Opinión

¿La China de los salarios bajos está desapareciendo?


BEIJING
Últimamente abundan los informes sobre escasez de mano de obra, disputas salariales y aumentos de sueldo para los trabajadores migrantes en China. Naturalmente, estos informes generaron temores, o expectativas, de que las ventajas de los costos de mano de obra de China pueden estar desapareciendo.
Yo albergo la esperanza de que la ventaja comparativa de China como un productor con salarios bajos efectivamente desaparezca –y cuanto antes, mejor-. ¿Por qué, como economista chino, debería anhelar que la competitividad de China se reduzca a través de crecientes costos laborales? Después de todo, cuando un país todavía carece de ventajas reales, como una mayor educación, mercados y empresas eficientes y una capacidad de innovación, necesita algo, como los salarios bajos, para mantener el crecimiento.
Si bien la mano de obra barata ha sido un factor clave en la generación de un elevado crecimiento en las últimas tres décadas, también ha contribuido a profundas disparidades de ingresos, especialmente en los últimos años. Y la creciente y persistente desigualdad tal vez dé lugar a crisis sociales que podrían interrumpir el crecimiento y afectar la competitividad. China debe evitar un escenario de este tipo, y si los salarios pudieran aumentar de alguna manera significativa, indicaría que la economía finalmente podría pasar a la próxima etapa de desarrollo, durante la cual se achicarían las disparidades de ingresos.
Desafortunadamente, China todavía no ha llegado a ese punto –y no lo hará en un futuro inmediato-. La agricultura sigue siendo la principal fuente de ingresos para más del 30% de la fuerza laboral de China, comparado con menos del 2% en Estados Unidos o el 6% en Corea del Sur. Otro 30% de la fuerza laboral comprende a los trabajadores migrantes, que han duplicado sus ingresos al pasar de la agricultura al sector industrial y al de servicios.
Aunque los trabajadores migrantes ganan sólo unos 1.500 dólares por año en promedio, la brecha de ingresos entre ellos y los trabajadores agrícolas ofrece un fuerte incentivo para que estos últimos intenten encontrar empleos no agrícolas mejor pagos. Naturalmente, esta competencia en el mercado laboral deprime los salarios no agrícolas: mientras que la productividad laboral en los sectores no agrícolas aumentó 10-12% anualmente en los últimos 15 años, los salarios reales de los trabajadores migrantes sólo aumentaron 4-6% por año. En consecuencia, la disparidad de ingresos entre la mano de obra barata, por un lado, y los profesionales e inversores, por otro, también ha aumentado.
Todo esto significa que el proceso de industrialización en China todavía tiene un largo camino por delante. Para reducir la mano de otra agrícola al 10% de la fuerza laboral (el punto en el cual, a juzgar por la experiencia histórica en otras partes, China puede alcanzar un equilibrio salarial entre agricultores y trabajadores), la economía tiene que crear unos 150 millones de empleos nuevos no agrícolas.
Aún si la economía sigue creciendo al 8% anual, China podría necesitar 20-30 años para reubicar a los trabajadores agrícolas y llegar al “pleno empleo”. Pero esto requiere generar ocho millones de nuevos empleos cada año, inclusive cinco millones para agricultores que abandonan las zonas rurales.
Durante este largo proceso de industrialización, los salarios aumentarán gradualmente, pero es muy poco probable que crezcan a la misma tasa que la productividad laboral. Estas son malas noticias para la reducción de la desigualdad de ingresos, ya que las ganancias de capital y los salarios más altos pueden aumentar mucho más rápido. Pero deberían ser buenas noticias para la competitividad, porque los salarios chinos seguirán siendo relativamente bajos en términos de “eficiencia salarial”.
De hecho, los aumentos salariales de los últimos años no han cambiado la estructura básica de costos de las empresas chinas. Un análisis de Goldman Sachs demuestra que, a pesar de incrementos salariales reales, el porcentaje de los costos de mano de obra en los costos de producción totales es inferior que en 2001 –una tendencia que continuaba en el primer semestre de 2010.
Para impedir una tensión social importante, el gobierno de China (en varios niveles) ha comenzado a intervenir aplicando salarios mínimos más altos, además de invertir en una red de seguridad social para los pobres. En algunas provincias, los salarios mínimos han aumentado más del 30%. Pero el salario mínimo normalmente es mucho más bajo que el salario efectivo, y en consecuencia no ha cambiado la relación fundamental entre salarios y productividad de mano de obra.
No obstante, los aumentos artificiales de los salarios que se aplican mediante políticas gubernamentales podrían retardar el proceso de reubicación de la mano de obra y hacer que parte de la “mano de obra excedente” se vuelva permanente. Las disparidades de ingresos no se alterarán de manera esencial hasta que el salario de equilibrio de mercado suba lo suficiente como para crear una demanda laboral en niveles salariales decentes.
¿Las empresas, tanto multinacionales como chinas, se marcharán hacia Vietnam, Bangladesh o Mozambique? Tal vez. Pero eso sólo sucederá si los salarios de los otros países son relativamente más eficientes (es decir, si la productividad allí es superior que en China) y no sólo porque los salarios nominales chinos aumenten. Por ahora, sin embargo, este no parece ser el caso en general.
La evidencia de que la eficiencia salarial de China sigue siendo alta en relación con otros países en desarrollo se ve reflejada en el crecimiento continuo de los flujos de inversión extranjera directa en los últimos 12 meses, a pesar de los incrementos salariales. En julio, por ejemplo, la inversión extranjera directa aumentó el 29,2% al año, mucho más que el promedio global. Pueden existir muchos factores detrás del buen desempeño de la inversión extranjera directa de China, pero no significa que el incremento salarial nominal en sí mismo no pueda reducir las ganancias de capital que más preocupan a los inversores.
En cualquier caso, la historia salarial china es mucho más complicada de lo que podría parecer. Los salarios nominales pueden aumentar, mientras que los salarios reales se estancan, debido a una mayor inflación. Incluso si los salarios reales aumentan en algunas ciudades costeras, la “mano de obra excedente” podría mantener el promedio nacional pinchado. Por otro lado, un incremento salarial real a nivel nacional no minará la competitividad si la productividad laboral crece aún más rápido.
De modo que la conclusión parece ser que el crecimiento salarial no amenazará la competitividad de China en los próximos 10 o incluso 20 años. Dado que China no completará el proceso de traspaso de los trabajadores de la agricultura a sectores económicos más modernos en el corto plazo, debería seguir siendo una economía costo-competitiva en el futuro previsible.
Fan Gang es profesor de Economía en la Universidad de Beijing y en la Academia de Ciencias Sociales de China, director del Instituto Nacional de Investigación Económica de China, secretario general de la China Reform Foundation y ex integrante del Comité de Política Monetaria del Banco Popular de China.

Copyright: Project Syndicate, 2010.
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