Opinión

¿Ser o tener? La nueva realidad en la Costa Caribe de Nicaragua


En muchas ocasiones hemos escuchado que la educación es la base del desarrollo de los Pueblos; idea que era compartida por todos en la Costa Caribe de Nicaragua.
Durante mis recientes visitas a las comunidades más alejadas de la Costa Caribe y mediante entrevistas a adolescentes, jóvenes y adultos, muchas de estas de manera informal me he percatado que la esperanza en la educación como una forma de progreso y prestigio, es algo que en la Costa Caribe se perdió hace mucho tiempo.
La constante fuga de cerebros, migración interna o externa y la falta de oportunidades dentro de la comunidad y la región, está dejando a la Costa Caribe sin lo último que se supone debemos perder “ la esperanza en la educación” . Sí señores, en la Costa Caribe existe una nueva enfermedad y no es el Grisis sickness, es la pérdida generalizada de la esperanzas en la educación, en casi toda la población, pero es mucho más evidente en los y las jóvenes afrodescendientes e indígenas.
Las promesas rotas o incumplidas de los políticos, (regionales y nacionales) la falta de interés de muchas organizaciones nacionales en el desarrollo de la costa (ONG, empresa privada, etc.) o el progreso a medias, está ayudando a esta enfermedad a difundirse rápidamente y que los síntomas de esta se presenten cada vez a edades más tempranas.
La pérdida de esperanza en la educación, ha sido una oportunidad que han sabido aprovechar delincuentes nacionales e internacionales quienes a través del dinero, dan a las comunidades una falsa ilusión de esperanza y progreso. Esta enfermedad, como llamaremos a la pérdida de esperanza, ha encontrado dos remedios caseros. “El dinero rápido bien habido y el dinero rápido mal habido”.
La falta de interés e inversión en la educación en la Costa Caribe por parte del gobierno central y regional, sumado al creciente desinterés de los jóvenes y los padres de familia en la educación, hace cada vez más y más frecuente que padres, hijos y sociedad en general descarten la educación como una forma de progreso y esperanza para mejorar la calidad de vida en sus comunidades. Por lo que ya no es raro escuchar en el mejor de los casos, en las calles de ambas regiones autónomas, para qué estudiar si al final me voy a ir shipout, o en el peor de los caso para qué estudiar, si sólo tengo que ir al mar y encontrar langosta blanca y todo resuelto.
Antiguamente en las comunidades era más importante ser una persona respetada que tener esto o poseer lo otro, en la actualidad los papeles se han invertido es más importante el tener, que el ser alguien respetado y admirado en la comunidad, volviendo exitosos a los narcotraficantes al colaborar con ellos a evadir la precaria o nula justicia de nuestra región y volviéndolos en los nuevos paradigmas a seguir.
Estos antivalores se han venido esparciendo al mismo tiempo que la pérdida de la esperanza, por lo que ahora es muy común el ver a comunidades enteras pelear con el Ejército por droga, para poder así comercializarla y por unos meses crear la ilusión de progreso en la comunidad. Esta conducta que en otros tiempos no hubiera sido aceptada, por nadie de la comunidad ha encontrado inclusive una excusa religiosa cultural dentro de nuestras comunidades “ al decir que todo lo que viene del mar es un regalo de Dios” involucrando a Dios en ilícitos que son cosas de hombres.
¿Cuál sería la solución entonces? Si bien no existe una solución a corto plazo, más que la necesidad que tiene el Estado de invertir en el capital humano y potencial turístico empresarial de la Costa Caribe, existen prácticas que ya se han hecho en el pasado y podrían dar resultados en la actualidad. Por ejemplo, en los años noventa recuerdo que por la entrega de las armas de guerra el gobierno daba a los particulares dinero, productos básicos y apoyo para mejorar sus viviendas, ésta es una práctica común en países de Sur América en donde comunidades apoyan en la lucha contra el narcotráfico a cambio de beneficios a la comunidad.
Ya para finalizar es importante recordar que no se deben perder las esperanzas en la educación, tampoco debemos perder la moral y las buenas costumbres que han caracterizado a nuestras comunidades. La necesidad y el abandono histórico no son excusas para volvernos parte de la red de narcotráfico internacional, por el contrario, se hace necesario colaborar más con el ejército y la policía en la lucha en contra de este flagelo. “Demandemos de hecho lo que es nuestro por derecho” y como el ave Fénix, hagamos resurgir nuevas esperanzas en la educación como la única forma de mejorar nuestra condición económica y la de nuestra comunidad, recordando que es más importante el ser que el tener.

*Movimiento Jóvenes Estableciendo Nuevos Horizontes