Opinión

La sorpresa del ahorro de Estados Unidos


CAMBRIDGE
La tasa de ahorro de los hogares de Estados Unidos se ha triplicado en los últimos tres años. ¿Por qué? ¿Y qué significa esto para la economía estadounidense y el resto del mundo?
El rápido incremento en el ahorro ha reducido el gasto en consumo, retardando el ritmo del crecimiento del PBI en 2009 y principios de 2010. Si la tasa de ahorro sigue subiendo rápidamente, podría generar otra caída de la frágil economía de Estados Unidos. Eso implicaría menores importaciones, lo que crearía un potencial problema para los países que, para su empleo, dependen de las exportaciones a Estados Unidos.
Un mayor nivel de ahorro de los hogares deprime el consumo porque es la diferencia entre el ingreso neto después de impuestos de los hogares y lo que gastan. El ahorro puede depositarse en cuentas bancarias o ser utilizado para comprar fondos mutuos o acciones corporativas. El ahorro también puede cobrar la forma de aportes individuales a cuentas de retiro o aportes de los empleadores a planes de ahorro corporativos. Reducir deudas de las tarjetas de crédito o hipotecas también cuenta como ahorro -no así los incrementos en el valor de los activos existentes como acciones o bienes raíces, aunque estos aumenten el valor de la riqueza de los hogares.
En cualquier año, algunos hogares son ahorradores y otros, especialmente los jubilados, son desahorradores que usan los ahorros pasados para financiar el consumo actual. La tasa de ahorro neta de los hogares del país es la diferencia entre el ahorro de los ahorradores y el desahorro de los desahorradores.
El reciente aumento de la tasa de ahorro de los hogares de Estados Unidos revirtió una caída de largo plazo que comenzó hace 25 años. Antes, entre 1960 y 1985, los hogares norteamericanos ahorraban un promedio del 9% de sus ingresos netos después de impuestos. La tasa de ahorro en cada uno de esos 25 años fue entre 7% y 11%.
Sin embargo, después de 1985, una variedad de cambios hicieron que el ahorro decayera hasta alcanzar menos del 2% en 2007. Una de las razones fue que los individuos se volvieron más ricos gracias a los mercados bursátiles en alza y a los precios más elevados de las viviendas. Esto redujo su necesidad de ahorrar para su retiro y les permitió a los jubilados desahorrar más. El cambio general de planes de pensión de beneficios definidos a planes de aportes definidos implicó que los empleados sintieran el efecto de los crecientes precios de las acciones directamente en sus propias cuentas personales.
Es más, la mayor disponibilidad de tarjetas de crédito les dio a los norteamericanos una mayor capacidad de desahorro: compraban bienes y servicios en el momento y los pagaban después. Las hipotecas empezaron a estar al alcance de más personas. Los crecientes precios inmobiliarios también permitieron a los propietarios refinanciar sus hipotecas, obteniendo efectivo adicional para gastar en otras cosas. Las líneas de crédito garantizadas con el valor residual de la vivienda ofrecían otra manera nueva de financiar el gasto.
Todo esto cambió abruptamente cuando la economía estadounidense se hundió en una profunda recesión a fines de 2007. El mercado accionario cayó estrepitosamente. Los precios de las viviendas decayeron 40%, eliminando por completo el patrimonio de una tercera parte de todos los propietarios con hipotecas. La riqueza de los hogares hoy es 10 billones de dólares menos que antes de que comenzara la recesión.
Esa caída en la riqueza significa que los hogares deben ahorrar más de cara al retiro, y que los jubilados no están en condiciones de desahorrar tanto como antes. Las compañías de tarjetas de crédito y los bancos se han vuelto mucho más cautelosos respecto del otorgamiento de créditos. Y, con el desempleo en niveles tenazmente altos, muchos hogares ahorran para tener efectivo adicional en caso de perder el empleo o de verse obligados a reducir las horas de trabajo.
No hay manera de predecir qué pasará de ahora en más con la tasa de ahorro. La necesidad de los hogares de reconstruir la riqueza, y la falta de acceso al crédito, implica que la tasa de ahorro sigue subiendo del 6,4% registrado en junio (el mes más reciente del que se tengan datos) al 9% que Estados Unidos promedió en las décadas anteriores a 1985. Si eso sucediera rápidamente, el gasto total podría declinar, empujando a la economía a una recesión de doble caída. Pero si los hogares, en cambio, se volvieran optimistas respecto del ritmo de la recuperación, podrían optar por reducir su ahorro para mantener el consumo, a pesar de las ganancias magras. Sólo el tiempo lo dirá.
El ahorro de los hogares es sólo una parte del ahorro nacional neto. Dado que el ingreso personal neto después de impuestos representa aproximadamente el 75% del PBI, una tasa de ahorro de los hogares del 6% se traduce en apenas 4,5% del PBI. Las ganancias retenidas por las empresas han promediado alrededor del 3% del PBI una vez aplicada una depreciación de plantas y equipos existentes. La combinación de ahorro de los hogares y las empresas lleva el total del ahorro privado al 7,5% del PBI. Desafortunadamente, se proyecta que el endeudamiento del gobierno para financiar su déficit en lo que resta de esta década absorberá aproximadamente el 5% del PBI. Eso dejaría una tasa de ahorro neta nacional de apenas el 2,5% del PBI.
Una tasa de ahorro nacional tan baja no bastaría para financiar el nivel de nuevas inversiones en plantas, equipos y vivienda que el país necesita. De manera que, a pesar del aumento de la tasa de ahorro de los hogares, a menos que las políticas del gobierno federal cambien para achicar los futuros déficits presupuestarios de Estados Unidos, el país seguirá dependiendo de los flujos de capital provenientes del resto del mundo. Si eso sucede, los desequilibrios globales seguirán sumando riesgo a la economía global.
Martin Feldstein, profesor de Economía en Harvard, presidió el Consejo de Asesores Económicos del presidente Ronald Reagan y el Comité de la Oficina Nacional para la Investigación Económica.

Copyright: Project Syndicate, 2010.
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