Opinión

Escritura y Tradición


La homosexualidad, como problema ético y pastoral, ha de entenderse y valorarse adecuadamente partiendo en el contexto histórico, antropológico y teológico. Durante mucho tiempo han sido los homosexuales víctimas no sólo de malentendidos, sino también de silencio y abandono.
La soledad y la discriminación de que son objeto los homosexuales pueden atribuirse en no pequeñas partes a la actitud mantenida por la Iglesia. Las razones de esta actitud están profundamente enraizadas en la tradición judeo-cristiana, la Biblia.

a) Escritura
No cabe duda de que el Antiguo Testamento condena las prácticas homosexuales con la máxima severidad. Pero no es posible valorar esta condena y la severidad de aquellos castigos si hacemos abstracción del trasfondo histórico que le dio origen.
Limitarse a algunos versículos de la Biblia fuera de su contexto histórico y aplicarlos alegremente hoy a los homosexuales no es hacer justicia ni a la Biblia ni a unas personas que ya han tenido que sufrir demasiado a causa de este travestismo de la interpretación bíblica. “No te acostarás con ninguna personas del mismo sexo, porque es abominación” [Levítico 18, 22]. “Si un varón se acuesta con otro varón como una mujer con otra mujer, ambos han cometido una abominación; serán condenados a muerte y su sangre caerá sobre ellos”.
No podría ser más explícita la prohibición de la actividad homosexual entre varones, que se juzga crimen merecedor de la muerte. “No harás como hicieron ellos en tierra de Egipto, donde viviste, ni harás como hacen ellos en la tierra de Canaán, en la que yo te introduciré. No seguirás sus caminos” [Levíticos 18,3] “Guardad, pues, mi mandato de que nunca practiquen ninguna de esas abominable costumbres que fueron practicadas antes de ustedes, y nunca se manche con ellos. Yo el Señor tu Dios lo he dicho.” [Lev 18,30].
El tema fundamental del código levítico de santidad es “No se manchen ”, no se hagan impuros. Su enfoque no es ético, sino ritual. Incluso el adulterio se prohíbe por motivos de pureza ritual [Lev 18,20].
Muchas prácticas y costumbres rituales estaban prohibidas en Israel simplemente por considerar que pertenecían específicamente a cultos extranjeros. En un mundo en que el culto penetraba todos los aspectos de la vida, esta prohibición se refería no sólo a la apostasía, sino además a cualquier otra cosa remotamente relacionada con ella. Durante el período de la monarquía se menciona la presencia en Israel de varones que platicaban el trato carnal con sentido ritual. (1 Re 14,22-24; 15,12-14; 22,47; 2 Re 23,7).

b) Tradición
No es necesario pasar ahora en detalle a la tradición cristiana pos-bíblica en lo referente a la homosexualidad y sus rasgos esenciales. Los Padres de la Iglesia denuncian unánimemente el comportamiento homosexual, sin duda con buenas razones en el caso de los recién convertidos al cristianismo que venían de un ambiente pagano disoluto. Puede servir de modelo la siguiente cita de las Confesiones de San Agustín:
“Estos vergonzosos actos contra natura como los que se cometía en Sodoma, han de ser siempre y en todas partes detestados y castigados. Si todas las naciones hicieran tales cosas, habrían de ser por igual declaradas culpables del mismo crimen por la ley de Dios”.
Santo Tomás de Aquino adopta una postura típica de la tradición católica con respecto al comportamiento homosexual. Si bien cita la enseñanza bíblica, acentúan sobre todo el razonamiento teológico en lo referente a la ley natural. Santo Tomás trata el tema de los actos homosexuales en relación contra los pecados de la templanza, especialmente la lujuria.
Los actos homosexuales son intrínsecamente malos y siempre prohibidos.Cuando hay esperanzas de cambiar la orientación homosexual se supone que éste es el curso a seguir. Cuando tal cambio no es posible, se aconseja al homosexual que mediante la oración, los sacramentos, la dirección espiritual, la autodisciplina y la formación correcta en valores.
“La moralidad objetiva de los actos sexuales se basa en la doctrina de la Iglesia Católica acerca del matrimonio cristiano: la expresión sexual genital entre un hombre y una mujer debe producirse dentro del matrimonio. Independientemente de las intenciones del hombre y de la mujer, la relación carnal tiene un doble significado. Es un acto de unión con la persona y conduce a la procreación, es amor fecundo.