragilidad de las infraestructuras, hubiera elegido castigar un lugar específico. Así ocurrió en la vieja Managua del 72 (más de 10.000 muertos y el viejo centro aniquilado); o con las comunidades bajo el volcán Casitas en el huracán Mitch (más de 2.000 muertos). En ambos casos, las Administraciones de Somoza y de Alemán recibieron dos acusaciones idénticas: primera: haber tardado en la respuesta, o sea, dejación de responsabilidades, o sea, co-responsabilidad en la tragedia; y segunda: que algunos de los allegados al gobierno se enriquecieron a cuenta de la Ayuda Internacional (recuérdense la de los contratos de las empresas de Somoza para reconstrucción en los setenta; o la de algunos caprichos inmobiliarios de Byron Jerez tras el Mitch).
El último huracán que golpeó con fuerza a Nicaragua fue el Félix que barrió los Cayos y provocó más de un centenar de muertos. Como muchos cadáveres no se encontraron (estaban a merced del mar), a día de hoy, es difícil saber el número de víctimas y por qué sucedió así, si estaban funcionando bien las coordinaciones de alerta y refugio de la población. También hubo retrasos en la canalización de la ayuda humanitaria. Pero también es verdad que la tragedia no fue mayor precisamente por el sistema de alerta y las actividades de refugio puestas en marcha antes de que el huracán tocara tierra y se degradara a depresión tropical.
De esta historia nicaragüense de grandes desastres, entre los que habría que contar otros huracanes durante los ochenta, el aprendizaje ha sido clave. Así que no se puede entender que un organismo de la importancia del SINAPRED sufra algún tipo de problema de coordinación o de comunicación ante los medios y la población, y se haya visto envuelto en algo oscuro, tan parecido a lo que se rumorea y se vive en otras instituciones del Estado, casi todas, una lucha de egos y poderes e intereses de todo tipo. Ojalá no sea eso, porque en el momento del desastre, no hay un minuto que perder, ni se puede el Estado permitir el lujo de la duda. Esos minutos perdidos que se derivan de una falta de coordinación significan muchas vidas, o mejor dicho, muchas muertes. Y la prevención de que eso no ocurra es tarea del SINAPRED. Defensa Civil, desde donde se coordina la respuesta, no está exenta de sufrir en cualquier momento lo mismo que el SINAPRED, así que hay que tener cuidado.
Lo he visto. Conozco a un tipo que aún llora si se le menciona el nombre de una localidad que no escribiré para no atraer la mala suerte. El tipo estaba al frente de una misión internacional de ayuda en aquel lugar. Se hablaba de una crisis humanitaria que provocaría miles de muertos. El tipo se debatía en su indecisión. Al final optó por alejarse del lugar. Y el desastre ocurrió. El tipo aún hace cuentas de las decenas, cientos de personas que pudo haber ayudado a huir si no hubiera perdido tanto tiempo en decidirse. Simplemente no estaba preparado para un momento así. Dudo de que en el tiempo que le queda de vida, deje de soñar o de estarse volviendo a aquel aciago día. Unos minutos que les costó la vida a tanta gente, y a él, el resto de su tiempo perdido en ese laberinto entre el remordimiento y la injusticia.
En desastres naturales, una decisión errónea, tardía, también puede ser fatal. Así que si durante estos acontecimientos en el SINAPRED, se hubiera producido un desastre en Nicaragua (en plena estación de lluvias), habría que encomendar al país al Dios del Cabo donde los antiguos marineros sabían que las tormentas amainaban y se les devolvía la esperanza.
Se dice que el Ejército (cuyo papel fundamental es velar por la seguridad) es el que controlará en mayor medida la respuesta a Emergencias. Me parece muy mala idea. Las experiencias en que los ejércitos han llegado a coordinar acciones humanitarias no dan muy buenos resultados. Es grave lo del SINAPRED y debiera ser una prioridad dejar claro lo que ocurre y solucionarlo cuanto antes. En una emergencia, no hay tiempo para pensar a plazos muy largos, ni espacio para las dudas en saber quiénes son los que mandan y deben decir lo que hay que hacer. Nadie en su sano juicio dejaría que alguien que no es médico le hiciera una intervención quirúrgica. Así que, esté quien esté al frente del SINAPRED, debe tener la mayor experiencia posible: y la mayor es la de comprobar y saber que tu vida y la de muchos dependen de una decisión en el primer minuto después de un desastre.

franciscosancho@hotmail.com